UNA TEORÍA POÉTICA DE LA EXISTENCIA

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Josep Anton Solvevila

El mur de Planck

Premio Octubre de Poesía

Poesia 3 i 4, Valencia, 2013, 48 págs.

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por Anna Rossell Ibern

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Dividido en tres partes –Fin de trayecto[1], de quince poemas más uno introductorio, no numerado; Estación de salida, de catorce, e In itinere, de tres-, Josep Anton Soldevila (Barcelona, 1949) compone un compendio de filosofía, a partir de una profunda mirada introspectiva.

Como dan a entender los intertítulos, se trata de un viaje metafórico, que hace el sujeto poético -el camino de la vida- desde que forma parte del universo como ser vivo y de la misma reflexión que sobre la vida emprende la voz poética en el poemario.

Haciéndose eco de El caminant i el mur (El caminante y el muro), de Salvador Espriu, Soldevila emprende una meditación que es, como escribía aquél, el viaje del «poeta, huésped inexperto de la vida, siempre en exilio a lo largo del tiempo difunto». Porque una de las constantes de la poesía de Soldevila es el exilio, el éxodo, la frontera, el poeta es un viandante por tierra inhóspita, yerma, un caminante, el horizonte es un no- horizonte -el muro-, aquél que para el poeta de la Pell de brau (La piel de toro) era la muerte y la incomunicación. De modo similar a Espriu, Soldevila, que además quiere añadir con el título de El muro de Planck una connotación científica a su escritura, toma el muro como metáfora del final de la existencia o como una imposibilidad de ir más allá, inherente a la vida misma, lo que la conforma de manera dialéctica.

El poemario es la culminación de una trilogía compuesta por El libro de los adioses (La Busca), Desde el desierto (In-VERSO) y El muro de Planck (3i4), un itinerario reflexivo hacia el interior, que el poeta aborda a partir de una dolorosa y traumática experiencia. El resultado es una visión ácida, poco esperanzadora de la existencia humana.

El primer poema de El muro de Planck , de carácter introductorio, en el que la voz poética parece debatir con Dios sobre la creación del Universo, nos da la pauta de lo que nos espera: » Dices / que en el principio era el silencio. / y yo, / que en el principio, / a este lado del muro, / las horas sueñan que el tiempo retrocede / y se sienta a esperarte. / / […] // en los ojos abismados hacia al inicio / las carreteras son selvas domadas, / cebos que guían al Paraíso. // Pasé por allí una vez, / camino de Barcelona». El muro separa a Dios de su supuesta criatura, que da cuenta de que el Paraíso es un cebo y que ella misma no es sino un «parpadeo de luz», una existencia efímera, una más del universo. Esta tónica de negación metafísica y de desesperanza domina el poemario -y el periplo del caminante-, que sólo se rompe escasas veces por el espejismo de una felicidad efímera no desprovista de dolor: «No hay llanto ni espina / que no cante la frágil belleza / del instante feliz» (9).

Se desprende del poemario una concepción mecanicista de la existencia, que se refleja en el estilo analítico, a menudo de aseverativa contundencia, de los poemas, que juega con las teorías físicas del relativismo determinista y la cuántica aleatoria de lo que la física teórica conoce con el nombre de Muro de Planck. El trasfondo filosófico sobre el condicionamiento determinista o la probabilidad inexplicable de la actuación humana acompaña constantemente el pensamiento del sujeto poético, que se ve a sí mismo, a veces con la distancia del humor, como un fruto equivocado de la robótica: Vine al mundo con tres giroscopios / de serie. / Uno en la cabeza, el otro en el corazón y el otro en el sexo. / […] //. Era evidente que habría / problemas de coordinación» (6). Esta idea del ser humano como producto errado de la creación se ve reforzada a menudo a lo largo del itinerario poético; haciendo un símil entre la (suprema) fuerza creadora y un magistrado de la justicia leemos: Un juez borracho me condenó:/ A sentir y no saber. / A saber y no sentir » (17).

Como cualquier otro ser de la creación, el humano parece moverse por mecanismos automáticos: Los árboles dicen que sí / a preguntas que nunca les harán. // Es el viento; […]. // También yo he dicho que sí / en la refriega de la tormenta, / y no sabía / cuál era la pregunta» (1). La criatura humana responde maquinalmente a los estímulos, la libertad es una quimera: Sé […] / Que me moveré hacia la chispa / aún ignorando si es de estrella o de fósforo» (6). El funcionamiento del alma y de las emociones son equiparados al de la micromateria: «Como la vibración de los átomos / se hace materia, / el movimiento del alma / se convierte en sentimientos / y  acciones en el hombre» (3). O bien: “Soy una arruga del tiempo, / el capricho de un átomo», pero, salvaguardando con humor la propia dignidad, el poeta concluye: «Pero sin mí no hay Universo» (14).

Sobre la base de esta convicción no hay esperanza, o, si la hay, está oculta: “No hay horizonte, sólo pared / urdida por el invierno. […] // Pareceríamos condenados […] // A caer en el engaño / de esta profunda nieve / que oculta las flores» (7). La voz poética se ve a sí misma como el camino, pero un camino accidental, un episodio: «Soy una desviación / de la carretera, / un camino secundario» (15). El sujeto poético es un eterno exiliado, está fuera de lugar -«Y yo, que ocupo un lugar que nunca será mío, […]»- (25), es un Sísifo condenado a un peregrinaje absurdo: «[ . ..] camino / por las horas que me quedan / sin llegar nunca. // Soy mi propia distancia» (20).

El yo poético se siente arrojado al mundo, desubicado, sin claves para entender la vida, cuando escribe con ironía: «Adiviné la vida / en la mirada negra de los años, […] // fotografié  / los planos, robé / los documentos. // los descifraré / una de estas eternidades» (18). Vive en un estado de angustia existencial constante por la amenaza de los peligros que no comprende, y la tensión que le provoca el deseo de claridad y orientación es el único sentido: «Muero entre los dientes del tiempo; / apenas nacido el sentimiento / ya he de defenderlo del marfil. // […] Trato de hacerle reír, / porque mientras río no me hace añicos / y puedo ver más allá de la oscuridad. // […] // Llegar no con el pensamiento sino con los dedos:/ he aquí el motivo de esta ardiente prórroga» (26). Como único dato orientativo, aprendizaje de la experiencia dolorosa, se manifiesta la propia fragilidad y la seguridad de la aspereza y el sufrimiento de la travesía, de la que el sujeto poético adquiere conciencia en el ecuador de su itinerario vital: «A medio camino supe / que íbamos a la guerra. / Yo llevaba espada de algodón / y flechas de arcilla. // […]» (11) .

Si bien la mayoría de los poemas son autoreflexivos, exclusivamente introspectivos, ocasionalmente la voz invoca un «tú», aquel otro, compañero de itinerario, que da algún sentido: el deseo de conocimiento del otro como aspiración: «[…] / Desenterrar el alma que te nombra, / eso únicamente. […]» (27), o bien: “[…]. / Sucio de pasado, / me gusta / que otros, empapados como yo, / se sienten cerca de mí» (30).

La palabra, como metonimia para referirse al lenguaje, a la comunicación, es uno de los puntales de reflexión para el poeta, un eje en torno al cual algo podría cobrar significado: «¿En qué creemos?, decías. / En la vida y en el juego, / en la palabra y la verdad. / […]» (22), y a pesar del escepticismo de la voz poética, que pone en duda su utilidad como herramienta de comunicación: » Quizás al después de todo, / no eres la palabra que digo, […]» (12), claramente se presenta como la tabla de salvación del yo poético, que cierra el poemario así: […], naufrago dentro de mí / si no fuera por las letras / que conmigo sobrenadan. // […], sé que nada me salvará de la tormenta; / llueve dentro del cráneo y no tengo paraguas” (32).

Además de la mencionada trilogía, Josep Anton Soldevila, escritor bilingüe, ha publicado también los poemarios La Frontera de Cristal (1977), Les paraules que no has après a dir (Las palabras que no has aprendido a pronunciar ) (1985), Un vast naufragi de somnis (Un vasto naufragio de sueños) (1989), Cendres blanques (Cenizas blancas) (1991), Últim refugi (Último refugio) (2002), la antología Poesia Recollida 1985-2000 (Compendio de Poesía 1985-2000), la novela El Nudo (2001) y el libro de cuentos No serà tan fàcil (No será tan fácil) (2009).

El muro de Planck ha sido merecedor este año del Premio Octubre de Poesía .

© Anna Rossell


[1] La traducción de los títulos y citas de los libros es mía (N. d. A.)

Las culturas fracasadas. El talento y la estupidez de las sociedades. (José Antonio Marina)

Las culturas fracasadas

Las culturas fracasadas

Nos encontramos ante un libro curioso del filósofo y divulgador José Antonio Marina, más cercano en este libro al divulgador que al filósofo, más al conferenciante que al estudioso, más al telepredicador que al catedrático.

El libro, que habla sobre el origen y aplicación de conceptos como la inteligencia social, y la necesidad ineludible de la sociedad para conformar la inteligencia individual, se desliza de cuando en vez hacia intentos efectistas de captar la atención del lector o de disolver, diluir quizás, la parte más amarga de su núcleo: el hecho de que las culturas pueden ser fracasadas, las civilizaciones pueden ser fracasadas, y la realidad palpable de que no son todas las culturas iguales ni puede pretenderse tal cosa.

La igualdad, por tanto, es un deseo, o quizás un final escatológico, pero nunca una realidad de base, y menos aún cuando se habla de sociedades, conjuntos e inteligencias colectivas. Los deseos humanos, y los conflictos de ellos derivados, originas una serie de problemas de orden genérico y universal que Marina describe a la perfección:

1) el valor de la vida.

2) la producción y posesión de bienes.

3) la participación en el poder

4) la relación individuo-comunidad

5) la resolución de conflictos

6) la sexualidad y la familia

7) el cuidado de los débiles

8) el trato con los extranjeros

9) la relación con el más allá.

Dependiendo del tipo de respuesta que se dé a estos problemas estaremos en una cultura u otra, cada cual con su mecánica y su propia eficiencia.

Con este punto de partida, el libro se inclina poco a poco hacia la construcción de una ética hasta que, finalmente, no sabemos muy bien lo que cuenta ni lo que el autor pretende.

Como Marina siempre es un tipo al que vale la pena leer, culpe al crítico quien recurre estas líneas y quédese tan ancho.

NAZISMO CON PIEL DE DEMOCRACIA

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Friedrich Christian Delius, Mi año de asesino
Traducción de Lidia Álvarez Grifoll,
Sajalín Editores, Barcelona, 2013, 330 págs.

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No defrauda esta novela del autor alemán Friedrich Christian Delius (Roma, 1943) –galardonado en 2011 con el prestigioso premio Georg Büchner-, la última traducción de este escritor, a quien sigue de cerca el sello editorial Sajalín, que también ha publicado «El paseo de Rostock a Siracusa» (2010) y «Retrato de la madre de joven» (2011). Como las anteriores, también ésta aborda un tema histórico que, más allá del interés que suscita su glosa, trasciende el marco concreto de los acontecimientos narrados y plantea cuestiones universales fundamentales.

Delius sabe bien de lo que habla: publicada en alemania en 2004, «Mi año de asesino» es una novela de impronta autobiográfica, que narra los sucesos en torno al grupo “Unión Europea”, en el que se constituyeron un puñado de resistentes contra Hitler, cuyos nombres más conocidos fueron Robert Havemann, Paul Rentsch, Herbert Richter y Georg Groscurth con la idea de combatir el totalitarismo en Europa a favor de la verdadera democracia. Consecuentes con su ideal, sus componentes arriesgaron su vida ayudando a perseguidos en los terribles años del nazismo.

El eje central de la acción se sitúa en 1968, cuando se da a conocer la noticia real de la absolución de R. (Hans-Joachim Rehse), un ex juez nazi responsable de doscientas treinta condenas a muerte, entre ellas la del padre de un amigo de infancia de Delius, Georg Groscurth, guillotinado en 1944. De la mano de un personaje ficticio con quien el autor empatiza -un joven estudiante de filosofía de su propia generación, que indignado por la noticia se propone asesinar al liberado y escribir un libro que será su confesión-, Delius desvela pormenorizadamente los entresijos de la guerra fría y el calvario que habrá de soportar la viuda, Anneliese Groscurth, quien, terminada la guerra, se ha propuesto reparar la memoria de su marido. Si bien el grueso de la novela focaliza con mayor intensidad la época de la posguerra inmediata hasta los años setenta, la narración imbrica, en retrospectiva y avanzando, tres momentos temporales: de la posguerra en adelante, los años de nazismo y resistencia, y el presente desde el que narra el protagonista.

La verdadera heroína de la novela es Anneliese Groscurth, que por su honradez, su humanidad, su valentía, su consecuencia y su perseverancia merece la simpatía del autor. Ella, que, como su marido, actuó contra el nazismo no por razones políticas sino por principios humanitarios; ella, que sigue fiel a los mismos principios, se encuentra después de la guerra tan fuera de lugar como durante los años del nacionalsocialismo. Su historia de larga resistencia en la posguerra pone de relieve que el fin de la contienda bélica no supuso el comienzo de la democracia en el oeste -defender los valores del humanismo democrático y actuar según ellos suponía en aquellos años ser acusada de comunista y de poner en peligro la convivencia constitucional- ni la justicia igualitaria en el este, y que quien no hiciera el juego al discurso de uno u otro lado quedaba fuera del mundo y sin lugar. Pero la narración de Delius incide sobre todo en la República Federal Alemana y no tanto en la República Democrática. El estudio histórico de Delius nos recuerda hasta qué punto en alemania occidental altos cargos nazis, muchos, siguieron en sus puestos y hasta prosperaron, sobre todo en el ámbito de la aplicación del derecho, y que no es lo mismo aplicar el derecho vigente que administrar justicia. Por ello mismo el libro plantea también la cuestión fundamental de si es lícito condenar a alguien que aplica la ley, incluso cuando ésta vulnera los derechos humanos.

Delius, que se documentó con entrevistas y estudió a fondo las actas de los procesos en los que se vio envuelta Anneliese Groscurth, rehúye las ideologías y las tomas de partido interesadas, no elude temas espinosos que en su país aún levantan ampollas y le han valido críticas negativas ajenas a criterios literarios, como la caracterización del carismático Robert Havemann o la de la generación del 68 a la que él mismo pertenece, pero lo hace sin ira, sopesando sus afirmaciones y sólo en la medida en que el contexto lo requiere.

Sin duda una novela muy recomendable, tanto para amantes de la historia como de la literatura.

Anna Rossell

La escuela del aburrimiento (Luigi Amara)

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En un momento como el presente, lleno de cierres y claudicaciones, es un placer encontrarse con proyectos como el del sello Sexto Piso, que publica libros dirigidos a un público quizás minoritario, pero siempre exigente.

En esta ocasión, y casi por casualidad, ha caído en mis manos LA ESCUELA DEL ABURRIMIENTO, de Luigi Amara.

Se trata de un ensayo sobre el aburrimiento a lo largo de la historia de la literatura, aunque también aborda memorables ejemplos del aburrimiento como fuente inspiración en la filosofía y la música. El autor, para conocer más de cerca el tema a tratar, se encerró durante cuarenta días en una habitación con sólo unos pocos libros y nos describió después su lucha, titánica, contra el peor monstruo de nuestra época: la falta de cosas que hacer, el deseo de que la vida sea de otro modo, y la falta de satisfacción con lo que encontramos a nuestro alrededor y dentro de nosotros mismos:_ o sea, con el aburrimiento, el spleen, la acedia, y todos sus matizados seudónimos.¡, perfectamente explicados y diferenciados a lo largo de la obra.

Escrito con un estilo vigoroso, y sobre todo contundente, este libro no se detiene en justificaciones ni autocomplacencias y señala a nuestra propia incapacidad mental para reconocernos, o en nuestro miedo a buscarnos, la causa última del aburrimiento, y como éste conduce a la prisa el ruido y el ajetreo, en un vano intento de no tener tiempo para pensar y ser consciente del paso del tiempo.

Como dice en algún lugar de sus casi trescientas páginas, la gente mata el tiempo como si no dañara con ello la Eternidad.

Al final, tenemos un ensayo perfectamente ameno en el que somos nosotros los que no nos aburrimos ni un momento, mientras recorremos los modos en que se dejaban pasar las horas en otras épocas y cómo se fue perdiendo el placer de la contemplación para sustituirlo pro las necesidades de una nueva criatura, una especie de Cyborg, que necesita estar enchufado a su parte eléctrica para no sentirse mutilado.

La conclusión histórica, sacada de las páginas dle ensayo, se la dejamos a Soren Kirkegard:

«Adán se aburría solo. Luego Adán y Eva se aburrieron juntos. Más tarde, Adán, Eva, Caín, y Abel se aburrieron en familia. En los tiempos modernos, lo pueblos se aburren en masa »

¿Desolador?

Depende. A mí me encantó.

Javier Pérez

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El Golem (Gustav Meyrink). Literatura alemana de ambiente checo

El Golem, de Gustav Meyrink

Una de las grandes novelas del género, obra de un autor checo que escribe a medio camino entre el terror, la metafísica, la filosofía y el costumbrismo de lo marginal en la Praga judía del siglo XIX. El resultado parece un poco confuso, pero si se acerca uno a este libro con espíritu abierto se convierte en una obra inolvidable en la que siempore se puede encontrar un nuevo punto de vistano observado antes.

 

Me siento raro después de leer este libro. En parte porqué he estado renegando de él durante buena parte de su lectura., creyendo que estaba perdiendo el tiempo. Ahora que lo he finalizado, creo que no es un gran libro, pero tiene algo extraño, algo turbio, algo de mágico que me hace replantear esta valoración inicial.

 

Parte de esta culpa es debido a la pésima contraportada de la edición que he leído donde te propone una novela de terror que se basa en los mitos judíos sobre la creación de un hombre de barro en la praga de comienzos del siglo XX. Esto es falso: la novela es más sugerente que eso, más metafísica y espiritual que una serie de aventuras con un hombre de barro que recorre las calles de Praga (cosa que no sucede en ningún momento). Nos hallamos ante una novela que te estimula, que te da ideas, que te sugiere pero que deja el resto para tu imaginación.

 

Me gusta el lenguaje que utiliza el autor pero no su capacidad organizativa: la novela es un caos donde se mezclan desde discusiones de alto nivel sobre filosofía hasta tramas amorosas que solo hacen que lastrar la comprensión de esta. La obra es confusa y desestructurada, a menudo no sabes exáctamente qué está pasando, pero pese a ello… sigues leyendo.

 

Meyrink se saca personajes de la manga de sopetón, sin ser presentados, sin que sepas de donde han salido y a menudo son personajes que no aportan nada especial a la novela, trata temas dispersos y no se centra en los aspectos importantes. Pero pese a ello, notas que alguna cosa importante se te escapa…

 

Hay que decir, pero, que la obra está avanzada a su tiempo, con ideas innovadoras pero mal ubicadas, con pasajes magníficos pero que desembocan en confusión. Y también hay que añadir que me he encontrado con la sorpresa de que «El Golem» es una obra abierta, una obra que da pie a comentarios halagosos y a críticas despiadadas, una obra que no te deja indiferente pero que tampoco te llena, precisamente por la confusión y por la caótica propuesta argumental: Un hombre sin memoria pasada se ve afectado por una serie de fenómenos de carácter paranormal en el barrio judío de Praga, mientras otros sucesos muchos más físicos le van complicando la vida por momentos.

 

Se que es una presentación muy pobre, pero descifrar el argumento principal no es tan facil… hay que quedarse solo con la idea. Y la idea es el Golem como metáfora, no como monstruo físico.

 

Seguro que habría que leerla otra vez parta entender todo lo que nos propone el autor, quizás algun dia lo haré… por el momento necesito más tiempo para digerirla porqué puede que la próxima vez que lea esta obra, la acabe metiendo en lo más hondo de una oscura estantería donde quede olvidada… o la coloque en un sitio de honor entre mis libros preferidos.
Por lo pronto, y como lo gótico está más en la ambientación que en la historia en sí, me parece imprescindible para quien guste de frecuentar estos ambientes, tan querido a los románticos oscuros.

 

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