Una novela épica de fantasía romántica, llena de mitos, pasión y hazañas, fue la primera obra publicada del escritor británico Joy Chant. El relato estaba destinado a lectores jóvenes –los personajes principales son chicos ingleses de clase media, Oliver, Penelope y Nicholas, que se ven transportados mágicamente a una tierra extraña–, pero, como ocurrió con los libros de Alan Garner y Ursula Le Guin, Luna roja, montaña negra (Red Moon and Black Mountain: The End of the House of Kendreth) ha sido también ampliamente disfrutada por los adultos. Oliver, el mayor de los chicos, aprende a aceptar responsabilidades maduras y se convierte prácticamente en un héroe adulto en el curso del relato (hasta le crece un bigote). Hay exuberantes descripciones topográficas, y las sociedades imaginarias presen-tadas en la novela son complejas y convincentes. A lo largo de toda la obra, Chant se esfuerza por lograr un estilo en prosa evocador y entonado, en lo que tiene más éxito que muchos otros:
Ella trepó hasta el borde mismo de la roca, de modo que los faldones le flotaban sobre el vacío; y extendió los brazos y alargó las manos a las Águilas Blancas, y las llamó en una lengua que Nicholas no pudo entender. Era una lengua de sonidos fríos y puros; una lengua de palabras ásperas y tristes. Evocaba visiones de paisajes rocosos desnudos y brillantes, de elevados picos solitarios, de glaciales soledades en noches de frío es–tremecedor y días de una luz punzante. Toda palabra parecía atravesar grandes abismos, abismos mayores que el espacio y más profundos que el tiempo; un alma hablando con otra a través de un cisma producido en el comienzo mismo del mundo. Todo el cuerpo de Nicholas se estremecía mientras escuchaba.
La voz de ella titubeaba y bajaba en intensidad. Todo el discurso –era más que un discurso, en realidad, sin llegar a ser una canción– había sonado como un lamento, aunque no lo era. Pero había la misma nota aguda en la respuesta del rey Águila, feroz y helada.
Los tres jóvenes disfrutaban de un paseo en bicicleta por el campo un hermoso día de primavera, cuando un misterioso flautista los traslada de repente a la Tierra Iluminada por las Estrellas, de Kedrinh, mediante una melodía mágica. Oliver se separa de los otros y pronto es aceptado en una tribu de jinetes de las llanuras («Khentors»). Penelope y Nicholas se encuentran en la ladera de una montaña obscura y glacial, donde ellos a su vez pronto son ayudados y protegidos por la princesa In’serinna (la que se comunica con las Águilas Blancas). Transcurren muchos meses antes de que los tres vuelvan a reunirse, en particular con Oliver, totalmente adaptado a su nueva vida bárbara. Los chicos han llegado en medio de una gran lucha, que sacude la Tierra, entre las fuerzas de la luz y las de la obscuridad. El Señor de la Montaña Negra ha renunciado al bien, y ahora ha vuelto del exilio para desafiar a las fuerzas legítimas de la Tierra Iluminada por las Estrellas. Su nefasto poder aumenta con el ascenso de la Luna Roja de este mundo; y los tres jóvenes tienen que aprender a intervenir en la inminente batalla…
Los elementos con los que Joy Chant ha elaborado su apasionante historia son tradicionales (y ahora muy comunes en la literatura fantástica de tema heroico), pero aquí son desplegados con una rara habilidad y convicción emocional. Como señaló el novelista Robert Nye cuando este libro se publicó por vez primera, tiene una «confiada grandeza que sólo se encuentra en las obras cuyos autores están totalmente sumergidos en las complejidades de su propia creación».
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El poeta inglés del siglo xvII Andrew Marvell escribió: «La tum-ba es un lugar agradable y tranquilo pero nadie, creo, lo adop-ta». En esta imaginativa novela, dos de los personajes tratan de desafiar la verdad de la afirmación de Marvell. Peter Beagle, escritor nacido en Nueva York, sólo tenía veintiún años cuando publicó este relato irónicamente divertido (y a veces poético) acerca de lo sobrenatural. Comienza en el cementerio de Rochester, en Nueva York, donde un ex propietario de una farmacia llamado señor Jonathan Rebeck ha establecido su hogar. Retirado del mundo y sintiendo mayor afinidad con los muertos que con los vivos, ahora duerme en un pequeño mausoleo. Nunca abandona el cementerio, donde disfruta de la compañía de los espíritus locales y un inverosímil cuervo que habla (el pájaro mantiene al señor Rebeck provisto de bocados alimenticios) . Entre aquellos a quienes ofrece su amistad se cuenta el desdichado fantasma de Michael, un hombre de treinta y cuatro años que ha sido asesinado por su mujer. Vemos a Michael volviendo a la conciencia en su funeral; más tarde escapa del ataúd pero descubre que es incapaz de abandonar el cementerio.
Ésta es una de las más grandes novelas fantásticas en lengua inglesa. Descrita con frecuencia como «gótica», Titus Groan no contiene elementos sobrenaturales obvios. Sin embargo, es indeciblemente extraña, una tragicomedia de dimensiones fantásticas. El relato se desarrolla en un gran castillo en ruinas llamado Gormenghast, que parece elevarse en un mundo paralelo que está en alguna parte fuera de nuestro espacio y tiempo. Los nombres de los personajes son ingleses (un inglés dickensiano) pero el escenario no es Inglaterra. Gormenghast existe en un ámbito alegórico, un mundo pétreo de antiguos rituales y tradición sofisticada, que incluso podría ser un símbolo de una Gran Bretaña en decadencia (o una civilización europea en decadencia). Pero el libro no tiene una atmósfera alegórica: pese a los nombres absurdos o portentosos –Rottcodd, Excorio, el doctor Prunescualo, Agrimoho, la niñera Tata Ganga–, los personajes parecen reales; nos involucramos en su destino; no son meros «caprichos».
El pasado día 13 de julio,durante los actos de la Semana Negra de Gijón, se realizó la presentación del libro Asturias para Vera, del escritor asturiano Ricardo Menéndez Salmón.