Bartleby y compañía (Enrique Vila-Matas)

El gran Otis B. Driftwood (no sé cuántos de ustedes se habrán percatado de que el enlace a la página de Otis está mal. Ya lo he arreglado. Mil disculpas por las molestias!) y yo nos entrecruzamos lectoramente y leímos dos libros diferentes de Vila-Matas a la vez. De ahí que decidiéramos entrecruzarnos también las reseñas… He aquí la que Otis escribió sobre Bartleby y compañía y con la que me hace el honor (y a vosotros como lectores) de participar en mi saloncito. Os dejo con él:

Reseña literaria: Bartleby y Compañía
Enrique Vila-Matas, Barcelona, 2000
Ed. Anagrama (Colección Quinteto)

La vanidad y la modestia. La pérdida de fe, la falta de convicción o la reafirmación en ella. La pereza y la desidia con todos sus grados intermedios o la hiperactividad. Razones todas ellas, contradictorias algunas, que pueden llevar a un escritor a sufrir el síndrome de Bartleby.

Bartleby es un personaje de un relato de Hermann Melville, un oficinista que es el paradigma del “no hacer”. Ese personaje o, mejor dicho, su carácter, es el que toma Vila-Matas para explicar un síndrome que afecta a los escritores que deciden dejar de escribir por cualquiera de las razones enumeradas arriba, o por ninguna de ellas en particular. En sus pequeñísimos capítulos, estructurados como si fuera un compendio de notas a pie de página, el autor nos va presentando a diversos autores, algunos casi míticos y otros completos desconocidos, explicándonos por qué unos dejaron la literatura (o, más bien, la negaron, y de ahí la expresión “literatura del NO”) y por qué otros, con mucho potencial, jamás publicaron nada. Así, durante las doscientas páginas viajamos desde Arthur Rimbaud hasta Juan Ramón Jiménez, pasando por gente que nunca escribió como Joseph Joubert e incluso personajes de ficción que representan extremos dentro de la literatura del NO, como Paranoico Pérez, convencido de que Saramago es un plagiario de sus ideas y que por eso no escribe, para que no se las robe.

Dentro de su estilo ligero y un puntito (o puntazo) surrealista, Vila-Matas se intercala a sí mismo como personaje dentro de este ¿ensayo? postulándose como escritor del NO, colocando a un filósofo, Derain, como contrapunto humorístico que le confirma o le revienta sus tesis e hipótesis literarias por un módico precio y que sirve de puente para definir distintas formas de analizar a estos escritores. Con afirmaciones sorprendentes como la que se refiere a los suicidas (que no cuento para no reventar la sorpresa), nos va asociando a cada escritor con cada excusa para no escribir, bien sean éstas explícitas (verdaderas o falsas), bien haya motivos implícitos (igualmente falsos o verdaderos).

Lo primero que se le pasa por la cabeza al lector cuando se sumerge en este libro – que, como es habitual en su autor, es áspero para comenzar y mucho más fluido una vez dentro – es una pregunta: “¿Seré un escritor del NO? ¿Seré acaso un Bartleby, maestro?” Para mí es la genialidad que tiene, el remover las entrañas de quien lee para hacerle pensar en la posibilidad de escribir, y mucho mejor, de dejar de escribir. Pues si Wilde decía que lo mejor es que hablen de uno aunque sea mal, Vila-Matas afirma indirectamente que lo máximo a lo que aspira un escritor es a que hablen de él por dejar de escribir, o incluso sin haber escrito nada.

En este sentido creo que todo lector es, en cierta medida, un escritor que no escribe. Conozco muy poca gente a la que, cuando les digo que voy a escribir una novela, no se paren en ese momento a pensar detenidamente en la suya propia. Son apenas unos segundos de silencio que resultan más elocuentes que cualquier conversación sobre libros. Y la experiencia – propia y ajena – me dice que somos más francos, abiertos y sinceros cuando nos enfrentamos a nuestras propias ideas puestas en el papel. Quizás por eso tengamos tanto miedo a escribir. No porque los demás se rían de lo que escribimos, sino porque nosotros mismos no seamos capaces de reírnos de ello. El mundo está plagado de futuros escritores del NO. Y sospecho que Vila-Matas pensó en ellos al escribir este libro. Y es que es un libro que merece la pena releer, aunque cueste entrar en él. Es de los que se te quedan dando vueltas en la cabeza, como cuando estamos un rato viendo cómo centrifuga la lavadora sin saber por qué. En definitiva, perfecto para cualquier especie de Bartleby que pulule por la Tierra. Y casi habría una por cada ser humano.

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Juan Sin Letras. Una cruzada literaria.

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La era del acceso (Jeremy Rifkin)

¡Sorpresa! Voy a reseñar un libro que no me ha gustado. Normalmente suelo elegir bien los libros que me leo (y que no me leo, je), así que tengo un cierto éxito garantizado. Pero éste me lo mandaron leer en la Universidad para luego poder hacer un trabajo sobre el tema que trata.

El libro en cuestión es La era del acceso y su autor es el economista estadounidense Jeremy Rifkin. . Su anterior libro es El fin del trabajo, un ensayo que se convirtió en un best-seller y en el que analizaba si el desarrollo de las nuevas tecnologías hacía peligrar el empleo de millones de personas.

La era del acceso se dedica a merodear en torno a la idea de que los seres humanos hemos entrado en una nueva era. Si anteriormente vivíamos en la era del capitalismo basado en la propiedad privada, ahora vivimos en la era del capitalismo inmaterial. Ser rico no es poseer muchas cosas, sino tener acceso a muchos servicios. Como dice Rifkin, "la riqueza ya no reside en el capital físico, sino en la imaginación y la creatividad humana".

Como el cambio es la única constante de la sociedad actual, poseer gran cantidad de propiedades no es más que estar permanentemente anclado en el pasado. Si antes las propiedades eran un cúmulo de riquezas, ahora no son más que un lastre, ya que los objetos se quedan obsoletos cada vez más rápido.

Esta es la idea básica, la del acceso como principio configurador de la vida en sociedad: el éxito y la riqueza se medirán siempre en función del acceso que se tiene a las cosas, no por la propiedad de las cosas. Así, Rifkin utiliza multitud de ejemplos y habla de los contratos que se pueden establecer con firmas automovilísticas para tener acceso a los vehículos de la marca siempre. Lo mismo sucede con las viviendas "multipropiedad", que dan derecho a utilizar un apartamento en algún destino turístico durante un cierto tiempo al año.

La otra idea es la de la mercantilización de la cultura, la conversión de las experiencias culturales en un producto hijo del capitalismo por el que hay que pagar. Rifkin comienza esta segunda parte del libro haciendo referencia a la película El show de Truman para hacer una reflexión sobre cuánto de impostura hay en nuestra relación con los demás y con las cosas y sobre la banalización que está sufriendo la cultura.

Para defender la primera idea, Rifkin utiliza un sin número de ejemplos aburridísimos y que a los europeos nos resultan bastante alejados de nuestra realidad; ignoro si a los americanos les sucede lo mismo, pero desde luego no creo que las Urbanizaciones de Interés Compartido de las que habla Rifkin (un lugar donde vive sólo la gente que tiene los mismos intereses, un nuevo guetto, vamos) estén muy extendidas tampoco en los USA; además, Rifkin se apoya muchas veces en retahílas de datos que no siempre están contextualizadas y lo hace con tal vehemencia que invita a pensar que no encuentra ninguna abstracción argumental para defender sus aseveraciones.

Por último, Rifkin intentaa lo largo de todo el libro presentar como real algo que en realidad no deja de ser una especulación. El libro presenta un orden de cosas que en realidad deberían estar escritas en futuro incierto de subjuntivo. Que la generación puntocom sufre un trastorno sobre la continuidad de la personalidad me parece que tiene un punto de catastrofista. No soy capaz de creerme, por más que me inunden el coco con datos y estadísticas, que de aquí a poco los jóvenes no tendrán un yo, sino un armario ropero lleno de "yoes" y que se lo cambiarán como las camisas, lo lavarán en la lavadora y lo tenderán a secar, con lo que los patios de luces se convertirán en un espectáculo de yoes variadísimo.

La otra gran pega que le veo al libro es que es demasiado neutral. Es cierto que Rifkin escribe un ensayo y presenta su modo de ver el mundo. Pero en realidad, nos lo pone delante de las narices como si fuese inevitable, como si fuese totalmente cierto y como si no fuese objeto posible de una valoración moral. A mí, en cambio, lo de los "yoes" colgados a secar, me asusta un poquito…

La idea de Rifkin me parece muy interesante, y creo que si, efectivamente, en unplano más económico ya se está dejando notar actualmente, Rifkin podría haber construido un ensayo más técnico, más verosímil, más riguroso, más compacto y más útil. Pero entonces no habría escrito un best-seller.

Anécdota: el otro día me pescaron en clase leyendo el libro. Como podéis ver en la foto, se parece peligrosamente al Código da Vinci. No veáis qué vergüenza 😉

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Sobre la Libertad (John Stuart Mill)

Dice la RAE:

Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.

Hasta ahí, la cosa parece muy fácil, pero en realidad no lo es tanto. Todos aspiramos a la libertad, alardeamos de la nuestra -que muchas veces confundimos con independencia-, lamentamos la ausencia de libertad de otros… Pero, ¿en qué se basa la cacareadísima frase: "Mi libertad termina donde empieza la de los demás"? ¿Son libertad y límite términos contradictorios o pueden aparecer perfectamente conjugados? ¿Qué leches es la tan cacareada libertad?

La respuesta a estas y otras preguntas (oh, qué frase tan manida!) se puede encontrar en el libro Sobre la Libertad, de John Stuart Mill que gracias a Santa Alianza de Bolsillo no cuesta más que seis euros.

Sobre el autor
John Stuart Mill es un filósofo y economista inglés que vivió en tre 1806 y 1873. A su educación contribuyó el filósofo utilitarista Jeremy Bentham, por lo que, en un principio la orientación filosófica de Mill siguió los derroteros de este maestro. Trabajó para la Compañía de las Indias Occidentales y fue miembro del Parlamento Británico como representante del partido Liberal. Fue siempre una persona que miraba hacia el futuro y el progreso y por ello propuesto varias reformas sobre el sistema político inglés en su obra Consideraciones sobre el gobierno representativo. John Stuart Mill fue un pensador adelantado a su tiempo, lo que se puede ver ya sólo con echar un vistazo a los títulos de sus obras: Ensayos sobre la igualdad de sexos, Sobre la Libertad o La utilidad de la religión entre otros.

Tampoco hay que olvidar que las ideas de John Stuart Mill jugaron un importante papel aproximadamente un siglo despues, en una gran discusión acerca de la libertad que tuvo lugar en la sociedad británica con motivo de la despenalización de determinados comportamientos sexuales. Es el problema del consabido moralismo legal y la disputa implicó a Lord Devlin y el profesor Hart a raíz del Informe Wolfenden, que proponía la despenalización de las conductas homosexuales en Gran Bretaña.

Con motivo de este informe se suscitaron dos posturas contrapuestas. Por un lado, Lord Devlin apelaba a la idea de libertad de John Stuart Mill; por otro lado, Hart decía que determinadas conductas inmorales debían ser además sometidas a Derecho, es decir, penalizadas.

Yo tuve que estudiar todo este conflicto para las asignaturas de Filosofía Política y Ética y Deontología Profesional. Es el problema del "Moralismo Legal" y, en último término, del "Paternalismo Jurídico". En los dos casos me quedé con la curiosidad de cómo era el libro de John Stuart Mill cuyas ideas aún no estaban superadas un siglo después.

El libro
Sobre la Libertad es un librito dividido en 5 partes diferenciadas. La "Introducción" es la parte más interesante, porque en ella, John Suart Mill nos cuenta qué entiende por libertad y hasta qué punto o en qué condiciones es válida una injerencia en dicha libertad. Primero hace un repaso histórico por lo que se ha entendido por libertad a lo largo del tiempo. Además, en esta introducción nos plantea el objetivo de sus reflexiones: encontrar y defender el "límite a la intervención legítima de la opinión colectiva en la independencia personal". Es decir, señalar cuál es la esfera de acciones de la persona frente a las que no cabe intervención ninguna de los otros. Además, John Stuart Mill va más allá e intenta dilucidar hasta qué punto es legítima la intervención de un Gobierno en las acciones que conciernen a una sola persona. Por lo tanto, John Stuart Mill pretende elaborar un principio por el que regir las rrelaciones de la sociedad con el individuo. Si descriptivamente podemos decir que la sociedad tiende a comentar y censurar determinados comportamientos y actitudes; prescriptivamente, Mill considera que hay una esfera de dichos comportamientos y actitudes que ha de ser invulnerable:

"Este principio consiste en afirmar que el único fin por el cual es justificable que la humanidad, individual o colectivamente, se entremeta en la libertad de acción de uno cualquiera de sus miembros, es la propia protección.

Es decir, el Estado sólo puede entrometerse en la vida ajena siempre y cuando las acciones de una persona perjudiquen a los demás. En estos casos, el Estado sí tiene derecho a intervenir y a intentar reprimir las acciones que perjudiquen a otros (aquí es donde acaba mi libertad y empieza la de los otros 😉 Para Mill, una persona sólo es responsable ante la sociedad en la medida en que sus acciones se refieren a los demás o los incumben. Las acciones cometidas por y para uno mismo no atañen al estado o a la sociedad y por lo tanto excluyen su intervención.

Esto puede parecer una banalidad a día de hoy, pero no lo es tanto. Por un lado, hay que tener en cuenta laépoca en que se escribió el libro; por otro lado, podemos pararnos a pensar en casos como la regulación de los contenidos de la televisión; la posible prohibición de hablar por teléfono mientras se conduce o las nuevas disposiciones en cuanto a la comida y reflexionar sobre qué aplicación encuentran en ellos las ideas de Mill.

"Sobre sí mismo […] el individuo es soberano", dice Mill. Este es el punto de partida para todas las reflexiones posteriores. Aunque haya gentes en el Gobierno que crean que uno debe ser protegido contra sus propios actos, Mill no acepta esta opinión y la rebate con argumentos como la variabilidad de las costumbres y de las opciones morales.

Finalmente, Mill alude a los ámbitos en los que siempre ha habido un interés por parte del Gobierno de inmiscuirse en los asuntos que atañen sólo al individuo y explica cómo y por qué son ámbitos en los que ha de imperar la soberanía del individuo. Al más importante de todos ellos por lo su significado en la vida política, le dedica el siguiente capítulo: "De la libertad de pensamiento y discusión".

El capítulo tres se llama "De la invididualidad como uno de los elementos del bienestar" y en él nos explica cómo, efectivamente, la disposición de una capacidad de elección total en determinados aspectos que nos atañen sólo a nosotros es necesaria e imprescindible para que el hombre se sienta como tal, y para que sea consciente de su libertad, de su capacidad de elección. En este capítulo retrata de una forma simpática y certera a todos aquellos que siempre han sido reacios a conceder libertad a los demás.

En el siguiente capítulo, "De los límites e la autoridad de la sociedad sobre el individuo", intenta reflexionar sobre el límite de la soberanía del invididuo sobre sí mismo, y el comienzo de la capacidad de la sociedad para inmiscuirse en las actividades del sujeto. Como ya ha anticipado en la primera parte del libro, esta capacidad surge cuando la conducta de una persona perjudica o afecta a los intereses y a las libertades de otras personas, no antes. Son varios los contraargumentos que él mismo nombra para despreciarlos posteriorme. Y es que para Mill, la autonomía del invididuo surge de su ejercicio. El individuo es autónomo en tanto que puede y se le permite (mediante la no injerencia) actuar autónomanente. "Equivocarse" y "perjudicarse a uno mismo" forman parte del concepto de libertad tanto como "elegir" o "decidir".

El último capítulo, el de las "Aplicaciones" resulta menos interesante, puesto que alude a muchos casos que nos son desconocidos o nos resultan desfasados. Pero todo ellos pueden tomarse por trasuntos y pueden ayudarnos a buscar nuevas expresiones de lo planteado por el fiósofo en nuestra sociedad.

Por último, me gustaría añadir que la edición que yo tengo, la de Alizana de Bolsillo viene precedida de un Prólogo de Isaiah Berlin. Berlin elaboró el concepto de libertad negativa por oposición a libertad positiva, a partir de las ideas que Mill expresa en este ensayo. Así pues, para Mill, la única libertad verdadera es la libertad positiva, la que surge de la reflexión y de la consciencia sobre las propias actuaciones. Isaiah Berlin acuñó el término "libertad negativa" como la ausencia de obstáculos o impedimentos para actuar de determinada manera.

Se trata, pues, de un libro que está de plena actualidad, pese a haber sido escrito allá por 1859 y en el que nos podemos reconocer nosotros y nuestra sociedad. Y no siempre salimos bien parados… Tú decides si te lo lees o no 🙂

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Homo Videns (Giovanni Sartori)

Ya que está tan de moda el tema de la televisión con las vueltas que dan la vida, los reality shows y el comité de sabios, aprovecho la actualidad del tema para comentar este librito de Giovanni Sartori, el filósofo italiano: Homo videns. La sociedad teledirigida.

Antes de nada, unas palabritas sobre el autor
Giovanni Sartori nació en Florencia en 1924 y en 1946 se licenció en Ciencias Sociales por la Universidad de Florencia. Fue el impulsor de la primera Faculta de Ciencias Políticas de Italia, la Escuela Cesare Alfieri. En 1971 fundó la Rivista Italiana di Scienza Politica. Es doctor honoris causa por numerosas universidades y además de en Florencia, donde es profesor emérito, ha impartido clases en Stanford, Yale, Harvard y Columbia. Es considerado uno de los protagonistas del debate político contemporáneo y un experto de los problemas de las democracias occidentales. Entre sus obras destacan Ingeniería constitucional comparada, ¿Qué es la democracia? y Teoría de la democracia. Colabora habitualmente con el periódico Corriere della Sera y desde 1988 es el vicepresidente de Societá Libera, que promueve los ideales liberales en la sociedad italiana.

Homo videns, un nuevo tipo de hombre
En este libro, Giovanni Sartori se sumerge en el mundo de la televisión y trata de buscar en este tótem de todos los hogares el origen de ciertos cambios de comportamiento del hombre y de la sociedad.

La primera parte del libro, "La primacía de la imagen" es una evolución desde el hombre simbólico de Cassirer, que posee un lenguaje capaz de hablar sobre sí mismo y que capacita al homo sapiens no sólo para hablar, sino para pensar; hasta el homo videns, caracterizado por el predomino de la imagen sobre la palabra. Para Sartori este cambio supone una involución puesto que acerca al hombre nuevamente al animal, mientras que la capacidad simbólica de que le dotaba el lenguaje lo alejaba de los leones, los pingüinos y los chimpanceses.

Este cambio viene dado, según Sartori, por un cambio en la naturaleza de la comunicación. Y es que para poder comunicarse a través de la palabra era necesario estar en posesión de un código y participar en ejercicios de codificación y decodificación; en cambio, para comunicarse a través de la imagen sólo hace falta ver, con no ser ciegos, tenemos bastante. Así, la televisión y su forma de comunicación están generando un nuevo tipo de hombre. Esta es la hipótesis general de todo el libro:

"La televisión no es sólo instrumento de comunicación; es también, a la vez, paideía, un instrumento antropogenético, un medium que genera un nuevo ánthropos, un nuevo tipo de ser humano."

Unida a esta hipótesis viene la defensa de la cultura libresca, tan atacada a menudo por ser privilegio de unos pocos. Como para Sartori, la "nueva cultura audiovisual" que tan elogiada ha sido durante tanto tiempo, no es más que una "subcultura"; la primera, la de los libros, la elitista, es preferible. Esta no es la única idea polémica que presenta Sartori en su libro, pero hay que reconocer que es necesaria para el mantenimiento de la coherencia de su hipótesis.

¿Por qué cree Sartori que la televisión es tan perjudicial? Por un lado, por su alta tasa de penetración y aceptación en la sociedad; porque es un fenómeno extendido, un progreso, cuando menos, cuantitativo. Por otra parte, por que ha provocado lo que él llama el "empobrecimiento de la capacidad de entender". Y es que la televisión elimina el pensamiento conceptual, que sucede a través de "entidades invisibles" que se expresan a través de palabras abstractas, y que constituyen la parte más importante de nuestra vida: felicidad, administración política, democracia, justicia, etc.

"La televisión produce imágenes y anula los conceptos, y de este modo atrofia nuestra capacidad de abstracción y con ella toda nuestra capacidad de entender".

Y es que según Sartori, la televisión nos satisface desde el punto de vista sensorial y no satisface nuestro mundo inteligente, cualidad distintiva del homo sapiens y que se manifiesta en nuestra capacidad para desligarnos de la realidad sensible.

Por último, en esta primera parte del libro, Sartori hace un pequeño archivo de las críticas que ha habido contra la televisión y un pequeño balance de los peligros y ventajas que pueden traer consigo los nuevos multi-medios.

La segunda parte del libro es "La opinión teledirigida" y en ella, Giovanni se dedica a desentrañar la influencia de la televisión y de las formas de comportamiento y percepción que ella genera, en el mundo de la política. Por un lado, dice Sartori, la televisión cambia los modos de formación de la opinión pública. La persuasión discursiva es sustituida por la persuasión a través de la visión. Por otra parte, la televisión consigue difundir los temas políticos a través de los sondeos. Los sondeos de opinión son los que reinan, los que configuran la realidad político. Pero, se queja Sartori, las agencias demoscópicas se dedican a preguntar a la gente que qué opina sobre determinado tema sin preguntarles antes qué saben del tema en cuestión. Así pues, se desmorona Sartori, esta primacía de los sondeos es la primacía de las opiniones desinformadas. Pero ni siquiera el hecho de que fuesen "opiniones informadas" le bastaría a Sartori, pues el italiano distingue entre la información y el conocimiento. Considera al segundo como una capacidad de comprensión sobre fenómenos y de abstracción y generalización. Por otra parte, aquello de lo que no se sabe nada, no interesa. Sin embargo, Sartori no es tan negativo como para pensar que el hombre es estúpido por naturaleza. No. Pero nos recuerda que la televisión ha atrapado al hombre en un mundo visible y sólo visible, y que por eso, el hombre no ejerce su capacidad de abstracción. Así pues, la culpa la tiene la televisión:

"Si las preferencias de la audiencia se concentran en las noticias nacionales y en las páginas de sucesos es porque las cadenas televisivas han producido ciudadanos que no saben nada y que se interesan por trivialidades".

No contento con esta crítica, Sartori arremete contra la televisión por ser falaz: siendo siempre aparentemente real, transmitiendo siempre imágenes reales, la televisión puede, sin embargo mentir, ya sea a través de la descontextualización o la transmisión de imágenes reales con mensajes engañosos. Por otro lado, los criterios de notoriedad y actualidad son los que imperan en la televisión, con lo cual ésta acaba buscando estas características en cualquier tipo de hechos para poder difundirlos. Y claro, así proliferan los extyravagantes, los excéntricos y todos esos personajillos que mendigan protagonismo de cadena en cadena. Un desastre, vamos.

"¿Y la democracia?". Eso se pregunta Sartori en la tercera parte de su librito. ¿Se ve también afectada por todo este cataclismo? Pues claro que sí. La vídeo-vida, según Giovanni, afecta a la democracia a través de la incidencia electoral y la incidencia en el modo de gobernar. Por un lado, porque la política a través de la televisión es una política basada en las imágenes, en las personas; de éstas, importa más su apariencia que el contenido de su discurso; por otra parte, los políticos también se sienten condicionados por la televisión, y es que tienen que recurrir a ejercicios que sean televisables, a acciones que queden bien en televisión para así llegar al mayor número posible de votantes potenciales. Y nadie ha demostrado que esto redunde en beneficio de la organización y gestión de la comunidad.

A partir de estos razonamientos, Giovanni se afila aún más y acaba hablando de "hombres bestias" y de un gobierno de la "sin cultura". Aunque todo esto pueda parecer muy radical, es cierto que, dentro del discurso de Sartori, son ideas coherentes. Aunque lo más positivo de estas cuestiones es que nos sirve la polémica en bandeja… y discutir y contrastar ideas es el mejor método para saber qué es lo que piensa uno y para impregnarse de visiones críticas.

El librillo concluye con un apéndice en el que ahonda en algunas de las ideas ya expuestas, las apuntala aún más y ya rebata los contraargumentos que prevé, le pueden llover desde distintos sectores.

Homo videns es un libro inútil, no porque las ideas que Sartori plantea sean irreales o ilógicas, sino porque quien lee el libro, probablemente, las ha pensado ya aunque sea de forma deslavazada, y quien necesitaría empaparse de ellas, probablemente no leerá nunca el libro.

Por otra parte, es un libro pelín catastrofista ("Nos ahogamos en la ignorancia"), pero hay que reconocer que los gritos de "el barco se hunde!" están muy bien integrados en el discurso y muy respaldados por ejemplos y razonamientos que apuntalan el libro página a página. Además, quizás hay que ser exagerado y catastrofista para llegar según a qué sectores adormecidos. Además, defendiendo lo que él defiende, el libro no podía tener otro tono, claro.

En fin, un libro que da para mucho más: para conversación en bar de chatos, para avergonzarse un poquito delante de la televisión, para leer otros libros que lo contradigan y para hacer una reseña en un blog. No está mal, al fin y al cabo 🙂

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Contra la Interpretación (Susan Sontag)

Digresión inicial
Pese a que estoy encerrada en mi humilde morada (mi zulo, mis cucarachas, mi calendario, mi…), los libros no me abandonan ni un momento. Me atrevería a afirmar que es porque estoy estudiando. Y aunque deteste la carrera que estoy haciendo y demás concreciones sobre los fangos, los polvos, los lodos y las deixis que conjugan mi existencia en este barrizal de la moral, hay una asignatura al año (el promedio) que me emociona, me subyuga; o como decía la poeta sobre Bach: “me iza y me conmueve”.

Parte de este elevarme como si fuese una bandera y conmoverme como si fuese una hija de los abriles, es gracias a los libros. El sábado tengo examen de “Crítica Artística”. ¡Por fin una asignatura con una bibliografía extensa! ¡Grandes nombres: Baudelaire, Champfleury, Félix, Valeriano Bozal, Giulio Carlo Argan! ¡Por fin una marea de páginas en la que sustraerse al estudio! Además, el profesor nos deja incrementar su sapiencia con nuestra sapiencia y conformar una bibliografía personalizada que haría las envidias de cualquier comunidad de simpáticos sapiens…

Pues bien, Susan Sontag, la inmarcesible Susan, que murió estas navidades y casi nadie lo dijo, me ha acompañado por el barrizal de febrero. Su Contra la Interpretación ha sido la mejor vela contra el viento, la marea y la arenilla con que la madre nutricia de los estudios se empeña en cegarme la ingenua mirada…

Reseña (im)propiamente dicha
Contra la Interpretación es un conjunto de ensayos de diferentes temas escritos allá por los años 60. La peculiaridad de estos ensayos viene de dos fuentes: por un lado, la época: prolija en manifestaciones artísticas de todo tipo; en innovaciones en forma de performance y de director de cine francés con jersey de cuello vuelto; por otro lado, la juventud de la autora y esa apertura de miras que nunca le hizo rechazar nada hasta haberlo analizado. Si algo me admira de Susan (aparte de haber conseguido esas magníficas becas universitarias "para pensar") es mantener la mirada limpia e ingenua del "primitivo", no dejarse llevar por idées reçues en ningún momento; saber ser dueña de una ignorancia neutral y no prejuiciosa, y por supuesto, vencerla siempre con el conocimiento y no con la tautología. ¿De dónde le saldría todo esto?

"Mi idea de un escritor: alguien que se interesa por todo. Estar interesada por todo siempre me había resultado algo natural, como era natural para mí concebir así la vocación de un escritor.

Luchar contra la hipocresía, la superficialidad y la indiferencia ética y estética han sido siempre los eslóganes ensayísticos de Susan. Y eso es lo que se plasma en Contra la Interpretación: una colección de reflexiones bien sencillas, magníficamente documentadas, exacerbadamente argumentadas… una fortaleza de la inteligencia contra las andanadas a ciegas de la ignorancia. Los ensayos se apoyan en temas concretos, en obras de arte concreto. Se trata, por lo tanto, de críticas artísticas propiamente dichas. Sin embargo, el atrevimiento editorial que se presupone en la reedición de críticas a obras de arte que a día de hoy pueden resultar desconocidas no es tal. ¿Por qué? se preguntará respetuosamente el respetable. Y bien, porque muchos de los casos presentados en esta antología le hacen la "pascua" (en el sentido etimológico 😉 a la obra en sí; son un "paso a través" de las pinceladas, los fotogramas y los versos hasta encontrar la esencia artística de todas las obras que Susan ha pasado por la lupa.

El primer bloque de ensayos lo constituyen "Contra la Interpretación" y "Sobre el estilo". Con ellos, Susan pone en su sitio a mucho pseudo teórico del arte precipitado y nos pone en su sitio a nosotros. Son dos ensayos brújula, que nos enseñarán a manejarnos por el resto del libro. Más allá del acuerdo que alcancemos con las posiciones de la autora, estos dos ensayos nos sirven casi como declaración de principios para adentrarnos en el resto del libro. Por otro lado, ambos son totalmente innovadores sin ser, por ello, ilógicos o demasiado rupturistas… Son fruto de una nueva lógica, que es a su vez fruto de un tiempo nuevo, que es a su vez fruto de un tiempo anterior. (Y no está dicho así para hacer bonito, que no lo hace, sino porque es la pura realidad: la autora utiliza una nueva lógica pero cimentada en la más amplia tradición teórica).

El segundo bloque está dedicado a la narrativa. Pavese encarna al artista sufridor, al novelista amargado y destinado al suicidio. Lévi Strauss y sus tristísimos trópicos sirven para hablar sobre la nueva concepción del novelista de éxito. Posteriormente, Simon Weil, Jean Paul Sartre, Luckaks y Genet sirven para hacer una reflexión sobre los textos críticos. Susan ilumina con su propia antorcha lo que ella considera que son fallas en las argumetaciones de estos autores, las completa y los pone a todos en danza, a decirse cosas, a "intertextualizar", a compartir sus ideas, en una suerte de diálogo perfectamente dirigido desde los bastidores por Susan Sontag.

El teatro también merece atención; aunque quizás esta es la parte que menos me ha impactado. Las representaciones de teatro son algo muchísimo más caduco que las obras en sí, con lo cual se me escapa en muchas ocasiones lo que Susan critica o alaba. Eso sí, la redención de Artaud o el tajo que le mete al pedestal de Ionesco merecen la pena…

Luego viene el cine, cuarto bloque. Apasionante el recorrido por las películas de Bresson, Resnais o Godard. En muchos casos, sin embargo, no consigue trascender las obras que comenta. Sí que se eleva, sin embargo, al hablar de la Ciencia Ficción. En este ensayo "La imaginación del desastre" consigue hacer una caracterización de la película típica de ciencia ficción. Se trata de una sistematización cómica pero no exenta de verdad. Y Susan no se acobarda a la hora de defender dos o tres películas del género. Y no lo hace mal.

Del último bloque, una suerte de "cajón de susan" en elque se analiza desde el tratamiento de la religión en la literatura americana, hasta la catarsis colectiva y efímera que puede suponer un "happening" (¡yuxtaposición radical los llama!), lo más destacable son las "Notas sobre lo camp". Por un lado, porque están escritas con gran frescura, con ejemplos magníficos que incitan a la sonrisa, y a la simpatización con todo lo "camp"; por otro lado, porque levantan el telón de un fenómeno muy extendido y muchas veces visto con desdén o condescendencia. Pero con este artículo, si hacemos un ejercicio de sinceridad para con nosotros; nos descubrimos dueños de un Parnaso de lo más simpático y de lo más "camp". Lo "camp" puede es algo que hay que saber identificar y proteger.

"El gusto camp es una especie de amor, amor a la naturaleza humana".

La gran definición de lo "camp" aparece, a mi modo de ver en la nota 31:

"Así pues, las cosas son campy no cuando se hacen asistencia, viejas, sino cuando nos liberamos hasta cierto punto de ellas y somos capaces de deleitarnos por el fracaso del intento, en vez de sentirnos frustrados".

En este deleite viene incluida una cierta actitud risueña; de perdón o redención a través de la risa. Jejeje. (Me río porque me he visto en el espejo adelantando al fracaso por la derecha. Traía la barba al viento, tipo Séneca… yo mentiendo ;-))

http://blogs.ya.com/lomejordeloslibros/200502.htm

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