«Aunque escribo esto en el año 1877, he nacido en 1921. Ni las fechas ni los tiempos verbales están equivocados. Permitidme explicarlo.» Así comienza la deliciosa novela de Ward Moore. Naturalmente, se trata de otro relato de un viaje por el tiempo, pero es algo más que eso. Es también uno de los primeros mejores y más desarrollados ejemplos de esa subcategoría de ciencia ficción que se conoce como historias de «mundos alternativos», historias construidas a partir de una premisa común: la posibilidad de que en cada determinado momento muchos universos diferentes se desprendan del nuestro y, por lo tanto, existan infinidad de otros mundos, otras Tierras, surgidas como variantes en momentos cruciales de la historia. Al ambientar los relatos en alguna de estas líneas de tiempo alternativas, los autores de cf pueden introducir infinidad de cambios en la historia conocida. Por ejemplo, pueden imaginar un mundo en el que los chinos fueran los primeros en colonizar América del Norte, como ha hecho Murray Leinster en «Sideways in Time» (1935), o en el cual la sociedad nortea-mericana contemporánea surja del feliz asentamiento masivo de los vikingos nueve siglos antes, que fue lo que hizo L. Sprague de Camp en «The Wheels of If» (1940). En Lo que el tiempo se llevó (Bring the Jubilee), Ward Moore construye su ficción precisamente alrededor de una idea de este tipo: la suposición de que el Sur ganó la guerra civil norteamericana.
El héroe, Hodge Backmaker, es un muchacho que se cría en los recesivos y subdesarrollados Estados Unidos de las décadas de 1920 y 1930. A los diecisiete años emprende la marcha hacia la gran metrópolis de Nueva York, una ciudad de adoquines, lámparas de gas y globos, calles pobladas de bicicletas y con casi un millón de personas viviendo entre los «rascacielos» de diez pisos. Él no lo advierte, pero esta Nueva York es sólo una pálida sombra de lo que habría podido ser si los Estados Confederados no hubiesen ganado su independencia en la década de 1860. La Confederación, que ahora abarca México, es la nación más rica de América del Norte, y Washington, St. Louis y «Leesburg» son las verdaderas grandes ciudades del continente, mientras que Nueva York se encuentra sumida en un estancamiento provinciano.
Hodge empieza a trabajar en una librería, y en su tiempo libre estudia historia. Lee libros como « Causas de la declinación y caída de América, del conocido historiador y ex patriota Henry Adams». Seis años más tarde se convierte en investigador full time y se especializa en «La guerra de independencia del Sur». Durante ocho años se dedica a estudiar las campañas de aquella antigua guerra, y escribe monografías que se «publican en las revistas cultas de la Confederación y de Gran Bretaña, pues en los Estados Unidos no existían». Mientras tanto, un grupo de científicos inventa un medio para viajar por el tiempo, y Hodge se siente tentado de utilizarlo con el fin de visitar la época y el lugar de las batallas que decidieron el resultado de la guerra que tanto le fascina. Al llegar al campo de batalla de Gettysburg, en 1863, Hodge cambia accidentalmente el curso de la historia. Se encuentra en una nueva alternativa histórica, en un mundo donde el Sur pierde la guerra civil…
Es una historia encantadora,excelentemente narrada. Incluso quienes sepan poco de la historia norteamericana gozarán con esta novela, escrita con humor, con convicción y muy bien ambientada. Ward Moore (1903–1978) es otro de los autores que han escrito muy pocas obras de ciencia ficción: su único libro importante, además del que aquí comentamos, es Greener Than You Think (1947), una novela cómica acerca de un mundo invadido por una variedad mutante de césped. Pero será recordado por Bring the Jubilee, un permanente clásico menor.
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Este libro combina elementos de ciencia dura (física, biología y química) con especulaciones teológicas, sociológicas e incluso literarias. El campo de referencia intelectual del autor es sorprendente. Brian Aldiss no exageraba cuando decía que Blish tenía «uno de los intelectos más poderosos (y una de las memorias más ricas, diría yo) que jamás se hayan dedicado a la ciencia ficción». Esto parece sorprendente cuando uno recuerda que James Blish (1921–1975) fue un escritor del género de cf que se había fogueado en las revistas norteamericanas de segunda línea de los años cuarenta. Antes de dedicarse a la literatura se había graduado en biología y había trabajado en una importante com-pañía farmacéutica. Hasta la aparición de Un caso de conciencia (A Case of Conscience) era conocido principalmente por unas óperas del espacio bastante presuntuosas, los relatos de la serie «Okie», varios de los cuales formaron el libro Earthman, Come Home.
Es uno de los clásicos de segunda línea de las revistas de cf norteamericanas. A menudo se la ha comparado con la ficción de A. E. van Vogt, escritor muy popular, aunque carente de rigor, cuyas obras no he podido incluir en esta selección (sus novelas más conocidas son Slan, de 1946, y El mundo de los no–A, de 1948). En mi opinión, el libro de Harness es superior a cualquiera de los de van Vogt. Los hombres paradójicos (The Paradoxe Men) se publicó por primera vez en 1949 en una versión resumida para una revista, con el título de «Flight into Yesterday» [«Vuelo al ayer»]. Tanto uno como otro título dan la pauta del tema principal de la historia: las paradojas del viaje a través del tiempo.
Lo primero que hay que decir acerca de este libro es que tiene una deuda argumental con Universo (1941), novela corta de Robert Heinlein. Universo cuenta la historia de un grupo de salvajes que viven en un medio misterioso y artificial; casi al final de la novela descubrimos que son descendientes de la primitiva tripulación de una gran nave espacial que ha emprendido un viaje a las estrellas que durará varias generaciones. Aldiss sigue el mismo modelo, aunque con variantes significativas. Además de Heinlein y de Aldiss, muchos otros autores han escrito este tipo de relatos de generaciones que viven en naves, relatos que se han convertido en una tradición de la cf moderna. La nave estelar (Non–Stop) no es el primer libro que aborda el tema, pero probablemente sea el mejor. Y es también la primera novela publicada por Brian Wilson Aldiss (nacido en 1925), uno de los autores más importantes de la cf británica contemporánea.
Esta novela incluye hechos de ESP –percepción extrasensorial–, término científicamente aceptado para designar la telepatía y las facultades mentales afines. A pesar de los experimentos del doctor J. B. Rhine y sus sucesores en Estados Unidos, el carácter científico de la ESP sigue estando en duda: la mayor parte de los científicos negaría que la lectura de la mente, la precognición y este tipo de experiencias sean posibles. Pero esto no ha disuadido a los autores de ciencia ficción de utilizar la ESP como tema recurrente. Al igual que el viaje a través del tiempo y los vuelos espaciales a velocidad superior a la de la luz, es una de esas «imposibilidades» que la cf hace suyas sin la menor vacilación. La ESP da material para buenas historias, como Alfred Bester lo demuestra en este chispeante thriller.