DE LA UTOPÍA SOCIALISTA A LA REUNIFICACIÓN ALEMANA

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Etiquetas: Anna Rossell: Recensiones-Artículos, Eugen Ruge
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Eugen Ruge, «En tiempos de luz menguante. Novela de una familia».
Traducción de Richard Gross,
Anagrama, Barcelona, 2013, 394 págs.
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por Anna Rossell

Encomiable esta novela de inspiración autobiográfica de Eugen Ruge (Sosva, Urales, 1954) que, de modo parecido a «La Torre», de Uwe Tellkamp –publicada también por Anagrama-, narra la evolución de la República Democrática Alemana a través de cuatro generaciones de una saga familiar, en este caso, a diferencia de la de Tellkamp, perteneciente a la nomenklatura. Partiendo de una historia que es la propia, Ruge arma con maestría la trama novelada de la que fue su vida y la de su familia, desde la emigración de los abuelos comunistas a México, pasando por su regreso para contribuir a la construcción de la nueva república alemana, hasta poco después de la caída del muro y la reunificación, ambientada ya en la nueva alemania, en la que crecerá el biznieto. El autor reúne a sus actores en escenarios idóneos para su fin, las fiestas familiares a las que asisten representantes gubernamentales, para mostrar la diferencia ideológica entre personajes y sobre todo entre generaciones. Medio siglo de historia desfila ante nuestros ojos: la construcción de la RDA, la huída de los hijos a Moscú, la deportación a un campo siberiano, la reestalinización, la perestroika y el final del sueño socialista.

Como avanza el título, que condensa bien el contenido, el lector asiste a la degradación del socialismo utópico, convertido en socialismo real, a través de los representantes de cada una de las cuatro generaciones. Sin embargo el autor no se debate con sus predecesores en un ajuste de cuentas. Lejos de afanarse en culpabilidades, aunque sin rehuir los naturales reproches políticos de los hijos a los padres, sabe dibujar con fino sentido del humor y distancia los defectos de sus personajes, consiguiendo una narración ecuánime y objetiva según el punto de vista de cada cual, al tiempo que muestra sin ira el trazo caricaturesco –sobre todo en el caso del patriarca de la familia- que tenían muchas actuaciones de la primera generación de adictos al régimen acólito de la Unión Soviética.

Si bien Ruge se integra a sí mismo en la ficción bajo la figura de Alexander Umnitzer –Sasha-, nacido como él en 1954 y como él emigrado al oeste en 1989, la narración no adopta como eje su punto de vista. Uno de los méritos de la novela es precisamente su arquitectura perspectivista, que no responde a un tiempo lineal, sino que organiza los capítulos saltando cronológicamente hacia delante y hacia atrás, sirviéndose para cada uno de un personaje central distinto.
Ruge, que a partir de 1989 se dedicó exclusivamente al teatro, hace gala de sus conocimientos dramatúrgicos, tanto en la organización escénica del material narrativo como en el virtuosismo que despliega en el dominio del estilo indirecto libre y de los diferentes registros que maneja en función de la edad y el carácter de sus protagonistas, estilo que vierte con muy buen tino al español la traducción de Richard Gross. Con gran diferenciación de matices, el autor compone un mosaico de caracteres que con magistral sutileza nos ofrece una panorámica de una buena parte de la historia europea del siglo XX.
Lejos de ofrecernos probaturas narrativas experimentales, Ruge centra sus esfuerzos en desarrollar con ingenio la técnica realista, que afina con rigor. Así el autor consigue con éxito plasmar ambientes –la atmósfera bohemia de los años 70 y 80 en el barrio de Prenzlauer Berg de Berlín oriental- o dar a conocer hechos fundamentales de la novela sin abordarlos de modo directo –la separación matrimonial de Alexander o el diferenciado espectro de personajes opuestos al sistema.

Ganador ya en 1993 de un premio literario el Schiller-Förderpreis del Land Baden Württemberg, cuando se publicó en su país de origen, en 2011, En tiempos de luz menguante fue merecedora del premio alemán de literatura más prestigioso, el Deutscher Buchpreis. Por la misma obra había ya recibido en 2009 el Premio Alfred-Döblin.

Eugen Ruge, que acaba de publicar en su país su segunda novela, Cabo de Gata (Rowohlt), es autor de numerosas obras dramáticas para la escena y la radio –muchas de ellas también premiadas-, así como traductor especializado en Chéjov.

© Anna Rossell

Entrevista a Iván Montero, autor de «El lamento de Aasm»

Ivan_Montero_1Tras su aparente desaliño se esconde un hombre inteligente, buen conversador, Barcelonés de origen extremeño, con mirada incisiva e inquieta; parece que va a beberse de un trago todo lo que está ocurriendo a su alrededor. Además de su formación científica y técnica es multidisciplinar, por eso entre otras muchas cosas, recorrió bares y cafés-teatro cantando sus propios poemas guitarra en ristre, y ahora nos sorprende con su saga de novelas, que a buen seguro darán que hablar pues calidad y entretenimiento no le faltan.

Iván Montero es un escritor con muchas ganas, y tal vez sea heredera la ilusión de saber que tiene algo grande y bueno entre sus manos.
Pregunta: En estos momentos de desencanto y dificultad generalizada, y con lo difícil que es publicar, de donde sacas fuerzas para escribir una obra tan extensa como la que tienes entre manos? Y teniendo en cuenta que seguramente aún no vivas de la escritura.
Respuesta: Precisamente por vivir estos momentos tan difíciles para la inmensa mayoría de nosotros, aquella parte que reside en nuestro interior y que, en definitiva, es la que nos hace Vivir —debería ponerse en mayúsculas—, ha de ser escuchada y atendida; el resto son horas robadas que de nada sirven si no es para pagar nuestras deudas y no quedar excluidos de este despiadado sistema. Educar a un hijo y compartir nuestro tiempo libre con él, reunirnos con nuestros amigos, familiares o amantes, tocar un instrumento o, incluso, leer un libro son, en definitiva, la vida, porque nos aportan alegría y nos hacen sentir, por un brevísimo instante, tal vez, libres.
Esta crisis, casi frivolizando, se puede reducir a un sacrificio —impuesto— de estos pequeños momentos en favor de los otros (los que nada más que dinero nos prestan).
Pese a todo, por suerte o por desgracia, parece ser que ésta es la idiosincrasia de este país, pues Cervantes ya hizo mención a ello en el Quijote cuando escribió algo parecido a: ‘año de hambre, año de poesía’. ¡No hemos cambiado tanto!
En cuanto a mí, la trama de esta obra se fue fraguando en mi mente durante varios años (largas horas de viaje de casa de mis padres a la universidad o, más tarde, hasta en el trabajo). Lo cierto es que no me planteé si era extensa o no: me gustó y sentí la necesidad de escribirla. Ése era el primer paso: pasar de la idea a la palabra, de la palabra al hecho. El resto —edición, críticas y un largo etcétera que aún ha de llegar y que desconozco— no había entrado, entonces, en juego. Al fin y al cabo, cayendo en el tópico, escribir es una carrera de fondo en la que, como en todo, se ha de disfrutar del trayecto sin pensar en la meta.
Así pues, por mi parte, he tenido la gran suerte de tener que sacrificar únicamente horas de sueño para dedicarme a escribir.
Pregunta: Lo de escribir te ha acompañado siempre o surgió en algún momento de tu vida? Cuál es tu formación, te consideras autodidacta?
Respuesta: Desde siempre, me he dedicado a soñar, a inventar historias y a contarlas, con la única intención de entretener a mis oyentes; ¡he sido bastante payaso, afortunadamente!
Siendo bastante joven, me inicié en el solemne mundo de la poesía —simples trazos que rimaban, sin métrica ni estructura alguna—, con el claro propósito de plasmar, sobre papeles clandestinos que fueron a parar al olvido, las frustraciones amorosas de un adolescente.
Recuerdo, sin embargo, el momento en el que me dediqué a escribir la primera página de ‘El Lamento de Aasm’, cuando éste aún no tenía ni título. Por aquel entonces, me encontraba estudiando Matemáticas —en concreto, la asignatura ‘Historia de las Matemáticas’—, cuando el profesor resaltó —con halagos que, aún hoy, considero exagerados— mi particular forma de escribir. Aquello me hizo pensar: «¿y por qué no?».
No obstante, escasa fue la dedicación que le di, pues viré hacia las odas y los sonetos sin contemplación alguna, posiblemente para tratar de camuflar mis enormes lagunas en el arte de tañer la guitarra; que, por aquel entonces, también emergía en mí.
Pese a haber estudiado carreras de ciencias (Estadística y Matemáticas), siempre disfruté con una novela entre mis manos, un poema el-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-i-330en mi memoria y los versos de alguna buena canción tarareados entre mis labios. Eso, haber atendido (nunca como hubiera debido) a mis profesoras de literatura y lengua castellana (en la EGB y en el instituto) y el haber sentido la necesidad de leer y observar la estructura de los clásicos —y de los que no lo eran tanto— han sido el único aprendizaje con el que he contado para escribir como lo hago. Supongo que sí soy autodidacta, o, tal vez, mediocre alumno a distancia de los grandes escritores, poetas y cantores.
Pregunta: Ha salido ahora la versión ebook de “El Lamento de Aasm”, la primera parte que ocupa dos volúmenes. Para cuándo el libro impreso. Por qué no sale todo junto, acaso la gran promoción será para 2014?
Respuesta: Mi idea primera era que ‘El Lamento de Aasm I. El Triángulo de Gnurk’ hubiera sido editado en un único volumen. Sin embargo, su enorme extensión obligó a que éste fuera dividido en dos partes. Por fortuna, su estructura facilitó esto, pues se compone de dos libros.
Habiendo hablado con mi editor, acerca del asunto, parece ser que el formato papel sí será lanzado como un único tomo; algo que, debo confesar, me agrada enormemente, dado que así fue concebido en origen.
Realmente, tengo grandes expectativas en cuanto a la promoción de la novela que el año próximo promete. Poco puedo decir, sin embargo, en cuanto a esto; sólo que ansío embarcarme en esta aventura que va a representar, para mí, una experiencia sin parangón hasta ahora.
Pregunta: Crees que editoriales como Amarante son el nuevo modelo editorial que habrá que tener en cuenta? Te planteaste autopublicar ahora que hay facilidades para ello, cuál fue la clave para no lanzarte en solitario a Amazon u otros?
Respuesta: Editoriales como Amarante demuestran, con hechos, que apuestan por la literatura y no por un nombre.
Para un novel, resulta extremadamente difícil y arduo lograr que alguien con decisión y criterio se decida a estudiar su obra. Hasta ahora, nos hemos encontrado en un sistema en el que sólo importan los grandes beneficios y, por consiguiente, no se ha prestado atención a aquello que, a priori, sólo aporta costes —comprensible, por otro lado—; perdiendo, de este modo, la oportunidad de hallar enormes joyas literarias y, asimismo, la propia naturaleza de lo que debiera ser una Editorial.
Quiero hacer referencia a John Kennedy Toole, junto con su ‘La conjura de los necios’, y a J.K.Rowling, autora de la saga de ‘Harry Potter’, por ejemplo. Son autores que hubieron de luchar mucho para lograr que sus obras vieran la luz (cosa que no sucedió con Toole, que, ante tanto rechazo, terminó suicidándose y hubo de ser su madre quien tomara el relevo). ¿Quién puede asegurar que no hay obras de autores como ellos, que, lamentablemente, no han podido gozar de este final?
La existencia de estas editoriales —mal llamadas modestas— es la que permitirá —si no lo hace ya— que los lectores sigamos disfrutando de majestuosas obras. Pensemos, además, que esto repercutirá también, favorablemente, en otros aspectos artísticos como son el cine o el teatro. Con seguridad, serán ellas las que lograrán que el mundo de la literatura no termine como el de las discográficas: engrillado a la decisión de unos pocos que sólo buscan un rostro bonito y una voz de encanto sin aportar nada nuevo. ¿Te imaginas a Bob Dylan o a Joaquín Sabina tratando de abrirse un hueco en el mundo de la música, hoy en día? Pues ésa es la solución que aportan editoriales como Amarante para la literatura.
Poco antes de terminar mi primer volumen, estuve indagando en el mundo de la autoedición, pero temí que con ello me saltara un paso de los más importantes; yo no quería simplemente el fin para mi obra: verla publicada. Deseaba, además, ponerla a prueba anteel-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-ii-330 un tercero —profesionales—, convencerme de que sí valía la pena ver mi libro en el estante de una librería o colgado en una página web de venta online.
Al fin, mi obra ha logrado esto. Ahora, habrá de ser el lector el que juzgue el resultado de tantas horas de trabajo.
Pregunta: Cómo es tu vida a diario? Barcelona puede ser un buen lugar para catapultarte en un futuro, te relacionas con otros escritores o con personas del sector?
Respuesta: Durante más de una década, me he dedicado —y lo sigo haciendo— a una rama profesional que poco o nada tiene que ver con la de ser escritor: analista-programador informático. Desde hace ya varios años, procuro, sin embargo, escribir cada día, al menos, una página completa de mi libro; siempre robando tiempo al tiempo para dejar constancia de que esa jornada ha sido bien empleada. En ocasiones, al llegar a casa o por correos o mensajes, suelo atosigar a mi pareja —la cual es uno de los pilares fundamentales que me permiten escribir con la ilusión con la que lo hago— con ideas variopintas (indescifrables muchas veces para ella, pues trato de no estropearle las sorpresas que esconde la novela; dado que es la primera lectora con la que me topo) o frases absurdas al estilo de: «¡Ya lo tengo! Ya sé cómo va a continuar… ¡Verás!». Asimismo, no pasa una jornada, tampoco, sin que lea —o relea— noticias, blogs, parte de un libro o, incluso, el prospecto de un medicamento: siempre se ha de buscar esa palabra nueva que derivará en una inesperada situación de la novela que, sin ella, no se me hubiera ocurrido.
Vivir en una ciudad tan destacable y cosmopolita como lo es Barcelona puede ser, indudablemente, una muy buena forma de explotar una obra de cualquier tipo. Sin embargo, hoy, gracias a las redes sociales —a las que, debo decirlo, siempre he sido reacio—, poco importa ya dónde viva uno para tener acceso a los contactos profesionales adecuados que ayuden a promocionar un buen trabajo.
Pregunta: Háblanos de tu libro, “El lamento de Aasm.”
Respuesta: En principio, debo decir que es una historia extensa —actualmente la englobo en cuatro volúmenes como el que presento; esto es, en ocho libros— de la que sólo conozco lo que podría denominar ‘su estructura ósea’; es decir, los grandes rasgos de la obra.
Poco a poco, según he ido rellenando hojas, los personajes, sorprendentemente, han ido tomando sus propias decisiones y yo, tecleando, sólo he tenido que seguirlos hasta darme cuenta de que han abierto un abanico —doy mi palabra de que esto es así— que ha dado cabida para que nuevos decorados, actores y situaciones tengan lugar en la novela. Lo que más me ha llamado la atención es que todo está correlacionado de forma sorprendente, dejándome a mí como puro cronista de los acontecimientos. Esto, posiblemente, se debe a que todos y cada uno de ellos poseen un pasado —omitido o no en la obra— y unas filias y unas fobias que los definen unívocamente en mi mente y que, indudablemente, les hacen reaccionar del modo en el que actúan. Esto me hace saborear de manera especial la creación de este libro; pues me siento como el primero de los lectores, con la particularidad de que puedo modificar algunas características de la trama.
Paralelamente, trato de resaltar aquello que más me gusta y procuro mejorar —tras incontables lecturas y en la medida de lo posible— los puntos que se me antojan más débiles (a excepción del capítulo ‘Preludio’, que lo he releído decenas de veces y no he logrado hacerlo menos descriptivo).
Asimismo, el hecho de haber dibujado un mapa de la tierra de Aasm me facilita, enormemente, el ubicar razas, gestas y acontecimientos en la novela. Es como realizar un examen de historia; con la salvedad de que el contenido lo voy inventando yo.
Por otro lado, se encuentran los lenguajes: una de las partes más complejas de este proyecto. Algo que, pese a que algunas reglas ortográficas ya han quedado resueltas en dos de los ficticios idiomas, no sé si alguna vez lograré sacar a la luz como apéndice para lograr interpretar las frases que aparecen a lo largo de la obra. Esto ha generado la existencia de ciertos nombres que, para muchos, han representado una complicación en la lectura y que me ha hecho colgar un pequeño diccionario de los principales personajes en mi blog.
Pregunta: Por qué una obra tan extensa?
Respuesta: Lo cierto es que en ningún momento me planteé la extensión de la obra. De un modo u otro, la idea se fue fraguando en mi mente y, lentamente, decidí plasmarla sobre el papel. Cuando comencé a ver que las páginas se acumulaban del modo en el que lo han hecho, sí me di cuenta de que aquello podía jugar en mi contra —para un autor novel, ofrecer una obra tan magna representa un hándicap importante; pues el coste de edición es proporcional al tamaño de la obra—. Sin embargo, he tenido mucha suerte al dar con editorial Amarante, que no han dado demasiada importancia a esta característica.
Pregunta: Qué destacarías como lo más positivo de la novela?
Respuesta: Dar una respuesta a esta pregunta, siendo yo su autor, es bastante difícil.
Sin embargo, si debo destacar un detalle, creo que me decantaré por el protagonismo que las mujeres poseen en la obra; algo que echo de menos en ciertos libros de este género y que considero no bueno, sino fundamental. La vitalidad y ese punto de vista que ellas tienen tan optimista y generoso de las situaciones adversas —y que tanto nos cuesta explotar a los hombres—, creo, aportan una esencia característica y agradable en la novela.
eslogan IvánPregunta: Creo que es difícil encuadrarla. Ni fantasía ni historia. Medievalismo-ficción?
Respuesta: El entorno medieval que Europa vivió a lo largo de su historia ha sido el marco perfecto para muchos relatos ficticios. Creencias que a día de hoy nos parecen simples supercherías de un tunante fueron seguidas a pies juntillas por naciones enteras (donde los poderosos no quedaban rezagados en tales doctrinas supersticiosas). Esa ignorancia generalizada, esos miedos y ese salvajismo ayudan enormemente a caracterizar a muchos personajes del género fantástico. La magia, en innumerables casos, no ha sido más que ciencia desde el punto de vista de la incultura más pertinaz. Supongo que por ello los escritores del género nos sentimos cómodos desarrollando estas obras bajo este marco político-social o uno similar.
En ‘El Lamento de Aasm’, he tratado de pormenorizar —hasta donde mis conocimientos me lo han permitido— cierta realidad, incluyendo su crudeza, desde un punto de vista de esa época. Por ejemplo, en las heridas que las armas ocasionan a los personajes o en las enfermedades que sufren, así como sus remedios, o, incluso, en las obras arquitectónicas que describo. Asimismo, también es tangible una jerarquía de clases —reyes, señores feudales, militares, plebe…—, desde la que se respira el autoritarismo de los gobernantes. Por consiguiente, puedo decir que, en efecto, existe cierto medievalismo en mi libro.
Dicho esto, ya sea por ciertos poderes extraños que algunos personajes poseen (los Siervos, las gnurkyah, etc.) y/o por esas extrañas razas que van a ir aflorando a lo largo de toda la novela, el género fantástico aparece, indiscutiblemente también, en ella.
Si tuviera que diseccionar el libro según su género, diría que, para la primera mitad, el medieval se impone en la obra para ceder su hegemonía al fantástico, en la segunda.
Pregunta: Y las influencias? Habrá algo más, imagino, aparte de “El señor de los Anillos”?
Respuesta: Por supuesto. Es evidente que cualquier libro que se escriba de este género, inevitablemente, va a ser comparado con la obra de Tolkien —y eso, indudablemente, es un halago y un peligro; pues es una auténtica obra maestra—. No obstante, es también ineludible —y sano— el hecho de dejarse influenciar por otras obras. En mi caso, vienen a mi cabeza varias. Podría mencionar ‘Los Pilares de la Tierra’ de Ken Follet, dada la crudeza que utiliza para describir ciertas miserias, ‘El Médico’ de Noah Gordon, por su excelente forma de narrar los profundos desconocimientos médicos (aludiendo a la respuesta anterior) de la sociedad de aquella época o, incluso —pese a que parezca complicado relacionarlo— ‘La Ilíada’ de Homero; dada la dinámica con la que cuenta los enfrentamientos de las batallas.
Asimismo, debo decir que Tolkien —tal como él mismo afirmó en alguna de sus muchas cartas— se identificaba con los hobbits; pues amaba los jardines, la buena comida sencilla y no viajar. Eso mismo se respira en su obra, pues todo sucede contra la voluntad de sus protagonistas; que viven a una serie de situaciones ansiando no tomar parte en ellas. En mi caso, podría decir que me identifico más con los magos; pues parece ser que —no sólo en mi vida personal, sino en la obra que he escrito— los personajes tratan de acudir, por diferentes causas, al meollo de los conflictos. Supongo que ésa es una de las muchísimas diferencias entre ambas obras. Al fin y al cabo, ‘El Lamento de Aasm’ es una novela de magos.
Pregunta: Si tuvieras que definir “El lamento de Aasm” con dos o tres frases, por cuales te decantarías?
Respuesta: Posiblemente, haciendo referencia a la pregunta anterior, diría que, al margen de ser la típica batalla del bien contra el mal —donde no termina de quedar claro qué es cada una de estas interpretaciones éticas, pues existe la relatividad que aporta el punto de vista desde el que se contempla cierta situación—, es un cuento de magos, con sus consecuentes cambios de ritmo —así como ellos trocan entre la risa y el enojo alternativamente— y sus anhelos por someter o eximir Aasm a su voluntad.
Pregunta: Indícanos un párrafo breve de la novela que pueda enganchar al lector a esta magna obra.
Respuesta: Es bastante complicado dar una respuesta que pueda atraer a los lectores, pues, en muchas ocasiones, no terminan de coincidir o, incluso, poseen apreciaciones antagónicas acerca de una misma lectura.
Personalmente, considero que el siguiente párrafo —extraído del capítulo I de la segunda mitad— defina el origen de la trama que rodea y da sentido a ’El Lamento de Aasm I. El Triángulo de Gnurk’:
[…]
La imagen de lo que contempló provocó que un grito de espanto, apagado por los nervios, muriera entre sus labios mientras la ahogaba durante unos instantes: su hermano, desnudo, se encontraba a cinco o seis metros de ella, fuera de la protección del fuego y de las grandes rocas entre las que habían descansado a lo largo de toda la noche, detenido sobre la densa capa de nieve y sentado a los pies de una inmensa bestia cuya raza Giurka jamás había contemplado en toda su vida. Se trataba de un enorme lobo huargo. Sus ojos, ocres como el mismísimo ámbar, se clavaban fijamente sobre el pequeño mientras su ronca respiración provocaba el ruido que, al principio, había logrado alterar sus sentidos.
De nuevo, la presión de Alheix logró aplacar el impulsivo movimiento que su cuerpo solicitaba para ponerse en pie.
— ¡Fijaos bien en lo que estáis viendo, Giurka! —susurró el mago a su lado, sin dejar de sujetarla.
Fríamente, Giurka comenzó a estudiar la situación. Su hermano, sentado sobre la blanca superficie, ni lloraba ni hacía ningún gesto que denotara impaciencia o malestar. Tampoco observó indicio alguno de que se encontrara divirtiéndose; como cualquier bebé que jugase con un perro. Simplemente, estaba sentado y observaba a la bestia con serenidad; si esa característica podía ser entendida en un niño de escasos tres meses.
Por su parte, la bestia había adoptado una actitud que no parecía, en absoluto, peligrosa. Quizá se equivocara, pero, a la Señora de Gnurk, le pareció que aquel animal estaba rindiendo pleitesía al pequeño: a su propio hermano. […]
Cuando llegó, su mirada se cruzó con la de Alheix. Tal vez, la mujer se estuviera equivocando o, incluso, los nervios que había pasado estuvieran ofuscando su percepción de la realidad. Sin embargo, la sensación que tuvo fue que, al Hilven, aquello no le había desagradado tanto como ella hubiera deseado. Incluso pensó que, durante un instante, en la mirada del mago se había mostrado una fugaz sonrisa.
[…]

Pregunta: Puedes expresar lo que desees sobre tus preferencias, aficiones, pensamientos, ideas, etc. Y agradecerte que te hayas prestado amablemente a esta entrevista.
Respuesta: Creo que esta es, sin parangón, la pregunta más difícil que me haces. Aquéllos que me conocen saben, además, que puede ser contraproducente, dado que, según afirman —y debo creerlo—, si me permites expresarme coloquialmente, me enrollo sin parar.
Quisiera haceros saber, sin embargo, que, indudablemente, las expectativas que sobre esta obra deposito son enormes, pues, aunque muchos puedan llegar a opinar que es mejorable en muchísimos aspectos, he de reconocer que, tras haberla releído en más de diez o quince ocasiones, siempre la he disfrutado y la he vivido como si estuviera escribiéndola en ese mismo instante. Es decir, no ha habido ocasión en la que me haya dicho: «Iván, has escrito un tostón». Más bien, ha sido todo lo contrario; pues ha mantenido el mismo espíritu que quise cincelar en ella cuando la fui urdiendo. Sólo espero que los lectores la disfruten tanto como yo la he saboreado durante tantos años de trabajo.
Asimismo, reconozco que, para aquel grupo de lectoras y lectores que les guste indagar en las frases y en sus ambiguos significados, he ido volcando pensamientos e ideas que, en efecto, son bastante personales —creo que es muy complicado que un autor pase de puntillas sobre una obra sin hacerlo; al menos, yo no he podido—. Sin embargo, estas ideas pueden ser entendidas —o malentendidas— por cada uno a su gusto y libre albedrío; no voy a ser yo —que me he caracterizado siempre por pensar que es el lector el que posee la hegemonía de la interpretación de la obra— en decir qué he querido decir con cada una de estas expresiones.
Durante estos últimos meses, me he ido introduciendo en la creación de la segunda parte de ‘El Lamento de Aasm’. Tal vez, llegue el momento en el que pueda dedicar más tiempo a su desarrollo. Sin embargo, sea como fuere, nadie podrá impedir que un paternal orgullo se haya instaurado en mi interior cada vez que veo la obra de la que ahora hablamos.
Con esto último, deseo animar a todas aquellas personas que hayan arrinconado sus más idílicos —o no tanto— proyectos, por falta de tiempo o recursos, a que desempolven sus ajados relojes para sacrificar unas pocas horas de sueño cada día y entregárselas a eso que, al fin y al cabo, es lo que va a sacudir de sus solapas la mancha gris de la mediocridad del sistema que nos atenaza.
Antes de terminar, vuelvo a agradecer a todo el equipo de Editorial Amarante, tras él, hay un grupo de profesionales que se esfuerzan a diario por lograr que obras como la mía estén al alcance de todos—, a mi familia y a mi pareja; sin la que, como ya he escrito en algún lugar del libro, ha ido enardeciendo a este Triángulo de Gnurk.
Espero que ya sepáis qué libro/ebook regalar para estas fiestas; al fin y al cabo, no hay nada como regalar sueños.

Podéis encontrar el ebook en la web de Editorial Amarante o en amazon: http://editorialamarante.es/ebooks/ficha/el-lamento-de-aasm-el-triangulo-de-gnurk-libro-i

Eladio Martín, para “Crítica de Libros”
Diciembre, 2013

 

UNA LECTURA URGENTE

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Revolució sense enemics

Revolución sin enemigos
Revolució sense enemics
Daniel Gabarró Berbegal y Jaume López Hernández
Ed. Boira, 2013, 177 págs.
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por Anna Rossell
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Creo que fue Charles Bukowski quien dijo que intelectuales eran aquellos que expresaban cosas sencillas de manera complicada mientras que artistas eran quienes transmitían lo complicado de modo sencillo. Daniel Gabarró y Jaume López son en este sentido verdaderos artistas, son maestros. Pues magistral es este libro que ve la luz en un momento tan propicio como el que están viviendo no sólo España, sino también otros países europeos y todos aquellos que sufren las consecuencias de un sistema de construcción de Estado que se sustenta sobre nuestro modelo. Magistral en el sentido más genuino de la palabra, porque sus autores –como sucede siempre con los verdaderos maestros- hacen gala de una gran capacidad pedagógica.

Basándose en la firme convicción de que la verdadera democracia –abierta, universal y realmente representativa- es posible, los autores elaboran con este libro una herramienta eminentemente práctica para aclarar las dudas que con más frecuencia asaltan al ciudadano de a pie. Abordan así temas supuestamente complejos como son aspectos básicos de la economía, el papel de las multinacionales, el de pequeñas y medianas empresas, del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, los rescates económicos y el endeudamiento, desmontando en un momento las falacias instaladas en la sociedad por unos medios de comunicación al servicio de los llamados mercados, que inoculan temor por desconocimiento y frenan así iniciativas ciudadanas que impulsen alternativas. El libro es pues altamente recomendable para quien desee aclarar ideas y participar en la construcción de un nuevo modelo de sociedad. Y una de sus virtudes principales es que está escrito en un lenguaje absolutamente transparente y sencillo, para lectores de todo tipo, edad y condición. El libro es un ejemplo en sí mismo de lo que defiende: es auténticamente democrático. De su lectura, que es muy fluida y rápida, se sale más cívico, más instruido, “mejor persona”, como dice el poeta Felipe Sérvulo de la poesía, y motivado. Tan sencillo parece cambiar el mundo, que casi se diría que su contenido es de una simplicidad maniquea.
Sin embargo el libro no es ni simple ni maniqueo. Gabarró y López tratan temas complejos con la sencillez de los sabios y dan al libro una estructura eminentemente didáctica que forzosamente reclama un esquematismo al que obliga una orientación básica de lo más esencial, un esquematismo que ellos reconocen y que urgen a romper y enriquecer con información complementaria y posibilidad de participar en debates en Internet: www.sinenemigos.org, o www.senseenemics.org. Sólo es capaz de dar esta visión panorámica, pero esencial, de la problemática quien se ha documentado a fondo, quien es sensible a los problemas de la mayoría y quien sabe a qué se enfrenta el mundo globalizado y ecológicamente amenazado. Y sin embargo, nos dicen, es sencillo cambiar el mundo. Y salimos de la lectura pensando que verdaderamente lo es.

Retomando lo mejor de las tradiciones cristiana y marxista y basándose en España, los autores diagnostican como estructural la crisis cíclica inherente al sistema capitalista vigente en el mundo llamado occidental y ponen en evidencia las malignas consecuencias de él derivadas para la inmensa mayoría de la población nacional y mundial, un sistema que gira en torno al dinero dejando en lugar marginal a las personas. Su propuesta radica en algo tan sencillo como en la inversión de los términos. Y a partir de aquí van deconstruyendo, uno a uno hasta el final todos los hitos de una enfermedad crónica que ha demostrado con creces su inutilidad para satisfacer las necesidades de la mayoría de los/las ciudadanos/as del mundo. «Revolució sense enemics», «Revolución sin enemigos», llama las cosas por su nombre, desenmascara el fraude de los llamados mercados, pone en evidencia la economía especulativa y contrapropone con ejemplos concretos y claros una economía productiva.
El libro, que pretende una verdadera revolución pacífica, se estructura en seis partes: 1) De qué va este libro y quién debería leerlo, 2) Diagnóstico, 3) Remedios que no curan o cómo apagar incendios con gasolina, 4) Soluciones a nuestro alcance, 5) Su posición personal, 6) Algunas ideas clave para terminar. Su pragmatismo es evidente.

Un libro necesario y urgente, nacido de un caldo de cultivo que empezó a fraguarse con el Movimiento de los Indignados del 15 M y que con tan buen tino han sabido canalizar Teresa Forcades y Arcadi Oliveres en Cataluña con su iniciativa del Procés Constituent: http://www.procesconstituent.cat/ca/ (Proceso Constituyente). El espíritu que emana del libro está en perfecta sintonía con el Procés.

Escrito desde la honradez más manifiesta, y con la intención de difundirse al máximo, se puede bajar gratuitamente de Internet:
http://es.scribd.com/doc/131695865/Revolucion-Sin-Enemigos
http://sinenemigos.org/index_files/revolucio_sense_enemics_ed2_ebook.pdf

En la misma línea, y también gratuito: Vicenç Navarro, «Hay alternativas»:
http://www.vnavarro.org/wp-content/uploads/2011/10/hayalternativas.pdf

© Anna Rossell

UNA TEORÍA POÉTICA DE LA EXISTENCIA

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Josep Anton Solvevila

El mur de Planck

Premio Octubre de Poesía

Poesia 3 i 4, Valencia, 2013, 48 págs.

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por Anna Rossell Ibern

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Dividido en tres partes –Fin de trayecto[1], de quince poemas más uno introductorio, no numerado; Estación de salida, de catorce, e In itinere, de tres-, Josep Anton Soldevila (Barcelona, 1949) compone un compendio de filosofía, a partir de una profunda mirada introspectiva.

Como dan a entender los intertítulos, se trata de un viaje metafórico, que hace el sujeto poético -el camino de la vida- desde que forma parte del universo como ser vivo y de la misma reflexión que sobre la vida emprende la voz poética en el poemario.

Haciéndose eco de El caminant i el mur (El caminante y el muro), de Salvador Espriu, Soldevila emprende una meditación que es, como escribía aquél, el viaje del «poeta, huésped inexperto de la vida, siempre en exilio a lo largo del tiempo difunto». Porque una de las constantes de la poesía de Soldevila es el exilio, el éxodo, la frontera, el poeta es un viandante por tierra inhóspita, yerma, un caminante, el horizonte es un no- horizonte -el muro-, aquél que para el poeta de la Pell de brau (La piel de toro) era la muerte y la incomunicación. De modo similar a Espriu, Soldevila, que además quiere añadir con el título de El muro de Planck una connotación científica a su escritura, toma el muro como metáfora del final de la existencia o como una imposibilidad de ir más allá, inherente a la vida misma, lo que la conforma de manera dialéctica.

El poemario es la culminación de una trilogía compuesta por El libro de los adioses (La Busca), Desde el desierto (In-VERSO) y El muro de Planck (3i4), un itinerario reflexivo hacia el interior, que el poeta aborda a partir de una dolorosa y traumática experiencia. El resultado es una visión ácida, poco esperanzadora de la existencia humana.

El primer poema de El muro de Planck , de carácter introductorio, en el que la voz poética parece debatir con Dios sobre la creación del Universo, nos da la pauta de lo que nos espera: » Dices / que en el principio era el silencio. / y yo, / que en el principio, / a este lado del muro, / las horas sueñan que el tiempo retrocede / y se sienta a esperarte. / / […] // en los ojos abismados hacia al inicio / las carreteras son selvas domadas, / cebos que guían al Paraíso. // Pasé por allí una vez, / camino de Barcelona». El muro separa a Dios de su supuesta criatura, que da cuenta de que el Paraíso es un cebo y que ella misma no es sino un «parpadeo de luz», una existencia efímera, una más del universo. Esta tónica de negación metafísica y de desesperanza domina el poemario -y el periplo del caminante-, que sólo se rompe escasas veces por el espejismo de una felicidad efímera no desprovista de dolor: «No hay llanto ni espina / que no cante la frágil belleza / del instante feliz» (9).

Se desprende del poemario una concepción mecanicista de la existencia, que se refleja en el estilo analítico, a menudo de aseverativa contundencia, de los poemas, que juega con las teorías físicas del relativismo determinista y la cuántica aleatoria de lo que la física teórica conoce con el nombre de Muro de Planck. El trasfondo filosófico sobre el condicionamiento determinista o la probabilidad inexplicable de la actuación humana acompaña constantemente el pensamiento del sujeto poético, que se ve a sí mismo, a veces con la distancia del humor, como un fruto equivocado de la robótica: Vine al mundo con tres giroscopios / de serie. / Uno en la cabeza, el otro en el corazón y el otro en el sexo. / […] //. Era evidente que habría / problemas de coordinación» (6). Esta idea del ser humano como producto errado de la creación se ve reforzada a menudo a lo largo del itinerario poético; haciendo un símil entre la (suprema) fuerza creadora y un magistrado de la justicia leemos: Un juez borracho me condenó:/ A sentir y no saber. / A saber y no sentir » (17).

Como cualquier otro ser de la creación, el humano parece moverse por mecanismos automáticos: Los árboles dicen que sí / a preguntas que nunca les harán. // Es el viento; […]. // También yo he dicho que sí / en la refriega de la tormenta, / y no sabía / cuál era la pregunta» (1). La criatura humana responde maquinalmente a los estímulos, la libertad es una quimera: Sé […] / Que me moveré hacia la chispa / aún ignorando si es de estrella o de fósforo» (6). El funcionamiento del alma y de las emociones son equiparados al de la micromateria: «Como la vibración de los átomos / se hace materia, / el movimiento del alma / se convierte en sentimientos / y  acciones en el hombre» (3). O bien: “Soy una arruga del tiempo, / el capricho de un átomo», pero, salvaguardando con humor la propia dignidad, el poeta concluye: «Pero sin mí no hay Universo» (14).

Sobre la base de esta convicción no hay esperanza, o, si la hay, está oculta: “No hay horizonte, sólo pared / urdida por el invierno. […] // Pareceríamos condenados […] // A caer en el engaño / de esta profunda nieve / que oculta las flores» (7). La voz poética se ve a sí misma como el camino, pero un camino accidental, un episodio: «Soy una desviación / de la carretera, / un camino secundario» (15). El sujeto poético es un eterno exiliado, está fuera de lugar -«Y yo, que ocupo un lugar que nunca será mío, […]»- (25), es un Sísifo condenado a un peregrinaje absurdo: «[ . ..] camino / por las horas que me quedan / sin llegar nunca. // Soy mi propia distancia» (20).

El yo poético se siente arrojado al mundo, desubicado, sin claves para entender la vida, cuando escribe con ironía: «Adiviné la vida / en la mirada negra de los años, […] // fotografié  / los planos, robé / los documentos. // los descifraré / una de estas eternidades» (18). Vive en un estado de angustia existencial constante por la amenaza de los peligros que no comprende, y la tensión que le provoca el deseo de claridad y orientación es el único sentido: «Muero entre los dientes del tiempo; / apenas nacido el sentimiento / ya he de defenderlo del marfil. // […] Trato de hacerle reír, / porque mientras río no me hace añicos / y puedo ver más allá de la oscuridad. // […] // Llegar no con el pensamiento sino con los dedos:/ he aquí el motivo de esta ardiente prórroga» (26). Como único dato orientativo, aprendizaje de la experiencia dolorosa, se manifiesta la propia fragilidad y la seguridad de la aspereza y el sufrimiento de la travesía, de la que el sujeto poético adquiere conciencia en el ecuador de su itinerario vital: «A medio camino supe / que íbamos a la guerra. / Yo llevaba espada de algodón / y flechas de arcilla. // […]» (11) .

Si bien la mayoría de los poemas son autoreflexivos, exclusivamente introspectivos, ocasionalmente la voz invoca un «tú», aquel otro, compañero de itinerario, que da algún sentido: el deseo de conocimiento del otro como aspiración: «[…] / Desenterrar el alma que te nombra, / eso únicamente. […]» (27), o bien: “[…]. / Sucio de pasado, / me gusta / que otros, empapados como yo, / se sienten cerca de mí» (30).

La palabra, como metonimia para referirse al lenguaje, a la comunicación, es uno de los puntales de reflexión para el poeta, un eje en torno al cual algo podría cobrar significado: «¿En qué creemos?, decías. / En la vida y en el juego, / en la palabra y la verdad. / […]» (22), y a pesar del escepticismo de la voz poética, que pone en duda su utilidad como herramienta de comunicación: » Quizás al después de todo, / no eres la palabra que digo, […]» (12), claramente se presenta como la tabla de salvación del yo poético, que cierra el poemario así: […], naufrago dentro de mí / si no fuera por las letras / que conmigo sobrenadan. // […], sé que nada me salvará de la tormenta; / llueve dentro del cráneo y no tengo paraguas” (32).

Además de la mencionada trilogía, Josep Anton Soldevila, escritor bilingüe, ha publicado también los poemarios La Frontera de Cristal (1977), Les paraules que no has après a dir (Las palabras que no has aprendido a pronunciar ) (1985), Un vast naufragi de somnis (Un vasto naufragio de sueños) (1989), Cendres blanques (Cenizas blancas) (1991), Últim refugi (Último refugio) (2002), la antología Poesia Recollida 1985-2000 (Compendio de Poesía 1985-2000), la novela El Nudo (2001) y el libro de cuentos No serà tan fàcil (No será tan fácil) (2009).

El muro de Planck ha sido merecedor este año del Premio Octubre de Poesía .

© Anna Rossell


[1] La traducción de los títulos y citas de los libros es mía (N. d. A.)

TOPOGRAFÍA DEL DOLOR

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Tuya es la voz
Amelia Díaz Benlliure
Los Libros de la Frontera.
El Bardo, colección de poesía, Barcelona, 2013, 68 págs.
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tuya_es_la_voz

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por Anna Rossell
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Hay una poesía tallada con el cincel de la razón, de arquitectura sopesada, construida desde la distancia reflexiva y analítica, y otra esculpida desde la herida abierta, escrita desde la inmediatez del dolor profundo y vivo, que busca en las palabras del poema el alivio que procura el saberlas pronunciadas, ver mitigado el desconsuelo en el momento en que adopta forma y cristaliza en verbo. La poesía de Amelia Díaz Benlliure (Castellón, 1959) pertenece a esta última especie.

«Tuya es la voz» es un poemario dedicado a un ser querido, es fruto de una vivencia personal de la poeta. Sin embargo Díaz sabe encontrar un registro que eleva esta experiencia a la categoría de universal. Así podría decirse que este libro es un homenaje a las víctimas más sensibles de las guerras, los niños a quienes se ha arrebatado el esencial derecho de la infancia, que han visto morir a sus seres queridos y cuyo alimento ha sido el sufrimiento y la frialdad que inocula la ausencia de cariño, la que se respira en un lugar que no es lugar y que marca para siempre la vida.
El poemario es un recorrido por una de estas vidas, que podría ser la de tantos otros de su misma condición. El punto de partida es la agonía, el tormento que, eterno compañero fiel del tú que evoca e invoca la voz poética, protagoniza el tránsito de éste hacia la muerte. La voz poética rememora, desde este punto agónico del invocado, el sufrimiento de toda su trayectoria vital, al tiempo que refleja la infinita ternura que éste suscita en el sujeto poético: “Sus manos contaron memorias/de los niños sin padres/recluidos entre sombras,/en templos profanados/tras el exilio de los dioses”. La lectura es pues un viaje por la topografía del dolor, por todos sus repliegues, pero también por la compasión en el sentido genuino de la palabra, por la sintonía y empatía con quien sufre, nos descubre lo más sensible del afecto humano, nos desvela las claves de la compenetración: “Llenaba la piel de gritos/el susurro gélido de sus años tiernos”. La comunión con el dolor ajeno lleva al sujeto poético a la indignación por la impotencia de quien ve en estas vidas marcadas en su inicio un destino recurrente sin alivio, sin salida: “La injusticia, la ironía/de una cinta de Möbius/inmortal”. La conciencia de lo injusto, extremada a la vista de la aflicción ajena, deviene culpa en la voz poética, una culpa heredada por el dolor causado en todo el universo, como pecado original que, en nombre de la humanidad entera, se manifiesta en forma de oración: “Pido perdón/a los hijos del Hombre,/a los hijos de los hijos del Hombre.//Perdón/por los cántaros vacíos,/por cada cauce desierto,/por infringir los eriales, perdón”. No hay consuelo para el padecimiento, ni catarsis trascendente. Al contrario, la pena se extrema más aún ante la comprobación de que el descreimiento vence sobre la fe, último baluarte de esperanza: “La fe se reía como arena/huida entre los dedos,/cuando se quiere atrapar/un pretexto de esperanza”. O bien: “[…]. Tenías hambre./Sentías miedo./Tenías hambre./Dios no existía. […]”. La experiencia del mal, ejercido por la criatura humana y traducido en dolor para la criatura humana conduce al sujeto poético a la indignación y a maldecir a un Dios en el que tampoco él cree: ¿Y Tú?/¿Dónde estás ahora?/¿Por qué no regresas/para refundar las piedras/y expulsar/a los dueños del mercado?/[…]”. Si bien no hay redención, sí al menos el bálsamo de la poesía para aplacar la angustia de una existencia desprovista de todo: “La eternidad llegó/en papeles que envolvieron/cada uno de los versos/[…].//Ellos fueron, al fin,/[…]//La luz de todos los terrores”.

El poemario, concebido como un único poema, un largo lamento de principio a fin, está dividido en diez momentos poético-emocionales, que ocupan las páginas de la derecha y rememoran la vida del doliente reviviendo el tormento pasado, mientras que en las páginas de la izquierda se compone, en cada caso y en letra cursiva, el poema sobre el correspondiente de la derecha, una reflexión desde el momento actual de la voz poética, que a la vez que rinde homenaje a los más, alza su voz contra la desmemoria, entregando el poemario al recuerdo: “Nos reclaman desmemoria/quienes riegan crisantemos./En vano arrojan guijarros/sobre los úteros vacíos/de la Tierra”. Haciéndose eco de la poesía visual, los poemas juegan a menudo con el diseño de un dibujo, que aporta un componente estético añadido.
De Amelia Díaz Benlliure se ha publicado también en España el poemario «Manual para entender las distancias» (2011).

© Anna Rossell