De la obra de Arquíloco de Paros (mediados del siglo VII a. de C.), que los antiguos celebraron casi tanto como la de Homero, muy poca cosa ha llegado hasta nosotros. Aunque hubiese cultivado también otras formas poéticas (v. Elegías), su celebridad reposa sobre todo en sus composiciones en metros yámbicos y trocaicos.
Más aún: se pretendía que el yambo, ritmo vivaz y discursivo, había sido inventado por él; y al lado de la solemne objetividad homérica, que contenía ya en germen la tragedia, los yambos de Arquíloco, subjetivos, realistas, prontos a la invectiva y al escarnio, pasaban por ser los precursores de la poesía cómica y satírica. Poco podemos juzgar de la grandeza del artista a base de los escasos fragmentos conservados; pero aun así, bastan para revelarnos una individualidad vigorosa, que ve el mundo en función de su propio yo y desahoga en sus versos las raras alegrías y los frecuentes furores suscitados por el choque entre su voluntad y el mundo. Es bastante conocida su disputa con Licambe, que le había negado su hija en matrimonio (por ejemplo, fr. 88); acerca de este episodio circularon entre los griegos numerosas leyendas, y se dijo que el desdichado Licambe, atacado por los yambos del poeta, se había dado muerte de vergüenza al verse convertido en objeto del chismorreo de su ciudad.
La leyenda, repetida también en relación con otros poetas, tiene en el fondo un sentido, en cuanto pone de relieve la eficacia que la poesía puede llegar a alcanzar cuando se emplea como arma personal. Bellos por su fuerza representativa son los tetrámetros trocaicos, en los que a la apariencia arrogante del capitán fanfarrón se oponen el aspecto humilde y el firme corazón del capitán valeroso (fr, 60). No faltan tampoco en Arquíloco tonos más apagados; prudentes reflexiones sobre la moderación de los deseos (fr. 22) o sobre la omnipotencia divina (fr. 58); observaciones de fenómenos naturales (fr. 56 y 74 con alusión al eclipse solar del año 645 a. de C.); viriles exhortaciones a sí mismo en vivo diálogo con su propio corazón agitado por las preocupaciones (fr. 67 a); breves rasgos descriptivos, que presentan con admirable evidencia la inhospitalaria isla de Tasos, erizada de selvas como el lomo de un asno (fr. 18) o a una doncella alegre por el don de un ramo de rosas (fr. 25). En su capacidad de expresar un afecto, incluso violento, con límpida sencillez, evocar una figura o un paisaje con pocas palabras sugestivas y dar concreción y fuerza comunicativa al pensamiento, parece residir la característica principal del arte de Arquíloco.
A. Brambilla
Posee gran vigor de expresión, conceptos fuertes, breves y vibrantes, mucha sangre y mucho nervio; de modo que, según el parecer de algunos, si logra menores resultados que otros, la cusa está en la materia que trata, pero no en su talento. (Quintiliano)