O de Uno o de Nadie, Luigi Pirandello

[O di uno o di nessuno]. Comedia de Luigi Pirandello (1865-1936), escrita en Berlín en 1927 y representada en Nápoles en 1929.

Carlino Sanna y Tito Morena son dos amigos insepa­rables, que poseen en común el piso amueblado, el empleo y también la amante, la humilde Melina, que ya los servía dócil­mente en Padua en la época estudiantil y que ha accedido a seguirles a Roma con fidelidad incapaz de escoger durante aquel servicio alterno que para ella, ex mercenaria del amor, representa casi una redención.

Las cosas van como una seda, los dos jóve­nes están convencidos de haberse construido un altar de felicidad dentro de una beati­tud animal y sin preocuparse del escándalo, cuando he aquí que estalla el huracán: Melina está encinta… ¿y quién de los dos es el padre en aquella sistemática mezcla de sangre? Nadie sabe decirlo.

El abogado Mer­letti — amigo de Carlino y de Tito — entre veras y burlas les sermonea sobre la impre­visión de los dos amigos cortos de vista que habían armado aquella especie de tinglado en las mismas barbas de la naturaleza. Pero el orgullo de los dos hombres no tolera el equívoco: que el niño sea mandado a la Inclusa y el pacto irá continuando; si la madre se obstina, no podrán aceptar en común la estúpida y humillante incertidumbre.

Ayudarán con la cuota habitual, pero desde lejos. Melina se opone con los argu­mentos más tiernos y humildes: «Vosotros no sabéis quién es el padre, pero todos sabe­mos que la madre soy yo». Melina da a luz una criatura, y los dos jóvenes, conver­tidos en enemigos irreconciliables, se mantienen alejados y se acusan mutuamente; tan sólo aparecen juntos cuando la pobre Melina está a punto de morir víctima de la angustia de saberlos convertidos en enemi­gos y del trastorno fisiológico causado por haberse levantado de la cama algunos días después del parto.

Los ilusos, que creyeron poder relegar la función de la mujer a la bajeza de la materia, ahora la sienten elevada a su más alta cumbre y se dan cuenta de que la paternidad es un patrimonio indivisible lo mismo que el amor, del cual es su coronamiento.

Y a causa de este nuevo sentimiento Car lino y Tito, que se habían peleado ante el cadáver de Melina y se habían disputado el niño con la ferocidad en la mirada, ceden inmediatamente a la proposición de un tal señor Franzoni, al cual se le ha muerto un niño hace poco, de adop­tar y educar al huérfano.

El fin de la pesa­dilla, por medio de este expediente, gracias al cual ninguno de los dos usurpa ya un derecho imposible de dividir, cesa con la reconciliación a los pies de la muerta. ¿Hay conclusión en este drama que el autor llama comedia por la ironía con que fustiga a los inconscientes personajes? Sí: a la manera griega.

La vida moral, perturbada en su esencia psíquica, se restablece en la solem­nidad de la lección solamente a través de la catástrofe, por medio de la cual la natu­raleza, ofendida en sus leyes, ha castigado y perdonado.