Novela de la escritora italiana Neera (Anna Radius Zuccari, 1846-1918), publicada en 1886. Es la melancólica historia de una muchacha provinciana que ve agostarse su propia juventud y esfumarse su sueño de amor. Entre el padre autoritario y rudo y la madre débil y cariñosa, que vive pasivamente, Teresa es la imagen viva de la abnegación femenina y de la consagración total a los deberes familiares.
A los 18 años se enamora de Egidio, que la quiere y tiene intención de casarse con ella; pero él es un joven sin posición, y el padre de Teresa, preocupado solamente de conseguir que su único hijo varón consiga un título, niega la dote a la hija y quiere obligarla a casarse con un rico pretendiente campesino. Teresa no consiente una boda sin amor, y espera a Egidio, el cual, una vez hecho su doctorado, trabaja en el despacho de un abogado. Pero el joven, espíritu generoso y entusiasta, mira ahora a fines elevados; se ocupa de política y va a Milán, donde se dedica al periodismo, sin lograr ponerse en condiciones de asumir la responsabilidad de una familia. Los años pasan, Teresa pierde la juventud; los padres mueren; las hermanas y el hermano siguen cada uno su propio camino, sin darse cuenta del íntimo drama de aquella que consideran nacida sólo para el sacrificio.
Después de haber asistido en los últimos años a su padre paralítico, Teresa se entera de que el hombre al que ella ha permanecido fiel toda su vida está solo y gravemente enfermo; marcha a Milán, haciendo caso omiso de la maledicencia de las gentes del país, y lo asiste con un puro amor, satisfecha por lo menos de ser la consoladora de aquel con quien no pudo compartir las alegrías de la vida y de la juventud. La novela, que es una de las mejores de Neera, logra una feliz fusión de los climas interiores y de los ambientes externos, captados con todas las angustias del pequeño mundo provinciano. La figura de Teresa aparece definida certeramente en su renuncia, en su paso a la madurez, ahora «despersonificada, con los ojos negros en los que muere el esplendor de la mirada, con aquellas manos que van tomando el color de la cera». En la base de la novela de Neera no hay un fondo pesimista, ni una idea moral y edificante que convierta a los personajes en modelos de virtud ejemplar, sino más bien el fluir espontáneo de la vida misma, que se manifiesta y pulsa en la afanosa búsqueda de ideales puros, que es lo que interesa líricamente a la escritora.
E. Grasso
Sus novelas no son construcciones conceptuales; sus personajes no pretenden edificar con la ejemplaridad de sus acciones; se limitan a vivir. Ninguno de ellos podría ser canonizado como santo… incluso la dulce Teresa está agitada por inquietos apetitos fisiológicos y se siente abatida por convulsiones histéricas. Sus personajes no son los tipos almibarados que suelen aparecer como protagonistas en los cuentos morales. (B. Croce)

