Teatro de los Diablos, Siegmund Feyerabend

[Theatrum diabolorum]. Enciclopedia satiricomoral ale­mana, publicada por el escritor Siegmund Feyerabend de Francfort en 1569 y escrita por diversos colaboradores, entre ellos Spangenberg, Rhode, Musculus, Musaeus, etc., la mayor parte en prosa, pero con versos intercalados e ilustrada con grabados.

Es una obra típica de la Reforma (v.) e inspi­rada en el clima espiritual creado por Lutero en religión y en moral. La creencia en el Diablo (v.) como espíritu del mal en gene­ral había estado viva en toda la Edad Me­dia. Entonces, con la decadencia de la gran unidad de fe medieval y con la aparición de los vicios sociales, comenzaron las discu­siones sobre el pecado, las culpas fueron representadas en la sátira literaria como «locuras» del género humano (o sea como una aberración del hombre, fundamental­mente bueno, con relación a la vía recta) y por eso se personificaron en figuras de «locos» («Narren») capaces de proveer de materia grotesca a los autores morales y al teatro (v. Campo de los locos, Juego del príncipe de los locos y madre loca).

Pero cuando Lutero proclamó la naturaleza ma­ligna del hombre, la imborrabilidad del pe­cado original y la existencia concreta del diablo en todos los actos humanos, la figura literaria del «loco» fue sustituida por la figura religiosa del «diablo» como personi­ficación del pecado, y surgió toda una mito­logía diabólica en la que cada diablo pre­sidía un pecado. En el ambiente protestante muchos escritores se dieron a idear y a re­presentar los más diversos disparates dia­bólicos. Rebhun en las Bodas de Cana (1538) crea el diablo del matrimonio; J. Chryseus en el drama El diablo de la corte (1545) hace aparecer a Satanás en persona; Mattháus Friedrich en el Diablo hablador (1551) hace surgir a este nuevo demonio, y así por el estilo van surgiendo innumerables diablos de la moda, de la blasfemia, de la caza, de la usura, etc. El Theatrum diabolo­rum es una enciclopedia de todos estos dia­blos inventados en el siglo XVI. Está divi­dida en tres grupos:

1) vicios de la per­sona, tales como avaricia, usura, envidia, adulación, soberbia, baile, caza, etc.;

2) vi­cios de la vida conyugal, tales como impu­dicia, afición a las mujeres, etc.;

3) vicios de la vida religiosa y pública, como son los que atañen a la justicia, la escuela, la gue­rra, los sacramentos, etc.

Cada uno de estos vicios está personificado por un diablo del que primero se dan las características, enun­ciando luego su actividad y su campo de dominio. Naturalmente que a cada uno se le describe con las tintas más sombrías y también se le amenaza con las penas más graves. Al fin sigue una exhortación a los padres, a los sacerdotes y a las autoridades políticas para que con la educación alejen a estos diablos de las personas confiadas a su cuidado.

M. Pensa