El Rebelde, Jules Vallès

En El Rebelde [L’Insurgé], aparecido en 1886, después de su muerte, Jacques Vingtras se presenta con su típica figura de re­voltoso, haciéndonos asistir a los más deta­llados episodios de su actividad revolucio­naria; discute sus ideas, aparece sumido en la encendida atmósfera polémica de aque­llos años, todavía próximos.

Este fundador y director del célebre diario «Le cri du peuple», este revolucionario entusiasta que saluda el advenimiento de la Commune con páginas de maravillosa elocuencia, parece en realidad un «político» bastante incon­sistente, y él hace todo lo necesario para confirmarnos en esta opinión. La víspera de la Commune declara franca y clara­mente que él no es «Comunista»; los libe­rales y los reformistas le merecen una son­risa de desdén, porque son «pequeños bur­gueses»; pero por otra parte, los sistemas sociales más o menos en boga en aquel tiempo, tanto las ideas de Saint-Simon co­mo las de Blanqui, le dejan completamen­te indiferente: admira a este último porque le parece un buen combatiente, un hombre que estaría en su puesto en un día de sublevación, y hace de él un retrato excepcionalmente justo.

En esta última obra el Vallès escritor va estrechamente unido al Vallès hombre; no es otra cosa que un elocuentísimo y apasionado testigo del dra­ma en el que él mismo representa un pa­pel importante; y Vallès hombre es sim­plemente un rebelde que hace la revolu­ción porque está convencido de la nece­sidad de destruir el orden político y de reformar profundamente el orden social existente, pero que carece de la más mí­nima idea de lo que mañana tendrá que construirse.

Por eso El Rebelde es el libro de un memorialista y un polemista, en un estilo vivaz y lleno de color, pero simple, directo, sin adornos, un estilo esencialmen­te hablado, tan rico en sabrosos brotes co­mo en fantásticas divagaciones.

M. Bonfantini