El Niño, Jules Vallès

[L’enfant]. Libro del escritor político y periodista Jules Vallès ( 1832- 1885). Aparecido en 1879, es el primero de una trilogía que se completa con el Ba­chiller y el Rebelde, en la que el autor, con el pseudónimo de Jacques Vingtras, traza una especie de libre y poética auto­biografía.

Hablando de los años de su in­fancia, de cuando era un muchacho olvi­dado y tiranizado por sus padres, precoz­mente rebelde, desagradable a los maestros por su carácter altivo y deseoso de revuel­tas, Vallès busca sentar visiblemente las premisas de aquella típica actitud del re­voltoso y de aquella mentalidad anticon­formista que guiaron toda su vida. Hay también en el libro una cruda «tesis», para recordar, con tanta diferencia de clima y de caracteres, las ideas de Butler: con la excusa de la educación, los padres y maes­tros gozan imponiendo al niño sus propios prejuicios, cuando no su caprichoso egoís­mo y su más o menos larvada brutalidad; es decir, una verdadera tiranía, que opri­me y enerva irremediablemente a los dé­biles, y que inclina a los más fuertes a la rebelión.

Este concepto encuentra una confirmación en las memorias infantiles del autor, pero en realidad el vigoroso tempe­ramento de Vallès hombre y escritor se opone a la tesis, iluminando injusticias, errores y horrores con una luz de sano optimismo. Por algo la obra fue escrita en plena madurez, cuando el feroz desdén de este rebelde, aplacado ya con la acción y con los años, pudo permitirse pausas idí­licas, e incluso la fugaz sonrisa de franco humorismo de una pureza casi dickensiana.

Por esto su libro más importante, tan pro­fundamente enraizado en las más antiguas memorias y en las más profundas convic­ciones, madurado por espacio de tantos años en lo más íntimo de su ánimo, rea­lizado cuando ya Vallès estilista había he­cho sus pruebas, se impone todavía hoy como una obra singularísima, tan personal por el estilo como por la materia. Vallès escritor, aunque pintoresco, no pretende ser «objetivo», ni busca las alabanzas parna­sianas de la impasibilidad: él forma parte de sí mismo. Refractario al orden social, no tanto por teoría como por generosidad de corazón y por individualismo exagera­do, en literatura es un innovador muy au­daz: colorea fuertemente, mezcla con mano expedita modismos dialectales y plebeyos.

Pero de la misma manera que en la altiva y desdeñosa independencia de sus actitudes revolucionarias hay un innegable sello de distinción, así también en la prosa de este enamorado de los crudos personajes popu­lares, incomparable pintor de la calle y de la miseria, encontramos el signo incon­fundible del estilo. El niño, aparecido en un período de exuberante producción literaria, no tuvo por entonces el éxito que merecía. Hoy se le considera una obra maestra de la narrativa francesa del si­glo XIX.

M. Bonfantini