En un tomo publicado en 1821, y en varios números de la revista «Variedades de Ciencias, Literatura y Artes», que comenzaron a publicar Quintana y sus amigos en 1805, pueden leerse las composiciones que escribió don Eugenio de Tapia (1776-1860), hábil versificador, más que poeta, que recuerda, por su sencillez, a algunos autores de fines del siglo XVIII y que, por su actitud literaria, figura entre los más fieles seguidores del nuevo movimiento romántico; recuérdense, por ejemplo, sus composiciones «El duende, la bruja y la Inquisición» y «El teatro», en especial esta última, en la cual, a modo de parodia, hace una sangrienta burla del teatro romántico: «Hubo decoraciones muy exóticas, /noche de tempestad, truenos, relámpagos,/ conventos, panteón, ruinas y cárceles /guerreros, brujas, capuchinos, cuáqueros…»
«La posada» es un romance satírico en el que una vez más se atacan las famosas posadas de la época, que tan pintoresca y crudamente fueron descritas por el inmortal «Fígaro» (v. Artículos de Larra). La actitud burlesca y la sátira fueron las características de Tapia, que, en su mediocridad, tuvo no obstante momentos de auténtica gracia.
A. Pacheco

