[De perspectiva pictorum et architectorum]. Obra del arquitecto y pintor Andrea Pozzo, jesuíta, natural de Trento (latinizado Puteus, 1642-1709), editada en Roma desde 1693 a 1698 en dos volúmenes, con texto latino e italiano, título bilingüe y dedicada al emperador Leopoldo I de Austria.
Consta de más de doscientas láminas finamente grabadas, con texto explicativo al lado, y que enseñan prácticamente a dibujar con perspectiva, desde varios puntos de vista, elementos arquitectónicos y edificios, desde los más simples y esquemáticos a los más difíciles y complejos. La primera parte de la obra explica los fundamentos de la perspectiva, y muestra el sistema de representar según sus reglas los elementos de los distintos órdenes clásicos, las partes de las construcciones, aparatos arquitectónicos para las solemnidades religiosas, teatros, cúpulas y sofitos.
La segunda parte aplica un método más expeditivo, usado por el autor para la representación en perspectiva de arcos, teatros, cúpulas, altares, escalinatas, iglesias circulares y longitudinales, colegios, fortificaciones y demás. El libro, que termina con una breve instrucción sobre la técnica del fresco, es, en su estructura de «Gradus ad Pamassum» para el especial uso de los decoradores de frescos, un característico documento de la fantasía arquitectónica barrocamente caprichosa de Pozzo — que había de encontrar más tarde la severa condena de los críticos neoclásicos — y sobre todo de su excepcional virtuosismo de la perspectiva. Fruto de la edad madura del autor, que en las aéreas pinturas de la iglesia de San Ignacio de Roma llegó a uno de los puntos más altos de la pintura decorativa e ilusionista del siglo XVII, esta obra fue de gran utilidad a los pintores de perspectiva y «cuadra- turistas» del siglo XVIII, y tuvo rápida fama en Europa, según demuestran sus numerosas ediciones, incluso en alemán e inglés.
Comparado con los más antiguos tratados de perspectiva y especialmente con la Prospectiva pingendi (v.), de Piero della Francesca, el libro revela una diferencia esencial. Mientras aquélla es la obra de un artista del primer Renacimiento, empeñado en una dirección severamente teorética para determinar los fundamentos matemáticos de su arte, y sin embargo capaz, en la práctica, de resolver los teoremas geométricos en puro lirismo, éste es el compendio de la experiencia de un «virtuoso» barroco, que se divierte con cualquier dificultad, pero que precisamente por haber entendido la perspectiva científica como medio de estupefacientes efectos ilusorios, no sabe levantar su pintura del plano prosaico.
G. A. Dell Acqua

