[Pavana pour une infante défunte]. Pieza para piano, de Maurice Ravel (1875- 1937), compuesta en 1899, y después orquestada por el autor y popularizada sobre todo en esta forma.
Es una breve página, sostenida sobre un ritmo constante, en la forma harto sencilla de «scherzo» con dos tríos y sin desarrollos, pero sólo con una progresiva amplificación armonicoinstrumental de la primera parte (A-B-A’-C-A»).
El propio autor reprobó, años más tarde, su pobreza de forma y la influencia de Chabrier, «demasiado flagrante». En realidad esta influencia se resuelve en una elegancia inexistente en su modelo, y, al contrario, de tono ya raveliano, o sea diversa de la corriente sentimental creada por Massenet; y ello por medio de la notable profundización armónica, que ofrece ya un vivo sentido de ciertas disonancias, aunque disimuladas en el uso frecuente de progresiones; y también por medio de la coherencia, sin desviaciones, de la línea melódica, continuamente ribeteada de inflexiones modales.
En cuanto a la «pobreza» de la forma, su sencillez constituye un seguro progreso sobre la plétora arquitectónica del Ravel principiante (Menuet antique, 1895), y ocasión para dejar emerger los valores desnudos del lenguaje, sencillo también y francamente melódico, pero severamente sostenido.
La transcripción orquestal para cuerda, dos flautas, un oboe, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, arpa y corno inglés, precisa las armonías latentes y fija los colores a pesar de sus modestas apariencias, en un rigor tímbrico ya original.
G. D’Amico

