Patentes de Corso, Rudyard Kipling

[Letters of Marque]. Recopilación de correspondencia en­viada por Rudyard Kipling (1865-1936) al periódico «Pioneer», publicada en 1889; son relatos de un mes de vagabundeo en la India fuera de las provincias directamente dependientes de la Corona británica.

En sus rápidas observaciones, Kipling, rechazando el consabido proceder de los que en pocas horas creen poder descubrir un país, llega a menudo a subvertir todas las conven­ciones aceptadas. Así el Taj, la puerta de Marfil donde nacen los sueños, el «sueño hecho piedra», encarnación de todo lo que es puro, santo y desconsolado, se le aparece como el dolor del hombre que lo erigió para la mujer amada y, más aún, como «el dolor de tantos esclavos que en aquella obra dejaron la vida, trabajando sin descanso», y que a pesar de todo «sonríe como una bella mujer que nunca — ya se sabe — tie­ne la culpa de nada».

Jeypore es una burla colosal, sorprendente, por la mezcla de sombría antigüedad y cruda modernidad que la invade en aras del bienestar occidental; y el espectáculo de bellezas y mosaicos, vi­drieras y esculturas del palacio real de Amber le dice «a qué vida turbulenta, suntuosa y sanguinaria ha puesto fin el dominio in­glés».

Entre las ruinas del Gau-Mukh, don­de la bella Pudmini y sus esclavas se die­ron muerte, quiere desafiar la guardia del demonio y oír el terrible estertor del mori­bundo, y se horroriza de ello. La «casta del funcionario inglés que trabaja en los Estados indígenas… impulsado por un ideal, incomprensible, con simple y pura abnega­ción» le invita a la meditación: «Escasos, solitarios, fuertes; les toca permanecer va­rios años en un puesto y llegar a ver cómo sus ideas prosperan y se convierten en rea­lidades beneficiosas para millares de per­sonas…

Cuando necesitan una corbata tie­nen que escribir a Bombay; en la estación de las lluvias apenas pueden moverse; ca­recen de diversiones, y no hay una mujer blanca -en diez mil millas cuadradas». Cie­rran el diario reflexiones de política admi­nistrativa en los Estados autónomos de la India. Escrita por un joven de 24 años, esta obra, por el vigor, frescura y encanto de la narración, y por su estilo maduro y penetrante, es uno de los mejores docu­mentos del primer Kipling, periodista.

G. Pioli