Himno en honor de la Cruz, compuesto por Venancio Honorio Clemenciano Fortunato, poeta cristiano nacido en el Véneto, que vivió la mayor parte de su vida en la Galia (535-600 aproximadamente).
Este himno, merecidamente famoso por el calor de su sentimiento y magnificencia de imágenes, entró rapidísimamente en la liturgia, con el otro himno del mismo autor: Vexilia regis prodeunt (v.). Fue atribuido, equivocadamente, a otro escritor cristiano, Claudiano Mamerto.
Comprende diez estrofas ternarias de tetrámetros trocaicos catalécticos, el metro de los cantos triunfales de los soldados romanos. Todo este canto es, por lo demás, una celebración solemne del triunfo por el cual Cristo, vencido el mal, se ha convertido en el redentor de la humanidad.
Después de una alusión al pecado original y a sus consecuencias funestas para la humanidad entera, el poeta narra la misión de Cristo y su nacimiento de una virgen; describe con vivacidad de pormenores su humildísima infancia; celebra, en fin, con emoción sincera la pasión y la crucifixión.
El himno se cierra con un grandioso y solemne apostrofé a la cruz, el noble árbol que ha de doblar sus brazos bajo el peso del mayor de los reyes. También en este himno se notan los caracteres de la mejor poesía de Venancio Fortunato: sinceridad, originalidad, frescura de sentimiento, por la cual el poeta revive y canta con gran calor la acción de Cristo; siente la importancia que esta acción ha tenido para todos los hombres; siente el inmenso amor que la ha inspirado, y da al canto que la celebra particular e intensa solemnidad.
No faltan, como en todas las composiciones de Venancio, los artificios retóricos; el esfuerzo para hacer que la forma sea refinada y compleja, procedimiento por el cual él, según los dictados de las escuelas de su tiempo, intenta imitar y superar a los poetas clásicos y cristianos que se fija como modelos.
La profundidad de sentimiento y la nobleza de inspiración informan y funden en orgánica unidad los diferentes elementos de que está compuesto el himno y hacen de éste una de las más bellas y sentidas expresiones poéticas de la fe cristiana.
E. Pasini

