Panfletos y Sátiras, Jonathan Swift

Los escritos del irlandés Jonathan Swift (1667- 1745), comprendida la correspondencia, los artículos de periódico, poemas, panfletos y sátiras de costumbres, han sido objeto de varias ediciones generales, la más antigua de las cuales es la de Faulkner (6 vol., Du­blin, 1735), a la que sucedieron las de Hawkesworth (12 vol., 1755), Sheridan (17 vol., 1784), Walter Scott (19 vol., 1814) y Temple Scott (18 vol., 1908).

Además de diversas obras dedicadas especialmente a la corres­pondencia o a la producción poética del autor, deben señalarse todavía las Prosas y versos (Chatto and Windus, 1904) y Selec­ción de Sátiras de Swift (W. A. Eddy, Oxford University, 1927).

Sobre todo gracias a los fragmentos escogidos fue conocido Swift fue­ra de su patria. Swift es autor de panfletos, es un satírico, y estos caracteres específicos de su obra se desprenden, poco a poco, a lo largo de su vida, de las contingencias histó­ricas, para llegar a alcanzar la profundidad dolorosa y la grandeza de un testimonio íntimo portador de un valor permanente de humanidad.

En 1703 Swift publicó su Batalla de los libros (v.) y su sorprendente Cuento del tonel (v.), en los que se mani­fiestan a la vez los rasgos de su genio, su misantropía, su odio a las ideas generales y su penetrante lucidez acerca de las ideas demasiado cómodamente calcadas sobre las realidades: una razón que, desde el primer momento, se vuelve contra ella misma.

En 1705, el autor entró en contacto con los jefes políticos whigs y, participando activa­mente en la vida política, llegó a ser su representante; publicó entonces otros escri­tos: Argumento acerca de la abolición del cristianismo, panfleto contra los librepen­sadores, y Proyecto para el avance de la religión y la reforma de las costumbres (1708), en el que manifiesta igual repulsión contra toda clase de sectas, herejías y su­persticiones, pasadas o presentes.

En 1709, aparecieron las Predicciones para el año 1708, en las que los meses y los días del mes están indicados, las personas nombradas y los grandes sucesos del año próximo relata­dos con detalle, tal como deben suceder; escritos para impedir al pueblo de Inglate­rra el ser de ahora en adelante juguete de los fabricantes de almanaques vulgares. Por Isaac Bickerstaff, esq. En esta parodia Swift denunciaba y ridiculizaba a los impostores con sus propias armas: el tono pomposo, la seguridad y la falsa lógica de los autores de almanaques, muy numerosos en aquella época, que se manifestaban por doquier a modo de charlatanes y proclamaban ser los únicos poseedores de la verdad.

Bickerstaff llegó inclusive a predecir la muerte de Partridge, su cofrade. Este último era un personaje auténtico, zapatero de profesión, residente en Londres, y tenía por rival y enemigo jurado a John Gadbury, cortador de profesión y residente en Oxford. De ello se desprende una graciosa controversia en el curso de la cual no desprecia el autor la ocasión de atacar a varios contemporáneos suyos.

En 1703 apareció la breve pero céle­bre Meditación sobre una escoba [Medita- tion upon a Broomstick], fragmento de gran valor, parodiando a los predicadores, y que debió tener por origen una agradable super­chería. Capellán de la casa de lord Berkeley, Swift, debiendo leer a la esposa de aquél las meditaciones de M. Boyle — a quien en verdad apreciaba muy poco—, in­sertó en ellas su composición y la leyó en el mismo tono solemne que las precedentes; extasiándose la oyente al escuchar las refle­xiones de aquel sorprendente M. Boyle, que sabía captar tan sabias consecuencias mora­les de tan despreciable objeto. Se puede descubrir en ella, en efecto, una mordaz sátira contra el idealismo filosófico.

Esta Meditación parece anunciar una corriente del pensamiento que no se manifestará has­ta el siglo XIX: «Pero una escoba, diréis quizá, es el emblema de un árbol que se sostiene sobre la cabeza; y yo os pregunto, ¿qué es un hombre, sino una criatura re­vuelta, con lo de arriba puesto abajo y viceversa, con sus facultades animales cons­tantemente por encima de sus facultades racionales, con la cabeza en el lugar donde debieran estar los talones?» En otro opúscu­lo, Ensayo irrefutable acerca de las facultades del alma, Swift manifiesta, una vez más, su horror a la metafísica utilizada a título de «disfraz», poniendo en ridículo a los filó­sofos oscuros y a sus discursos pesados que hablan de todo excepto del tema que se proponen, y adoptando uno tras otro del modo más natural del mundo, los argumen­tos de las diversas escuelas, intercala, en varias ocasiones, aforismos de mordaz inten­ción: «He observado siempre que los toneles vacíos son los más sonoros».

El sorprendente fragmento de las últimas palabras de Ebenezer Elliston [The last Speech and dying Words of Ebenezer Ellison, 1732], conde­nado a muerte, compuesto, se dice, por ayudar a la policía, y aunque los compa­ñeros de Elliston creyeron estas «últimas palabras» auténticas, nos parecen estar des­tinadas más a atacar a los verdugos y a las «gentes de bien» que intentar la edificación de los malhechores. Júzguese: «Buenas gen­tes, adiós. Tan malvado como soy, dejo tras de mí muchos otros peores que yo. Espero que me veréis morir como hombre que su­fre la muerte de un perro».

De 1711 a 1714, Swift publicó La conducta de los Alia­dos, consejo a los miembros del Club Octubre, que procuraba preparar la opinión para la paz con Francia y que ocasionó la dimisión de Marlborough; Proposición para corregir, mejorar y fijar la lengua inglesa, testimonio de su ambición de regir los des­tinos de las letras; y, finalmente, el célebre Diario para Stella (v.). Swift conoció enton­ces a Vanesa (v. Cadeno y Vanessa) y fue nombrado deán de la catedral de St. Patriek.

La muerte de la reina Ana señalará el final de sus ambiciones políticas; regresa a Irlan­da y publica sucesivamente: El espíritu pú­blico de los Whigs (1714), la Proposición para el uso universal de los productos de Irlanda (1720), cuyas teorías se pueden re­sumir del siguiente modo: «Quemar todo aquello que viene de Inglaterra, excepto el carbón».

En 1721, Carta de consejos a un joven poeta, en la que se refiere, con pala­bras cáusticas, a la inspiración, a la vanidad de las ambiciones y a los medios literarios: «Pues un fabricante de rimas es tan nece­sario, creo yo, entre los domésticos dé una casa, como un lacayo con sus cascabeles a la cabeza de su tronco de caballos…» En 1724 aparecieron anónimas las famosas Car­tas del pañero [The Drapier’s Letters]: la duquesa de Kendal había obtenido el privi­legio de acuñar las piezas de cobre destina­das a circular en Irlanda.

Ella había cedido sus derechos a un cierto Williams Wood, quien se prometía sacar de esta operación un importante beneficio utilizando una alea­ción de inferior calidad. Swift declaró la guerra a los «medios-sueldos» de Wood, re­dactando este panfleto en nombre de un pañero ficticio. Su campaña se basaba, si no sobre un principio económico, al menos sobre el hecho de que acuñar moneda es un derecho soberano que no puede ser ven­dido sin conocimiento de la nación y sin su consentimiento.

Estas Cartas tuvieron gran resonancia y obligaron al gobierno a retirar el proyecto; el autor, identificado con suma rapidez, alcanzó gran popularidad en Irlanda. Todavía dentro de su proyección política, publicó Swift en 1727, en el mismo año que los Viajes de Gulliver (v.), una Visión sumaria acerca del estado de Irlanda.

Esto fue aproximadamente hacia la misma época en que decidió, de acuerdo con Pope, escribir sus pensamientos cotidia­nos, sin buscar ningún orden ni preocuparse por la forma, decisión a la que debemos sus Pensamientos acerca de diversas cues­tiones morales y divertidas, compuestos según el modo de los aforismos que tan apreciados fueron por los moralistas e inte­lectuales del siglo XVIII, pero dotados ade­más de un espíritu de observación tan pe­netrante y realista que les da un tono original y moderno.

En 1729 dio a conocer el Diario de una mujer moderna, y lanzó además un virulento panfleto de gran celebridad, Mo­desta proposición para impedir a los hijos de los pobres de Irlanda el ser una carga para sus padres o para su país y para trans­formarlos en útiles para el público [A modest Proposal for preventing the Children of poor people in Ireland from being a burden to their Parents or Country; and for making them beneficial to the Public].

Este escrito,- magistral y feroz, estaba dirigido no solamente contra los ingleses, sino tam­bién contra la hipocresía moral, contra quienes se aprovechan de la miseria y con­tra sus crímenes indirectos. Swift, indig­nado por las condiciones miserables en que se tenía al bajo pueblo irlandés, propone aquí, nada menos, en el tono más serio y más docto, que se coman los niños de los pobres, enumerando las ventajas económi­cas que se pueden derivar de tal medida, refutando de paso las posibles objeciones, refiriéndose inclusive a los detalles de esta futura institución de interés público y a los diversos modos como se podrá preparar y despachar este alimento: «Estoy de acuerdo en que este alimento será un poco caro, y por consiguiente convendrá preferente­mente a los propietarios, quienes, puesto que ya han devorado a la mayor parte de los padres, son los que parecen tener más derecho sobre los hijos».

El grado de in­humanidad que alcanza este humor «negro» revela al mismo tiempo la profundidad de la conciencia humana del autor y lo profun­do de su imaginación. Esta breve obra es quizá la más poderosa de todas cuantas él escribió. Jamás la sátira había llegado a expresarse con tales acentos, jamás había llegado a reivindicaciones tan claramente sociales: «Invito a los políticos a quienes desagradará mi solución, y quienes tengan quizá la osadía de intentar una respuesta, a preguntar primero a los padres de estos mortales si, en este instante, no considera­rían ellos como una gran felicidad el haber sido vendidos para ser comidos a la edad de un año, del modo que yo prescribo, y haber así evitado toda la serie de infortu­nios por que han tenido que pasar, y la opresión de los propietarios… y la falta de los más elementales medios de subsistencia, y también la falta de un techo bajo el cual poder cobijarse en los rigores de la intem­perie, y de la perspectiva inevitable de legar tal suerte, o miserias todavía mayo­res, a su posteridad, hasta la consumación de los siglos».

En 1733 publicó Swift Sobre la poesía y en 1736 aparecieron sus Obras poéticas. Es en estos versos donde el autor revela mejor su maestría en el dominio de la lengua; usa del conjunto de todas las modas de composición poética de la era elisabetiana en su época, inspirándose y empleando los recursos tanto de las baladas y de las canciones populares como de los grandes poetas y dramaturgos, para forjar­se un útil poderoso y hacer del verso un instrumento político extraordinario.

Se en­cuentran en estos poemas las mismas carac­terísticas de sus obras en prosa, su humor, su realismo insoslayable, sin que su verbo retroceda jamás, ni aun ante la misma escatología. En 1738 apareció su Conversa­ción galante, panfleto dirigido contra el gran mundo y sus snobismos, verdadero antecedente de las novelas de costumbres. Fue entonces cuando se manifestaron los primeros síntomas de su perturbación men­tal.

Sin embargo, Swift publicó todavía, en 1739, sus Versos acerca de la muerte del deán Swift, escritos por él mismo, testimo­nio de una extraordinaria lucidez volcada hasta el extremo en el dominio del ser y de su sentido del sarcasmo tanto ante la locura como la muerte. En 1741, habiendo pasado al partido de los tories, Swift publi­ca Pensamientos libres acerca del estado presente de los asuntos, reprochando a Oxford no haber eliminado completamente a los whigs del ejército y de la administra­ción. Cae entonces en la apatía, y poco a poco va perdiendo la razón. En 1744 se pu­blican todavía sus Sermones; en octubre de 1745 Swift deja de existir.

El Sermón sobre la dificultad de conocerse a sí mismo y las Instrucciones a los domésticos fue­ron publicadas póstumas aquel mismo año; La historia de los cuatro últimos años de la reina Ana apareció trece años más tarde, en 1758. Swift dejó una obra sorpren­dente y original, el recuerdo de una perso­nalidad de excepción, cuya ambigüedad no ha cesado de despertar interés en la poste­ridad, del mismo modo que despertó el interés de sus contemporáneos.

Se puede afirmar que esta obra, en sus multiformes aspectos, es un grito de rebelión del autor contra su tiempo y contra su propia condi­ción. Pues, del mismo modo que los gran­des satíricos y autores de panfletos, Swift, consciente de sus íntimas contradicciones, quiso ser libre y combativo dentro de la sociedad que le rodeaba y entre los hombres y los hechos en los que él encontraba una incoherencia a la que, durante toda su vida, intentó escapar.

Pero mientras un Aristó­fanes o un Rabelais tuvieron la fuerza su­ficiente, de esperanza y de salud, para sal­varse en el refugio de la ironía, el buen sentido o la risa gigantesca, u otros, como Plauto, Juvenal o Cicerón, poseyeron menor lucidez y pudieron así refugiarse en la re­tórica y la moral, Swift, confinado en su miseria psicológica, rechazando a la vez la física y la metafísica, insatisfecho y sin embargo ligado a su condición particular, no tuvo otra salida que una amargura dolo- rosa, un gozo desencantado y convulsivo ‘y una lucidez desesperada.