Discurso del cubano Elíseo Giberga (1854-1916), fechado el 13 de enero de 1916. Tiene un claro antecedente en un discurso pronunciado en la Casa de América de Barcelona, la noche del 24 de octubre de 1912, en un homenaje que se le rindió.
Un pasaje de este discurso de Giberga nos da la síntesis de una doctrina que es como una nueva fase del que pudiéramos llamar el patriotismo «racial» de Giberga: «De la conservación del espíritu común y de la lengua común, que de él es efecto y manifestación, y a mantenerlo contribuye, ha de depender en gran parte el’ porvenir de la América latina.
Se enlazan y completan, pues, el panamericanismo y el panhispanismo. Uno y otro en distintos campos y por distintos medios han de concurrir al vigor y grandeza de los pueblos que han fundado nuestra raza en su inmenso dominio americano y por tanto al vigor y grandeza de la raza considerada en conjunto, el uno manteniendo incólume la integridad y la independencia de aquéllos (los estados iberoamericanos), el otro conservando la unidad espiritual por evitar la mayor disgregación y la consiguiente anulación de nuestros pueblos, y sin la cual no habría América.
Porque no sería América aquella en que triunfe y domine de modo exclusivo el espíritu anglosajón, y que sólo por él fuese inspirado y moldeado».
J. M.a Chacón y Calvo

