El Panadero de Venecia, Francesco dall’Ongaro

[Il fomaretto di Venezia]. Drama histórico en cinco actos de Francesco dall’Ongaro (1808-1873). Fue representado por vez primera en 1855, con éxito extraordinario en el teatro Carignano de Turín, por la Compañía real sarda.

El tema lo ofrecieron las actas judiciales, venecianas de 1507, que registran una con­dena capital contra un muchacho panadero a quien erróneamente se creyó reo de homi­cidio; los detalles del asunto, sacados de la tradición popular que había guardado un, recuerdo del hecho, son pintados con vivos colores en un complejo juegos de pasiones, que tiene por fondo la Venecia oligárquica.

La escena comienza con el descubrimiento de un cadáver cerca de la vivienda del patricio Lorenzo Barbo, miembro del Con­sejo de los Diez. Se ignora el autor del de­lito, pero una desgraciada serie de coinci­dencias induce a la gente a acusar al joven Pietro, hijo de un panadero, quien nume­rosas veces había mostrado rencor respecto al muerto, Alvise Gnoso.

Éste era un don Juan harto conocido, quien, después de ha­ber atentado contra el honor de la hermana del joven panadero, ahora parecía acosar con insistencia a su prometida, Amelia, camarera de los Barbo. En realidad la muer­te ha sido cometida por el propio Lorenzo Barbo, el cual teniendo la certeza de una relación pecaminosa entre su mujer Clemenza y el muerto, a favor de las. tinieblas había vengado su honor.

Pero entretanto, durante los interrogatorios, las pruebas de la culpabilidad del joven panadero aparecen más evidentes todavía, por la torpe decla­ración de Amelia, que preocupada por no traicionar a su dueño, finge haber sido ella misma el motivo de las visitas nocturnas de Alvise en la casa de Barbo.

En espera de la sentencia el pobre Pietro, confiando que por fin triunfe la verdad, rechaza los medios que Lorenzo le ofrece para huir, en un compromiso entre el remordimiento de dejar que condenen a un inocente y el deseo de salvarse a sí mismo a la vez que la reputación de su familia; y tan sólo cuando en un breve coloquio con Clemenza comprende que su desaparición puede sal­var a la señora, consiente en disfrazarse y buscar un refugio lejos de su adorada Vene­cia.

Pero ya es tarde; vuelven a apresarlo y entre tormentos le es arrancada la falsa confesión. Lorenzo en un momento de tar­dío arrepentimiento pretende que el cole­gio de los Diez sea disuelto, y el proceso sufra un aplazamiento; la justicia, no obs­tante, no puede ya suspender su curso, y el panadero será condenado a muerte.

Cuando se haya hecho luz sobre el delito, el des­graciado padre no podrá sino exclamar: «Pero él murió. Jueces, ¿quién me lo de­vuelve?» El drama, inspirado por una emo­ción que mantiene todavía el calor po­pular, no carece de fuerza. La historia del joven panadero volverá a correr entre el pueblo y continuará divulgándose hasta nuestros días en numerosas redacciones anó­nimas, tendiendo siempre a convertirse en un aviso contra la injusticia social.

T. Momigliano