Otelo, el Moro de Venecia, Giuseppe Verdi

También basándose en el drama de Sha­kespeare, Giuseppe Verdi (1813-1901) es­cribió una ópera del mismo título, en cuatro actos, con libreto de Arrigo Boito, estre­nada en la Scala, en 1887.

En el fondo tiene poco interés la relación que tanto Verdi como Boito intentaron establecer entre su ópera y el drama de Shakespeare. El poeta no pretendió crear un Otelo propio, y el músico tuvo tan presente el drama inglés que, después de haber acabado su ópera, quiso saber si se «había equivocado mucho» en relación con Shakespeare.

El libreto, que indudablemente es uno de los más acaba­dos de que haya podido disponer un músico, sin embargo resulta breve como co­herencia lógica y claridad de desarrollo dramático. Evidentemente, es un resumen.

Por mucho que busquemos un Otelo de Boito no es posible hallarle; sólo se puede reconocer un Otelo shakespeariano dismi­nuido. Verdi, que trabajaba en un campo lógico y no exclusivamente sentimental, a veces parece unirse a Shakespeare en lo poético que había en las creaciones de este último. De los personajes, Desdémona no está bien caracterizada.

Yago, mejor perfi­lado, tanto en sus rasgos fisonómicos como en la intimidad de su psicología, en con­junto resulta una persona evidente. En cuanto al protagonista, nos gusta más en la representación del amor que en la de los celos, y en esta representación de los celos también incluimos los momentos que ayudan a formar el grande, el fuerte, el impetuoso, el irracional, el furioso moro, momentos que muchas veces Verdi no sin­tió y por ello dibujó artificiosamente.

¿Cuál de sus dos catástrofes nos conmueve más? ¿La del final del tercer acto, cuando su potencia se desmorona ante el menosprecio de Yago, o la del cuarto, cuando el amor le lleva a la muerte? Indudablemente, ésta es altamente artística. La otra, en cambio, es escenográfica, es oleográfica. Las efusiones líricas que nacen de los estados de ánimo de Otelo fueron de las más sensibles y bellas de Verdi, por ejemplo, el magnífico monólogo del tercer acto.

Desde el final del primer acto hasta todo el cuarto inclusive se desarrolla el poema amoroso; en estas páginas se desarrolla de una manera cohe­rente el drama de Otelo y Desdémona, y los estados de ánimo de Otelo están cantados líricamente; en ellos la ternura y la violen­cia, la ternura casi infantil y los ardores sensuales, la felicidad y el dolor, entremez­clados en el corazón de Otelo, están canda­dos con tal riqueza que rara vez fue acom­pañada de tal sobriedad.

A. Della Corte