[Orlando, A Biography]. Novela de la escritora inglesa Virginia Woolf (1882-1941), publicada en 1929.
A fines del siglo XVI, en un castillo de Inglaterra, vive el joven Orlando, heredero de una larga tradición de guerreros y cortesanos, en los cuales, a los instintos caballerescos se une un profundo y melancólico amor por la poesía.
La reina Isabel, prendada de su gracia, hace que vaya a la Corte, donde lo colma de cargos y honores, y donde él permanece aun después de la muerte de ella, admirado e idolatrado. Durante el año del Gran Frío, el rey Jacobo manda construir sobre el Támesis helado un gran parque de diversiones, y en este parque Orlando encuentra a Gasha, singular princesa, sobrina del embajador ruso, que le revela su amor y huye después abandonándolo sin decir palabra.
Desesperado se retira entonces a la soledad de su casa, donde permanece- unos días sumido en una especie de letargo; cuando despierta está curado de su pasión,, pero se apodera de él la pasión literaria y jura que será el primer poeta de su raza y dará a su nombre gloria inmortal; hace que vaya a su castillo; para que le aconseje y ayude, el literato Nicho- las Greene, el cual, apegado a los modelos clásicos, no comprende sus aspiraciones y le desanima, burlándose de él.
Y de este modo, a los treinta años, Orlando, desengañado del amor y de la ambición, convencido de que las mujeres y poetas son igualmente vanos, busca consuelo en el amor de la naturaleza y se dedica a la tarea de restaurar su castillo.
Pero pasado algún tiempo se apodera de él otra vez la inquietud poética y comienza a escribir, en estilo completamente distinto del de sus primeras obras, un poema sobre «La encina»; pero aquella vida de soledad contemplativa es turbada por la aparición de una rica archiduquesa rumana que se quiere casar con él a toda costa.
Para huir de sus persecuciones Orlando hace que le envíen como embajador a Constantinopla, donde, pasado algún tiempo, cae en nuevo letargo y al despertar se encuentra misteriosamente transformado en mujer.
Entonces se une a una tribu de gitanas y vaga con ellos por los montes de Anatolia; la naturaleza se le manifiesta con un aspecto de eternidad, y el contacto con la milenaria sabiduría de los gitanos le revela lo fútil de su tradición familiar, hasta que, habiéndose apoderado de él la nostalgia de su patria y la necesidad de escribir, se embarca y regresa a Londres, que encuentra completamente cambiado.
Estamos en la época de Addison, de Dryden y de Pope; una atmósfera nueva de aguda claridad lo ilumina todo; lentamente, Orlando se adapta a los vestidos femeninos y a comportarse a tono con su nueva condición de mujer; frecuenta la brillante sociedad de la época de la reina Ana, conoce poetas y literatos, al paso que va perdiendo sus ilusiones «tal vez para adquirir otras», buscando inútilmente «la vida y un enamorado».
Pasan los años y con ellos cambian la naturaleza y la atmósfera: la humedad lo penetra todo, la hiedra recubre las habitaciones, en el interior de las casas arrecia el gusto Victoriano; todo se torna extraordinariamente fecundo, se pone de moda la crinolina, hasta la literatura parece hincharse como el miriñaque.
Orlando, que, casi sin advertirlo, se había ido adaptando al espíritu de la Restauración y del siglo XVIII, aunque experimentando una profunda antipatía por el espíritu del siglo XIX, se siente, sin embargo, impelido por una necesidad puramente social a tomar esposo, y se casa con Marmadine Bonthrop Shelmerdine, valiente marinero que pasa buena parte de su existencia intentando doblar el cabo de Hornos, y durante cuya ausencia ella vuelve a emprender y lleva a buen término su poema «La encina», que Nicholas Greene, a quien ha vuelto a encontrar en Londres, ahora ya no imitador de Cicerón, sino de Addison, la induce a publicar.
Y sigue pasando el tiempo: se inventan los vehículos mecánicos y la electricidad, la monstruosa fecundidad victoriana parece detenerse; hay en la atmósfera algo definido y distinto como en el siglo XVIII, con la añadidura de una especie de desesperación: estamos ahora en la época presente, en 1928, y Orlando es ahora una mujer moderna, que tiene hijos, guía su automóvil y ha ganado un premio literario, pero vanamente persigue la revelación del mundo del momento presente, en cuya vibración continua, mil recuerdos se levantan zumbando en torno a imágenes perennemente nuevas.
Orlando es una fantasía sobre la metempsicosis, tan popular en la época isabelina (v. Viaje del alma de John Donne), inspirada a Virginia Woolf por la personalidad de su amiga íntima, la novelista V. Sackville West, cuyo retrato acompaña la obra y que parece ser la última encarnación de Orlando.
Esta extraña criatura que, por haber pertenecido a los dos sexos y haber vivido en el curso de más de tres siglos, ha tenido manera de acumular un inagotable tesoro de sensaciones y pensamientos, sirve a la artista para representar vivazmente la perenne fluidez de la vida en que los contornos del «yo» se disuelven continuamente en una agitación cósmica y el tiempo no tiene una medida definida y constante, sino que puede restringirse y dilatarse de la manera más imprevisible.
Menos rico en poesía que Al faro (v.) o que Las Olas (v.), Orlando es, sin embargo, una etapa importante en el camino seguido por Virginia Woolf en la busca y creación de una forma de arte atrevidamente nueva.
A. P. Marchesini
Orlando es un libro original y su primera parte está escrita espléndidamente: la descripción del Gran Frío ha sido ya acogida como un «trozo de antología» en la literatura inglesa. (E. M. Forster)

