Orador, Marco Tulio Cicerón

[De oratore], Tratado de Marco Tulio Cicerón (106-43 a. de C.) en tres libros compuestos el 55 en forma de diálogo.

Los interlocutores principales son dos oradores de una generación precedente, Craso y Antonio, de tendencias opuestas, a los cuales se unen en segundo plano Rufo, Cota, Escévola, Catulo, Estrabón.

La discu­sión, en su ficción dramática, dura dos días. El primer libro, que contiene los discursos pronunciados el primer día, tiene valor pro­gramático: Craso y Antonio fijan las líneas generales de la oratoria y establecen cuál es el buen orador y cómo debe formarse; el segundo y el tercer libro, que refieren los discursos del segundo día, hallan, res­pectivamente, en Antonio y en Craso sus principales interlocutores; el primero, más partidario del contenido, cree que un buen discurso debe estar compuesto de argumen­tos y que éstos deben ser elegidos con arte, dispuestos con orden y fijados en la me­moria; el otro, que se inclina más al for­malismo, alaba, en cambio, la propiedad, la claridad y la armoniosidad del discurso; pero estas dotes propias de la elocución deben ser sostenidas por el valor de la acción oratoria y, desde luego, del modo mismo como se pronuncian las frases; se acompañan con gestos y se subrayan con inflexiones vocales.

Más propenso al tipo de elocuencia de Craso que al de Antonio, Cicerón expone en forma dialogal, de derivación aristotélica y no ya platónica, los argumentos en pro y en contra de las di­versas tendencias oratorias.

Su experiencia personal le había llevado en la práctica fo­rense al culto a la forma, ya literaria, ya mímica; con todo, aquel culto no andaba separado de una sólida preparación cultural y doctrinal, moldeada con método filosófico; pero entre filosofía y retórica queda siempre un abismo que no se puede colmar: aquélla responde verdaderamente a una actividad del espíritu, en lo que conquista de verda­des ocultas; ésta sólo aprovecha para per­suadir y demostrar, y reduce la opinión ajena a coincidir con la propia.

Este tratado retórico no muy original ni innovador, más célebre como modelo de estilística y de prosa de arte que como repertorio siste­mático de preceptos, es un buen ejemplo de la habilidad que Cicerón desplegaba al pasar ágilmente de la práctica oratoria a la teoría retórica.

F. Della Corte