Olimpíada, Pedro Metastasio

[Olimpiade]. Melodrama en tres actos de Pedro Metastasio (Pietro Trapassi, 1698-1782), representado en Viena, el 28 de agosto de 1733, con música de Antonio Caldara (1670-1736), en ocasión del cum­pleaños de la emperatriz Isabel.

Es conside­rado como uno de los más felices del poeta cesáreo. Aristea, bellísima hija de Clistenes, rey de Sición, es prometida al vencedor de los juegos olímpicos, a pesar de que está enamorada de Megacles, el cual le corres­ponde.

A su mano aspira también Lícidas, que creen hijo del rey de Creta, el cual, sabiendo que no puede vencer en las com­peticiones propuestas, ruega a su amigo Me­gacles que le sustituya, puesto que él le salvó la vida hace tiempo. Pero Megacles se encuentra en Creta, por lo que llega con el tiempo justo para presentarse a las prue­bas con el nombre de Lícidas.

Solamente cuando Megacles ha llevado a cabo todas las formalidades se entera, precisamente por Lícidas, que el vencedor tendrá como pre­mio la mano de Aristea. A pesar de ello va a combatir igualmente por el amigo, re­nunciando a la mujer amada.

Mientras tanto, Argenes, dama cretense que se oculta bajo el disfraz de pastorcilla y con el nom­bre de Licoris, a la cual Lícidas había jurado amor, al saber que Megacles va a combatir en las olimpíadas bajo el nombre y a favor de Lícidas, comprende que éste ya no la ama y que se prepara para otro matrimonio.

Por su parte, Aristea queda asombrada y afligida al ver a Megacles triunfando bajo el nombre de Lícidas. Des­pués de un dramático coloquio en el cual intenta convencer a Aristea para que acep­te a Lícidas como esposo, Megacles la deja, decidido a suicidarse.

Desesperada, Aris­tea rechaza ásperamente a Lícidas, mientras que Argenes revela al rey la sustitución de personalidad. Condenado al des­tierro por el engaño, Lícidas, furioso, intensa matar al rey Clistenes; pero es apresado y condenado a muerte.

Y en vano Me­gacles, que no ha podido suicidarse, intenta salvarlo. Cuando la condena está a punto de ser ejecutada, Argenes, bajo el título de prometida de Lícidas, impetra de Clistenes la gracia de poder ocupar el lugar del reo.

Lícidas niega que le haya dado palabra de casamiento, pero la joven enseña como prueba un collar que él le había regalado y que Clistenes reconoce como el que ha­bía colgado al cuello de un hijo suyo al que había abandonado entre las olas del mar porque le habían predicho que atenta­ría contra la vida de su padre.

Al revelarse que Lícidas es hijo de Clistenes y hermano de Aristea, se anuncia la boda dé Megacles con Aristea y de Lícidas con Argenes. Una extraordinaria facilidad de composición des­enmaraña y aclara el nudo de la trama novelesca; y las maneras del teatro de tipo clásico, que se hacen visibles sobre todo en el desenlace y el reconocimiento, se juntan para servir al encanto elegiaco de las penas de amor y de la voluptuosidad del sacrificio.

No sólo las estupendas «ariettas» sino cada palabra del hermosísimo me­lodrama aparecen vertidas en una atmósfera musical que guía las criaturas y las vicisi­tudes hacia la predestinada felicidad.

G. Gervasoni