[Odes]. Publicadas en 1820, junto con Lamia (v.), Isabel (v.), La víspera de Santa Inés (v.) e Hiperión (v.), corresponden casi todas al año 1819 y representan lo más elevado del arte de John Keats (1795-1821).
En las Odas se resume el romanticismo de Keats, su impulso ardiente hacia la belleza, buscada en las creaciones del espíritu, más allá de las manifestaciones naturales que son dolorosamente caducas y que generan en el ánimo la saciedad, la triste voluptuosidad que nace de la contemplación de la muerte.
Son famosas la «Oda a un ruiseñor» [«Ode to a Nightingale»], la «Oda a una urna griega» [«Ode on a Grecian Urn»], la «Oda a la melancolía» [«Ode on Melancholy»] y «Al Otoño» [«To autumn»]. Cronológicámenté, la primera es la «Oda a un ruiseñor», publicada en julio de 1819 en los «Annals of Fine Arts». Escrita poco después de la muerte del hermano del poeta, Tom, es la más apasionada y humana de todas.
Escuchando el canto del ruiseñor, el poeta sueña que huye de este mundo de tristeza y dolor en alas de la imaginación y que se refugia en el mundo ideal de la belleza, simbolizado por el canto del pájaro: este canto maravilloso oído antes por tantas generaciones pasadas, que será dilecto para tantas generaciones futuras y que por eso se puede considerar como el símbolo de la belleza eterna. Pero el ruiseñor se aleja y el encanto se rompe.
El motivo lo toma de nuevo Keats, con mayor serenidad, en la «Oda on a Grecian Urn». Ante el bajo relieve de una urna antigua, el poeta se detiene fascinado por el encanto de las bellas formas representadas en el mármol. Las figuras están inmóviles, destinadas a permanecer así eternamente fijadas en su gesto de amor, de devoción o de éxtasis, pero precisamente por esto son afortunadas: nunca conocerán las luchas de la vida, ni el declinar de la belleza, ni la muerte. Permanecerán inmutables, enseñando a los hombres que la belleza es cosa real y duradera y que la fe en la belleza es la única cosa necesaria en la vida.
Son famosos los versos: «Heard melodies are sweet,/but those unheard are sweeter» [«Dulces son las melodías que se han oído,/pero más dulces todavía las que no se han oído»]. Pero el pesimismo de Keats, que en estas dos odas está sólo indicado y hasta cierto punto compensado por su fe en una forma de belleza capaz de sobrevivir a la breve vida humana, se acusa en toda su intensidad en la «Ode on Melancholy», por cuya rica armonía circula un amargo sentido de la realidad, una tristeza profunda.
En todas las manifestaciones de belleza eterna el poeta encuentra una fuente de dolor: en las fugaces imágenes de lo bello, en la alegría que huye apenas conocida; junto al placer tiene su puesto la melancolía, que es para quien siente intensamente y por lo mismo sufre mucho, para quien ama verdaderamente la belleza que no se deja aferrar ni retener.
Pero en la- oda «To Autumn», que comienza con el famoso verso: «Season of mists and mellow fruitfulness» [«Estación de nieblas y de madura abundancia»], bajo el influjo de la eterna y siempre nueva belleza de la naturaleza, el espíritu del poeta se serena; siente que lo bello, a lo que aspira su alma, no es efímero, sino que una vez conocido y aferrado por el hombre permanece para siempre como posesión suya. Otras dos odas pueden todavía recordarse entre las más bellas de Keats, «Fancy» y «Ode to Psyche».
En la «Oda a la fantasía» [«Fancy»], vuelve otra vez a tomar el motivo preferido por el poeta, aunque en tono más ligero. Todas las cosas reales, hasta las más bellas, han perdido para él todo atractivo, y por eso exalta la fantasía que le permite huir de la realidad; pues, nada, ni el lugar ni el tiempo, puede detenerle en su continuo buscar nuevos goces.
La «Oda a Psique» es un himno apasionado a la belleza personificada en Psique (v.); es un canto pagano, cálido y sensual, que el poeta eleva a lo que fue su pensamiento constante, el culto supremo de su breve vida. Arrancando de la leyenda de Psique, cuya belleza conquista Portada de la primera edición de las Odas al propio dios del amor, por lo que pasa a formar parte de los inmortales, y del hecho de que Psique entró a formar parte de los dioses sólo en un tardío período del paga- con el antiguo fervor, Keats le promete que, si en el pasado quedó un poco relegada, él la compensará con su devoción.
En su conjunto, estas Odas son himnos a la belleza. En ellas Keats ha convertido en poesía su pensamiento filosófico, que forma la base de todas sus obras y que se compendia en mismo, de modo que nunca fue adorada los conocidos versos de la «Oda a una urna griega»: «La belleza es verdad, la verdad es belleza, es todo/ lo que necesitáis conocéis en este mundo, es todo lo que necesitáis conocer» [«Beauty is truth, truth beauty, — that is all/Ye know on earth, and all ye need to know»]; aquí la belleza adquiere todo el valor del «ethos» y supone, para el poeta, una visión integral de la vida y del mundo.
La extraordinaria riqueza y excelsitud del lenguaje, que son los caracteres salientes de las Odas, nacen, no del preciosismo de una rebusca en frío, sino de un gusto y de una formación literaria (Keats se formó sobre todo en el estudio de Shakespeare) asimilados hasta el punto de llegar a ser sustancia de su espíritu, de tal modo, que precisamente en estas Odas llega el poeta a una concisión y sobriedad nunca por él alcanzadas hasta entonces.
Cada adjetivo está elegido con plena seguridad, y la viva sensualidad que da cuerpo a las imágenes queda, al fin, reabsorbida en el intenso impulso espiritual que anima al poeta. [Trad. parcial por Mariano Manent en La Poesía Inglesa, Románticos y Victorianos (Barcelona, 1945) y por Clemencia Miró en Poesías de John Keats (Madrid, 1950)].
S. Rosati
La magnificencia de Keats tiene algo de marmóreo y de muerto; en la belleza keatsiana hay un rasgo inquietante, como la amenaza gélida de una desgracia que pende sobre nosotros. (E. Cecchi)

