Odas, Dániel Berzsenyi

Las odas de Dániel Berzsenyi (1776-1836), publicadas en 1813, son obras maestras de la métrica húngara de imitación clásica, en un estilo lleno de pathos romántico.

Estas poesías prueban también que la lengua húngara es el único idioma europeo en el que se pueden hacer versos con métrica cuantitativa, esto es, con métrica basada en la alternancia de sílabas largas y breves (no sustituidas por sílabas átonas y tónicas). Berzsenyi eligió como maestro a Horacio, aunque sólo tomando de él algunas sugerencias; en realidad sus odas, abundantes en referencias mitológicas, expresan el pensamiento y el mundo sen­timental del noble magiar.

La primera oda «A los húngaros» fustiga a la nación, que ha abandonado el traje marcial de sus abue­los, olvida la lengua nacional y sólo se ocupa de futilidades; el relajamiento de las cos­tumbres conducirá a la destrucción del país, del mismo modo que provocó la caída de la antigua Roma y de la fuerte Babilonia. En cambio, las odas dirigidas a sus grandes contemporáneos y la segunda oda «A los húngaros» manifiestan un estado de ánimo opuesto: a la vista de la grandeza humana, el poeta se siente lleno de fe sobre el futuro de la nación.

«El alma y un pueblo libre hacen milagros». «Plegaria» testimonia su fuerte fe religiosa. Se aproxima algo más a Horacio en «La llegada del invierno», con su referencia a la caducidad de la ju­ventud. «¡Oh, tiempo alado, que tan presto se va!…» Aunque las excesivas alusiones mitológicas hacen difícil la lectura, la con­cisión y elegancia expresiva de estas odas han hecho proverbiales algunos pasajes.

La obra encontró una crítica insólitamente se­vera para su época, hecha por el joven Kolesey, el poeta del Himno (v.), crítica que descorazonó al autor, induciéndole a ocuparse sólo de estudios estéticos; hoy algunos poetas se proclaman todavía discí­pulos de Berzsenyi. Éste sabe conciliar los extremos más opuestos, desde la máxima intensidad a la suavidad más delicada, en una polarización extraordinariamente eficaz, digna de los más grandes románticos euro­peos; pero es clásico al mismo tiempo por su perspectiva cósmica y por la perfección de factura de sus poesías.

M. Benedek