Obras Astronómicas, Abū Ishāq Ibrāhīm ibn Yahyà Azarquiel

El astrónomo arabigoespañol Abū Ishāq Ibrāhīm ibn Yahyà Azarquiel (muerto en 1100), mediante sus obras y sus observa­ciones personales, dio gran impulso a la astronomía; por otra parte, a través de ver­siones hebreas y latinas ejerció grandísima influencia en la Edad Media y algo en la Moderna, hasta principios del siglo XVI.

A él le debemos el conocimiento del movi­miento propio del apogeo solar — lo expo­nía en su obra, perdida, Suma referente al movimiento del Sol —, la variabilidad de la inclinación, de la eclíptica, la no circularidad de la órbita de Mercurio, etc., y asi­mismo la invención de algunos instrumen­tos — la azafea y la lámina de los siete planetas, a las que dedicó sendos trata­dos —, instrumentos que venían a simplifi­car la resolución de los problemas que po­día plantear la astronomía esférica.

Muchas de sus obras sólo se nos han conservado en traducciones hebreas y latinas. La más importante de todas fueron las llamadas Ta­blas toledanas — que conocemos por versio­nes latinas—, que venían a ser el compen­dio y la coronación de la labor colectiva de los sabios de la época, que habían utilizado las obras de sus antecesores.

De las demás obras que escribió, hemos de referirnos al Tratado sobre el movimiento de las estrellas fijas, que nos ha llegado en la versión hebrea de Šěmuel b. Yěhudá. Azarquiel in­tentó hallar la explicación matemática del movimiento de la novena esfera, en lo que no acertó por haberse basado en las deter­minaciones del punto vernal realizadas por los astrónomos griegos y árabes. El Alma­naque de Ammonio es una adaptación para el año 1089 del almanaque que compuso el alejandrino Ammonio, y se compone de una serie de cánones y de tablas.

En él nos dice que en Occidente la intercalación en los años bisiestos tenía lugar después del 31 de diciembre. La obra fue muy utilizada du­rante toda la Edad Media, y fue adaptada para el año 1301 por el judío Profeit Tibbón (v. Almanaque), a quien también debe­mos una traducción de la azafea.

En el Tra­tado sobre la lámina de los siete planetas da instrucciones acerca de la manera de utilizarla, y allí determina que la órbita de Mercurio no es circular — Azarquiel sos­tiene que es ovalada —; en eso siguió el mismo camino que muchos siglos más tarde habría de seguir Kepler, en su Astronomía nueva (v.), aunque Kepler señaló definiti­vamente que la órbita era elíptica. Seña­lemos, finalmente, que Azarquiel escribió una obra astrológica, probablemente la úni­ca que dedicó al tema, y que lleva el título de Tratado de las influencias de los siete planetas.

Edición de las distintas versiones conservadas, con traducción de ellas, y ex­tensísimo estudio de todos los aspectos astro­nómicos y de la influencia que ejerció Azar­quiel, por José M.a Millás Vallicrosa, en su obra Estudios sobre Azarquiel (Madrid – Granada, 1943-1950).

D. Romano