[Obra poética]. Bajo este título genérico se reunieron en Palma de Mallorca, en 1949, los tres libros que el poeta catalán Bartomeu Rosselló-Pórcel (1913-1938) había publicado en su corta vida: Nou poemes [Nueve poemas, 1933], Quadern de sonets [ Cuaderno de sonetos, 1934] e Imitado del foc [Imitación del juego, 1938].
La actitud poética de Rosselló puede ser situada muy próxima a la de la generación castellana de la Dictadura. No sólo por posibles reminiscencias directas (como encontrarle un verso, «cantonades amb banderes», vecino de otro del Romancero gitano, v., de García Lorca: «En las esquinas banderas»), sino por una proximidad más profunda tanto en la concepción como en la realización del poema.
En efecto, nuestro poeta intentó revalorizar los principios estéticos del barroco, no sólo dando un sentido al barroco de tradición autóctona, del cual elimina todo aquello que tiene de falso y nos lo devuelve supremamente puro, sino también arriesgándose a un traslado de las formas más características de Góngora: «polémica de nacres», «presó de llunes fingides», «perú de lliris», «marbre dolc, sebastiá de lliri». Por otra parte, intentó la recreación de motivos populares, incorporando los de la propia tradición («A l’escarabat bum bum / les ales li frisen»), junto a otros extraídos de la tradición literaria culta, como en el prodigioso «Festa».
Se sirvió también de la técnica surrealista e intentó finalmente el poema puro, armado únicamente de su propia capacidad de belleza. La poesía de Rosselló es ímpetu, mejor diríamos: incendio, fuego que quema y se quema en su propio impulso intelectual. De ahí el ejército de términos como «incendio», «fuego», «llama», «tempestad», «gozo», etc., que atraviesa sus versos. Su gran libro lleva por título Imitado del foc. ¿Por qué oscuros caminos Rosselló llegó a este título, que es para Caries Riba «uno de los títulos de libro de poesía más bellos que yo conozca»? Rosselló tuvo por maestro de bachillerato a Gabriel Alomar, los poemas del cual fueron reunidos bajo el título de Columna de fuego (v.).
Este título es todo un programa, no tanto por aquellas palabras fichteanas que confieren al hombre de letras el carácter sagrado, la alteza de guía del mundo «como una columna de fuego en su tenebrosa peregrinación a través del desierto del Tiempo», sino en el sentido de pretender dar, a una entrega pasional, una contención dentro de unas formas rigurosas e ineludibles. ¿Cabe pensar que Rosselló partió de este programa, si bien en un sentido radicalmente opuesto al de Alomar, en el cual no es ajena la influencia de Caries Riba, adoptando una actitud de humildad? Si más no, ello puede servirnos de hipótesis de trabajo para el estudio de nuestro poeta, para quien la poesía es, guillenianamente, una clasificación del mundo.
Sí, la poesía de Rosselló es una imitación del juego, pero «el fuego no se imita sino quemándose a su vez — escribe Riba—: toda imitación que provenga de una pujanza auténtica, crea en esencial manera su modelo; para decirlo recordando la famosa frase mallarmeana, lo eterniza ayudándolo a cambiarse en sí mismo. Si la palabra ‘imitación’ vale aquí por voluntad de arte, el tema ‘fuego’ abraza la poesía, sí, pero en su total referencia al sentido del hombre y la Tierra. Por sus operaciones, por la imitación que la palabra hace de la llama, nuestro poeta se realiza, con sangre y espíritu, elementalmente».
Este ímpetu y este fuego no sólo se manifiestan en, un gozo amplio, incontenido: «La pastora crida:/ Barques d’alegria!/…/Sobre la rosa més alta,/barques d’alegria» [«La pastora grita: ¡Barcas de alegría ¡/…/Sobre la rosa más alta,/barcas de alegría»], sino también en una dureza, en una violencia; más: en una ira: «En la ira del matí, com s’il-lumina/al meu entorn la primavera nova!» [«En la ira de la mañana, ¡cómo se ilumina/a mi alrededor la primavera nueva!»]. Hemos visto ya la característica más importante del léxico del poeta.
La adjetivación y la sintaxis nos darán el mismo resultado. En efecto, Rosselló se sirve frecuentemente de superlativos: «Carenes i serráis cremen altíssims» [«Lomas y serranías queman altísimas»], «Aqüestes són les hores de sois velocíssims» [«Estas son las horas de soles velocísimos»]; él ha sido quien ha puesto en vigencia el adjetivo «difícil», que se ha convertido en uno de los grandes tópicos de la moderna lengua poética catalana: «Allí les pedres invoquen sempre/la pluja difícil…» [«Allí las piedras invocan siempre/la lluvia difícil…»].
La misma dureza e ímpetu advertimos en la sintaxis: transitivación de verbos intransitivos: «un llampeig de dofins tremola esclat d’espases» [«un relampagueo de delfines tiembla esplendor de espadas»]; uso de hipérbatos arriesgadísimos y elipsis de verbos, dando lugar a situaciones sintácticas violentas, pero extraordinariamente diamantinas.
De ahí que las relaciones sintácticas se resuelvan, usualmente, en oraciones exclamativas, sin verbo y yuxtapuestas: «Ais horts, ais jardins,/a les branques de les palmes,/a la cursa deis rius./barques d’alegria!» [«¡A los huertos, a los jardines,/a las ramas de las palmas,/ a la carrera de los ríos,/ barcas de alegría!»]. Otras veces, quedan resueltas por medio de un diálogo, casi siempre inconcreto, como es frecuente en la poesía castellana de la época: «Cambres de l’oest, amors,/drames i vaixells./— Jove estranger, la penyora/de la faula» [«Habitaciones del oeste, amores,/dramas y naves./ — Joven extranjero, la prenda/de la fábula»].
Pero la base de la poética de Rosselló es la imagen y la metáfora, redondas y novísimas, resueltas gramaticalmente de manera muy diversa. El poeta acostumbra acumularlas en largas y prodigiosas yuxtaposiciones, a veces muy próximas a la técnica que Spitzer llamó de las enumeraciones caóticas, si bien su implacable rigor mental las admite siempre dentro de un orden lógico de correspondencias. La gran personalidad de Rosselló-Pórcel, sólo insinuada en la mayo-ía de los poemas que dejó escritos, encontró su plenitud en algunos pocos de su último libro, principalmente en «A Mallorca, durant la guerra civil», los cuales fijaron el rumbo de la poesía catalana posterior.
J. Molas

