Obra Paramira, Paracelso Theophrast Bombast von Hohenheim

[Opus paramirum]. Título de una célebre obra de Paracelso Theophrast Bombast von Hohenheim; en latín: Philippus Aüreolus Theophrastus Bombastus Paracelsus, 1493-1541), filósofo, médico y naturalista suizo, publicada en Estrasburgo en 1575.

Esta obra, como todos los escritos de Paracelso, se presenta con una confusión indescriptible, en la cual es difícil orientarse además por los numero­sos pasajes dudosos y falsos que se han interpuesto en ella. Ha sido comentada y publicada en edición crítica, junto con to­das las obras de Paracelso, por Karl Sud­hoff (Paracelsus Sämtliche Werke, Berlin, 1922-31, catorce volúmenes).

Con la guía de los eruditos modernos se puede sacar en claro, dejando aparte las numerosas divagaciones por todos los campos del saber, el carácter central de la principal obra de Paracelso. Éste se manifiesta en ella como alquimista y filósofo, médico y astrólogo y, situándose entre la Edad Media y el Rena­cimiento, a pesar de sus numerosas inge­nuidades, anuncia el pensamiento científico y filosófico modernos.

Vinculado, a lo me­nos formalmente, con la Edad Media, dis­tingue en términos absolutos el cometido de la filosofía del de la teología, y parece creer que la razón humana no puede conducir a un resultado concreto respecto a las verdades reveladas de la religión. Pero la teología no puede prescindir de la filo­sofía y, como ésta es ciencia de la natu­raleza y del hombre, se saca en conclusión que también para la teología el principio fundamental ha de buscarse en el hombre.

Paracelso vuelve de este modo la espalda a la Edad Media y mira hacia la Edad Mo­derna, que se inicia precisamente con un nuevo concepto del hombre y de la natu­raleza. Ésta no es ya el mundo de la mate­ria abandonada por Dios, ni se divide, como piensan los escolásticos, en partes terrenas y corruptibles y en partes celestes e indestructibles. La naturaleza es un organismo viviente, todo él concordante, sin distinción de grado y de valor.

Por lo tanto, los astros no pertenecen a un mundo extraño a nues­tra vida, y cambia por ello el significado de la astrología. Verdad es que los plane­tas están en relación con el hombre, pero el hombre no depende de ellos, porque el hombre — afirma resueltamente Paracelso — es algo más que todos los planetas juntos. Toda la naturaleza se resuelve en una re­lación de fuerzas grande y coherente, en cuyo centro se sitúa la personalidad del hombre, que puede conocer la naturaleza en cuanto es capaz de revivirla y experi­mentar todos sus múltiples aspectos.

La me­dicina, la filosofía, la astronomía y la al­quimia, se convierten todas, de este modo, en forma de la actividad humana, del mi­crocosmos que en sí refleja y reconstruye la vida del macrocosmos. El experimentalismo de Paracelso halla de este modo jus­tificación panteísta y humanística que une al filósofo suizo con las corrientes más típi­cas del neoplatonismo italiano del Rena­cimiento.

E. Pací