[Das neue Jahrhundert]. Novela del escritor alemán Heinrich Laube (1806-1884), dividida en dos partes, «Los poetas» [«Die Poeten», 1833] y «Los guerreros» [«Die Krieger», 1848].
El relato, a pesar de su complicada trama, es bastante pobre, ya que consiste esencialmente en una serie de aventuras amorosas unidas entre sí, en las cuales diversos personajes se atraen o se repelen, amándose u odiándose alternativamente. Lo que cuenta para ellos no es la persona amada, sino el amor en sí, en nombre del cual faltan tranquilamente a su fidelidad y a sus juramentos.
Cada uno de estos personajes representa una corriente, ya espiritual, ya literaria, propugnada o combatida por la nueva generación surgida hacia 1830. Valerio es el alma de esos jóvenes, es – su poeta y su filósofo; les comunica vida entregándose a aventuras a lo George Sand, y exponiendo sus ideas en sus cartas y discursos, encendidos de ardor por la libertad más absoluta, ya en moral, ya en religión, inflamándose él solo nombre de «humanidad».
Pero mientras preconiza este extremo individualismo moral y religioso, en política es partidario de un régimen democrático, que subordine el interés de los individuos al de la colectividad. Hipólito es el aristócrata sediento de goces, el cual reproduce con su exasperada sensualidad, más allá del romanticismo católico y moral, los temas y las situaciones de la Lucinda (v.) de Schlegel y del Ardinghello (v.) de Heinse, tratados con realismo que se aproxima al de los franceses.
Leopoldo es el humorista, representante de aquella actitud irónica del antiguo y del nuevo Romanticismo frente a la realidad, que tiene a la sazón su mayor representante en Heinrich Heine. Guillermo, en fin, personifica la antigua corriente romántica y se toma así víctima expiatoria en la narración y en el mundo de las ideas, expresión de lo viejo que ha de ser sacrificado a lo nuevo. Los quince años que transcurrieron entre la publicación de la primera parte y la de la segunda, no transcurrieron en vano.
Valerio se ha entusiasmado ahora por la suerte de Polonia, pero el mundo de la realidad corta muy pronto las alas a su idealismo, pues la revolución se convierte para él en una serie de desilusiones, no tanto por su fracaso, como porque por medio de ella, él halla manera de conocer el carácter de la nación polaca. El entusiasta que se proponía conquistar el mundo, dirige al fin sus pasos hacia alemania para «construirse una cabaña desde la que pueda contemplar la realidad lejana, pero actuar en la cercana».
También el ensueño de una república universal ha caído ahora, ante una nueva idea nacional; lo mismo sucede con sus ideas morales. Esta larga novela refleja las tendencias filosóficas, políticas y literarias de la «Joven alemania» entre 1830 y 1840; y como documento espiritual es interesante para quien quiera conocer las condiciones de la cultura alemana de aquella época.
F. Federici

