Publicadas entre 1821 y 1840 aproximadamente — el mismo autor dirigió, entre 1823 y 1828, una colección en siete volúmenes—, señalan un punto de partida en la literatura narrativa alemana.
Ludwig Tieck (1773-1853) fue el primero, en efecto, que formuló el carácter de la novela corta, definiéndola como una composición poética con el fin de «poner claramente de manifiesto un hecho grande o pequeño, que, aunque desenvolviéndose de una manera fácil y natural, es maravilloso y quizás único».
Precisamente en este paso de lo real a lo maravilloso estriba el interés de la narración que tiene que actuar sobre las fantasías del lector. Siguiendo esta receta, basada en lo imprevisto, Tieck construyó sus numerosos relatos, que se dividen en cuentos de sociedad y cuentos históricos. Los primeros, más que evocarlo, comentan su tiempo.
En ellos se satiriza el dilettantismo de los salones literarios y la insolente reacción del movimiento antirromántico de la Nueva Alemania, que Tieck, procediendo de un mundo espirituálmente más profundo y de gusto más fino, no podía aprobar.
«Los cuadros» es una sátira de los coleccionistas de obras de arte, y al igual que muchos otros cuentos, da ocasión al autor a manifestar sus opiniones estéticas. «Los misteriosos» se dirigen contra la mentira convencional. «Las penas y las alegrías de la música», contra el mundo extravagante de los músicos, que Tieck había conocido bien junto a Reichardt. «El 15 de noviembre» es uno de los pocos relatos de sociedad que no tiene un fondo satírico. Entre los históricos es conocido entre otros «Vidas de poetas», en dos partes, situado en el Londres de la reina Isabel, y referente a los precursores de Shakespeare, Marlowe y Green, que mueren trágicamente después de ver surgir la nueva estrella.
La figura de Shakespeare, un Shakespeare por supuesto plasmado según el gusto de Tieck, apenas resulta bosquejada en la primera parte — publicada en 1826 — donde todavía dominan los precursores, y se desarrolla luego en la segunda — publicada en 1831 —, que es notablemente inferior. Esta novelita es una expresión del culto que Tieck profesó al gran poeta inglés y que culminó con su hermosa traducción aún hoy muy apreciada.
Las narraciones históricas, entre las que tenemos que recordar «Muerte del poeta», dedicada a Camoes, La rebelión de las Cevenas (v.) y también la novela inacabada Victoria Accoromboni (v.), son una detallada descripción de costumbres que intenta reconstruir en los detalles «lo que efectivamente fue», pero envuelta en la confusa atmósfera de un lejano pasado. También los personajes, arqueológicamente bien reconstruidos, carecen de consistencia histórica en sus discursos, que, aunque inconscientemente, representan siempre estados de ánimo del autor.
Si Tieck como escritor de cuentos supera al Tieck romántico, por la mayor claridad de visión y el mayor equilibrio técnico, de todos modos no lo niega: el color realista de sus cuentos es, desde cierto punto de vista, un retorno a tendencias de su poesía juvenil; realismo y romanticismo cabían ambos en su naturaleza. [La única de las novelas cortas de Tieck traducida al castellano es Lo superfino en la vida, por Jaime Bofill y Ferro (Barcelona, 1943)].
G. F. Ajroldi

