Nido de Nobles, Turguenev

[Dvorjanskoe Gnezdo]. Novela de Turguenev (Ivan Sergeevič Turgenev, 1818-1883), publicada en 1859. Como en Rudin (v.), la trama de esta no­vela, la segunda de Turguenev, es sencillí­sima, aunque muy novelesca.

Fédor Lavreckij (v.), noble de edad ya madura, edu­cado a la europea, pero que ha permane­cido ruso en su corazón y de ideas franca­mente eslavófilas, ha abandonado a su mujer, la frívola, superficial y pervertida Varvara Pavlovna, que le ha traicionado es­candalosamente en París, y vuelve a Rusia, deprimido, pero con la esperanza de en­contrar el olvido entregándose a una obra que ya de antiguo tenía proyectada: orga­nizar sus tierras, no siguiendo los planes grandiosos de otros tiempos, sino humilde­mente, «arando la tierra del mejor modo», según sus propias palabras.

En la patria conoce y tiene ocasión de tratar profunda­mente a Liza Kalitina (v.), joven fascina­dora por las cualidades de su espíritu, de la que se enamora. Liza corresponde a su  amor, pero sobre el romántico y poético desplegarse de su pasión gravita la sombra de la indigna mujer de Lavreckij. Un día, por una nota de un periódico, Lavreckij cree que su mujer ha muerto y contrae matrimonio con Liza. La felicidad de am­bos esposos dura poco, pues la noticia de aquel periódico resulta falsa y-, además, la propia mujer de Lavreckij vuelve a Rusia.

Liza se retira a un monasterio. A lo es­quemático de la trama no corresponde un esquematismo igual en el desarrollo, pues la novela se halla enriquecida con la des­cripción de un ambiente, el de la nobleza (de ahí el título), y con un profundo aná­lisis psicológico de los dos protagonistas, en especial de Liza, que puede considerarse la verdadera heroína de la novela. Numero­sos episodios se engarzan sobre la historia del amor de Lavreckij y Liza, sin que se rompa la armonía de la composición Nido de nobles alcanzó enorme éxito, tal vez el más auténtico de todos los obtenidos por las novelas de Turguenev, ya que no fue acompañado de aquella aspereza de polé­mica que había acogido a Rudin (v.) y que más tarde acogió a l*a víspera (v.) y Pa­dres e hijos (v.).

Esto fue debido más que nada a que la figura de Lavreckij, discu­tible en muchos aspectos, quedó relegada a un segundo lugar ante la de Liza, consi­derada, como la Tatiana del Eugenio Onegin (v.) de Pushkin, símbolo ideal de la mujer rusa. [Trad. española, bajo el título de Nido de hidalgos, Barcelona, 1929; por H. C. Granch, Barcelona, 1944].

E. Lo Gatto

Una nota suena constantemente en todas las obras de Turguenev, una singular nota de tierna tristeza lírica. (A. E. Gruzinskij)