Muerte de Ermengarda, Alessandro Manzoni

[Morte di Ermengarda]. Es el segundo de los dos co­ros líricos de la tragedia Adelchi (v.) de Alessandro Manzoni (1785-1873), y cierra la escena primera del acto cuarto. También en este coro, como en Desde los atrios musgosos (v.) y en Batalla de Maclodio (v.), Manzoni, haciéndose a la vez especta­dor y comentador lírico de la acción, des­cubre el material ético e ideal de la acción dramática: el mundo ideal, para usar la fórmula de De Sanctis en su Manzoni, es­tudios y lecciones (v.); incapaz de des­cender al mundo histórico y real, se re­fugia en los coros.

Pero en los dos coros de su Adelchi, iguales en grandeza y be­lleza lírica, la inspiración ética e ideal es netamente distinta. En el primero, llamado también Coro de los longobardos, el pesi­mismo histórico de Manzoni aparece trocado por una viril aceptación de las leyes de la necesidad y del valor de la acción, mientras en el Coro de Ermengarda se muestra más sombrío y complejo, aunque encuentra su última purificación en la palabra consola­dora de la fe cristiana. En el movimiento arrollador de la historia, los débiles y los indefensos son inexorablemente segados y derribados. Pero el poeta invierte los tér­minos de la valoración histórica y moral; el dolor es prenda de un premio sublime, el ocaso preludia ya una eterna aurora; y con una imagen que augura el ocaso se cie­rra, en efecto, el coro, víctima de las inexo­rables fuerzas que gobiernan la historia.

Ermengarda (v.), hija del rey Desiderio y esposa de Carlomagno, después repudiada, muere en un monasterio cerca de Brescia: pero a ella, «de la malvada progenie / de los opresores descendiente», la «próvida desventura» la ha liberado moralmente de los lazos que a su gente la unían colocán­dola entre los «oprimidos». Ella puede mo­rir «llorada y plácida» que «a las culpadas cenizas / nadie insultará». Desde este ele­vado y solemne motivo ético y religioso, en el cual se basa el coro, surge el admi­rable drama íntimo de Ermengarda; para ella el recuerdo de los tiempos felices es motivo de dolor, tortura irremediable, pero también ofrenda sublime por la cual podrá ascender «al Dios de los santos / santa en su padecer». En el drama de Ermengarda, que el contraste de elementos psicológicos en que se apoya presenta una sustancial analogía con el drama de Napoleón en San­ta Elena (v. El Cinco de Mayo), Manzoni ha alcanzado uno de los momentos más ele­vados y líricamente más intensos, a la vez que delicados, de su poesía.

En el equili­brio de elementos líricos y meditativos, celestiales y terrenos, radica la belleza del coro y su significado religioso y ético, so­bre el fondo dramático de la historia hu­mana. [Trad. en verso por Federico Baráibar y Zumárraga en su versión de la tra­gedia Adelchi, incluida en las Tragedias, poesías y obras varias de A. Manzoni, to­mo I (Madrid, 1891)].

D. Mattalia