Mi Viaje, Juan Psichari

Obra narrativa del escritor neogriego Juan Psichari (1854-1929), publicada en 1888. El autor fue profesor en la Escuela de Altos Estudios y en la Escuela de lenguas orientales vivas y desempeñó por sus trabajos de lingüista un papel preponderante en la evolución de la vida literaria neogriega. Mi viaje es el relato de las impresiones del autor durante un periplo que lo llevó desde Atenas a Quíos y Constantinopla. A lo largo de todo el libro, el autor se aplica a devolver a la lengua popular el papel que le corresponde. Antes de la aparición de esta obra, los es­critos en lengua popular eran raros, torpes y llenos de vacilaciones. Psichari pertene­cía a la escuela que consideraba la ciencia del lenguaje como una ciencia natural, por lo que defendía con firmeza la realidad lingüística que para él era la lengua po­pular y se oponía resueltamente a toda solución que tendiera a depurar artificialmente y «por decreto» la lengua de cada día, con el solo propósito de acercarla al griego clásico.

El problema de la lengua en la Grecia moderna estuvo siempre vin­culado a las ilusiones que se alimentaban falsamente de la antigua herencia. Al usar en su libro la lengua popular, Psichari abrió los caminos del futuro y preparó el desarrollo de la literatura griega moderna. Preocupado por adaptarse constantemente a las leyes naturales, el autor se esforzó en eliminar todo cuanto, en la lengua, ya no era vivo en su época, aplicando estrictos principios lingüísticos. Esta ardua e ingrata tarea, que el autor realizó magistralmente, convirtió a Psichari en el jefe del movi­miento literario que debía desempeñar, a principios de siglo, un papel extraordina­riamente saludable en la evolución de la literatura neohelénica. Antes de la apari­ción de este libro, debíase elegir entre formas basadas en una tradición escrita y otras que provenían de los antepasados por vía oral, sin olvidar las formas intermedias, resultado de mezclas y contaminaciones re­cíprocas. Psichari contribuyó decisivamente a establecer una regla de oro a la que adaptarse. Esta regla puede resumirse así: seguir escrupulosamente las palabras y el estilo de la lengua popular y, en caso de duda, someterse a las leyes de la fonética.