Obra de Pío Baroja y Nessi (1872- 1956). «Junto al hombre reconcentrado y egocéntrico del 98, hay para Baroja un tipo ideal, característico de nuestro anárquico y personal siglo XIX: el hombre de acción.
Por ello, uno de los caracteres que atraen más a Baroja es el de Eugenio de Aviraneta, lejano pariente de sus abuelos, personaje que vivió la guerra de la Independencia y que liberal, escéptico y aventurero, se asomó profundamente al período de la guerra carlista y de los pronunciamientos. Así escribe Pío Baroja su serie de novelas Memorias de un hombre de acción, ‘sobre este notable tipo. El autor señala las diferencias entre estos libros y los Episodios de Galdós, en alguno de los cuales apareciera ya, aunque superficialmente, el mismo personaje, al que el autor de estas Memorias coloca más allá del bien y del mal». A su entender, el único parecido externo entre su Aviraneta y el de los Episodios Nacionales es el de época y asunto. Si Galdós fue a la historia por afición a ella, Baroja fue por curiosidad determinada hacia un tipo. Galdós ha buscado los momentos brillantes para historiarlos (es el propio Baroja quien lo señala), mientras que éste ha insistido en lo que le ha ido dando el propio protagonista. El criterio histórico es también distinto, y Galdós pinta a España como un feudo aislado, mientras Baroja la presenta muy unida en sus movimientos liberales y reaccionarios a Francia.
Galdós da la impresión de que la España de la guerra de la Independencia está muy lejos de la actual, y Baroja la encuentra casi la misma de hoy, sobre todo en el campo… Baroja, pues, siente este pasado del siglo XIX, como casi vivo y coetáneo. La serie de sus Memorias de un hombre de acción comienza con El aprendiz de conspirador3 una de sus ^ novelas más ágiles e interesantes de acción. En ella surge el típico paisaje barojiano: «El camino tomaba un aspecto siniestro a medida que la obscuridad dominaba. Grandes piedras parecían avanzar en la sombra a cerrar el paso; la imaginación forjaba gente emboscada entre los troncos de los árboles». Excelente es también El escuadrón del brigante, en el que aparece Aviraneta como guerrillero de la Independencia, nada menos que a las órdenes del cura Merino. Una de las mejores obras es Los recursos de la astucia, en que se recogen dos novelas: La canóniga (que a juicio de Andrés González Blanco es todo un gran acierto de reproducción de ambiente, * de almas muertas y paisajes maravillosos y de rincones de paz y de olvido, como los que Cuenca posee, ciudad que La canóniga refleja admirablemente) y Los guerrilleros del Empecinado. En La Isabelina (1919) se halla el protagonista en la época de la guerra carlista.
Con carácter exclusivamente histórico ha trazado Baroja la biografía del mismo protagonista en Aviraneta o la vida de un conspirador (1931), formando parte de las «Vidas de españoles e hispanoamericanos del siglo XIX», de la Editorial Es- pasa-Calpe, Madrid. Una vez más se comprueba la enorme soltura de Baroja para trasladar tipos estudiados en la realidad y que, como el de Aviraneta, sin dejar de ser reales, nos llegan por medio de la historia de sus hechos. Si la fantasía del autor ha intervenido cerca de su personaje, lo ha hecho actuando como el propio personaje actuaría de verse ante los hechos que el autor señala como suyos. Su perfecto conocimiento de las criaturas, de sus reacciones; su enorme intuición guiadora hacen del novelista un sagaz psicólogo en cada una de sus creaciones. El hombre de acción re-creado por Baroja, lleva consigo mucho de la acción que, ante idénticas circunstancias, hubiera querido verificar Baroja mismo. En definitiva, sólo a los hombres reconcentrados, sedentarios (pues no se consideran de acción a los que se entregan a funciones del intelecto) les es dado el poder de comprender y desarrollar la acción de otro ser que vive fuera de su propia existencia. Y para encontrar la grata resolución de la fórmula, esta serie de novelas barojianas se nos ofrece como la más grata y cautivante lectura.
C. Conde

