[Erinnerungen von Ludolf Ursleu dem Jüngeren]. Aparecida en 1893, es la novela a la que Ricarda Huch (1864-1947) debe su fama, y una de las más notables de la literatura alemana contemporánea.
Novela en gran parte autobiográfica: la pasión de la protagonista, Galeide, por su primo, casado con su hermana, y por tanto cuñado a la vez que primo, es la misma gran pasión de la joven Huch, pasión que por poco la trastorna. Como Galeide, también la autora se vio obligada a dejar el hogar paterno, viviendo desterrada en Suiza, donde se creó una vida independiente. La narración de las Memorias, hecha en tercera persona por el hermano de Galeide, es, a la vez que un medio técnico para tratar de alejar una pasión demasiado cercana y autobiográfica, una señal de pudor, una necesidad de alejarse y esconderse. Pero la belleza del libro consiste, por otra parte, en el valor de presentar este amor sin velos y sin atenuantes: una pasión que la razón no vacila en calificar de «pecaminosa», pero que a la vez es sentida como una necesidad invencible, casi como un hecho natural.
Esta contradicción tiene su encanto, porque corresponde además a la atmósfera de la familia en cuyo seno nació aquella pasión: una familia de personas bastante cultas y nobles, en una antigua ciudad de la alemania hanseática, tradicionalmente dedicada a un lucrativo comercio, pero que cada vez se van alejando más del deseo de lucro y, en las últimas generaciones, se sienten presas del amor hacia los estudios y la música, de un sueño de poesía y de belleza que les aleja de la vida cotidiana. Otro de los encantos del libro reside en el contrasté entre esta atmósfera de ensueño, de noble reserva, de pasión por las bellas formas del arte, que, sin embargo, no quiere renunciar a los principios éticos de los antepasados, y la irrupción de una pasión violenta, áspera, arrancada de la «naturaleza»; del mismo modo que en el carácter de Galeide «coexistían la dulzura y una naturaleza exacerbadamente agria y violenta». La última parte de la novela, cuando Galeide, en el momento de poder casarse con su primo, ya viudo, se enamora de otro hombre y luego se mata, vale menos que las partes anteriores: no porque estas últimas páginas estén fuera de la verdad autobiográfica, sino porque, dado el carácter serio y apasionado de Galeide y la atmósfera de toda la familia, el paso rápido a un nuevo amor, que traiciona la gran pasión por sólo un capricho, no está psicológicamente justificado, y sobre todo porque, como representación artística, la fluencia e impetuosidad narrativa de la primera parte son substituidas en esta última por una especie de aridez dialéctica, de carácter conceptual.
B. Tecchi

