Poema del escritor argentino José Hernández (1834-1886), publicado en Buenos Aires en 1872, con el título El gaucho Martín Fierro. En 1879 aparece impresa una segunda parte con el título de La vuelta de Martín Fierro. Desde 1894 el título de la obra completa se ha unificado en el nombre del protagonista, distinguiéndose abreviadamente ambas partes, la ida y la vuelta, que aluden, conforme se desprende del argumento del poema, a la partida del héroe a tierra de indios cruzando «la frontera», y al retorno a la sociedad de los blancos y al seno de los suyos.
Después de la invocación inicial y el desahogo lírico del canto I, Martín Fierro evoca nostálgicamente la feliz época que gozó en la Pampa (c. II), y comienza entonces la narración propiamente dicha. La leva lo arranca de su hogar y lo encierra en uno de los fortines existentes en la trágica franja llamada «la frontera» en tierra de indios (c. III), y cuenta entonces la miserable vida que allí se soporta, los peligros de la guerra a muerte con el salvaje que lleva sus «malones» a estos acantonamientos (cc. IV y V). Ante tanto sufrimiento Martín Fierro decide huir, después de tres años, «desertor, pobre y desnudo». A estos males se añade la trágica visión de su rancho abandonado y convertido en «tapera»: su larga ausencia y la necesidad han disgregado a su familia y dispersado a sus hijos (c. VI). Martín Fierro se rebela ante este estado de cosas y jura vengarse de la organización social que así lo martiriza, se hace «gaucho malo», frecuenta las pulperías, se da a la bebida y en una ocasión provoca con mala intención a un negro y lo mata (c. VIII). La policía lo persigue y llega a acorralarle; él no se arredra, se enfrenta valerosamente con los «milicos», provocando la admiración de otro gaucho que venía como «sargento» en la partida y que se pone de su lado exclamando: «Cruz no consiente / que se cometa el delito / de matar así un valiente» (vv. 1624-1626), y entre los dos derrotan a los «milicos» (c. IX).
Cruz cuenta a Martín Fierro su historia (cc. X-XII) y juntos deciden guarecerse en tierra de indios aceptando el riesgo que ello supone (c. XIII). De esta forma termina la primera parte, que por ello recibe el nombre de «la ida». En La vuelta de Martín Fierro, después de una introducción, cuenta éste su viaje con Cruz a través del desierto y la penosa vida de cautivos entre los indios (cc. I-II), las costumbres de éstos, sus bailes, fiestas y malones (cc. III-V); la muerte de Cruz a consecuencia de una epidemia de viruela (c. VI) y los lamentos de Martín Fierro junto a la tumba de su compañero (c. VII). Luego sostiene un terrible duelo con un salvaje que maltrataba a una cautiva blanca, huye con ella y retorna a tierra de cristianos (cc. VIII-X), donde por fin encuentra a dos de sus hijos (c. XI), cada uno de los cuales le cuenta su historia: la de la penitenciaría donde estuvo el mayor encerrado injustamente (c. XII) y la picara historia del viejo Vizcacha (cc. XIII-XIV), protector del Hijo Segundo, hasta que muere (c. XVI) y es enterrado (cc. XVII-XVIII). El Hijo Segundo sigue recordando el desgraciado amor que tanto le hizo padecer (c. XIX) hasta que llega Picardía — un nuevo personaje — y narra a su vez su vida de tahúr, sus desdichas parecidas a las de Martín Fierro (cc. XX-XXVIII). Descubre por fin que es hijo de Cruz.
Aparece también el Moreno cantor, quien provoca a Martín Fierro con la intención de vengar así la muerte de su hermano, el negro injustamente muerto por Martín Fierro (c. XXX). El duelo es evitado y Martín Fierro se retira con sus hijos (c. XXXI), a quienes da paternales consejos (c. XXXII), hasta que por fin resuelven cambiar de nombre y separarse hacia distintos rumbos (c. XXXIII). Este poema está escrito en castellano pero con todos los matices propios del habla típica de los gauchos de la provincia de Buenos Aires a mediados del XIX. Escrito en octosílabos, la estrofa que predomina en el poema es la sexteta ajustada por lo general a este esquema: ábbccb. Por lo general, la rima es consonante. Hay muchas licencias métricas y de estilo. Campean en el poema la gracia, la sencillez y la naturalidad. No obstante, la forma es a menudo incorrecta. El poema es fiel reflejo de la vida gauchesca, tanto en su aspecto social como en el psicológico. Martín Fierro es la encarnación del individualismo, de la libertad sobre la pampa que se dilata hasta el horizonte frente a la ciudad civilizadora y progresista. *
Me he esforzado, sin presumir haberlo conseguido, en presentar un tipo que personificara el carácter de nuestros gauchos, concentrando el modo de ser, de sentir, de pensar y de expresarse que les es peculiar; dotándolo con todos los juegos de su imaginación llena de imágenes y de colorido, con todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen, y con todos los impulsos y arrebatos, hijos de una naturaleza que la educación no ha pulido. (Hernández)
Ni Hidalgo, ni Ascasubi, ni mucho menos Del Campo, han llegado entre nuestros poetas populares y gauchescos a la altura filosófica en que toca el versificador más incorrecto de todos, don José Hernández. Martín Fierro es el tipo culminante del gaucho, es decir, el producto más completo de una sociabilidad injusta, operando sobre una naturaleza ingénitamente poderosa y activa. (J. M. Estrada)
El Martín Fierro es el espíritu de la tierra natal cortándose bajo el emblema de la leyenda primitiva, la génesis de una civilización en la pampa y las angustias del hombre en la bravía inmensidad del desierto. (R. Rojas)
Martín Fierro es, de todo lo hispanoamericano que conozco, lo más hondamente español… Cuando el payador pampero, a la sombra del ombú, en la infinita calma del desierto, o en la noche serena a la luz de las estrellas, entona, acompañado de la guitarra española, las monótonas décimas de Martín Fierro, y oigan los gauchos conmovidos la poesía de sus pampas, sentirán sin saberlo, ni poder de ello darse cuenta, que les brotan del lecho inconsciente del espíritu ecos no extinguibles de la madre España, ecos que con la sangre y el alma les legaron sus padres. Martín Fierro es el canto del luchador español que, después de haber plantado la cruz en Granada, se fue a América a servir de avanzada a la civilización y a abrir el camino del desierto. Por eso su canto está impregnado de españolismo; es española su lengua, españoles sus modismos, españolas sus máximas y sus sabidurías, española su alma. (Unamuno)

