Marion Delorme, Víctor Hugo

Drama en cinco ac­tos, en verso, de Víctor Hugo (1802-1885), representado en 1831. La primera versión es de 1829, y el primitivo título Un duelo bajo Richelieu [Un duel sous Richelieu]; la presentación fue prohibida por la poli­cía, que quiso ver en el incapaz rey Luis XIII al soberano reinante, Carlos X.  Marión Delorme era una de las más bellas, inteligentes y alegres cortesanas del si­glo XVII; en su figura se inspira Hugo, transportándola al plano de la poesía ro­mántica.

En el drama, Marión, que ha vuelto a ser María, vive apartada, purifi­cada por el amor respetuoso y casto de Didier, un caballero misterioso, siempre vestido de negro, triste y creyente en la pureza de María. Su amor noble le lleva a batirse en duelo con el marqués Gaspar de Saverny, que ha sido amante de Ma­rión y que, reconociéndola, se muestra tan indelicado como para acordarse de ello. El duelo es interrumpido por la llegada de los guardias del Cardenal, que detienen a Didier, mientras el marqués consigue esca­par, fingiéndose muerto. Richelieu, por su odio contra los mosqueteros del rey, que hacían del duelo casi un oficio, había con­minado con la pena de muerte a los que fuesen sorprendidos con las armas en la mano; el destino de Didier está decidido. Marión le ayuda a huir, y los dos se unen a una compañía de artistas vagabundos. Laffemas, espía del Cardenal, reconoce a Marión, y por ella encuentra fácilmente a Didier y al marqués de Saverny, que esta­ba asistiendo tranquilamente a su entierro. Toda súplica al rey es vana; el payaso Langely consigue arrancar la gracia, pero el Cardenal logra obtener la contraorden; in­cluso el sacrificio de Marión, que se entre­ga al repugnante Laffemas, es inútil. La horca está preparada, los dos jóvenes tie­nen que morir. Pocos instantes antes de la muerte, Didier, que había maldecido a Ma­rión por su engaño, conmovido por el dolor de la mujer y por su humilde angustia, le grita su perdón y su amor en una palabra que la rehabilita: «mi esposa».

Todo el dra­ma está dominado por la figura de Riche­lieu; en una de las primeras escenas hasta asistimos a una disputa de carácter lite­rario sobre el Cid de Corneille (represen­tado en 1636, año en que se finge la ac­ción), que los mosqueteros admiraban de una manera especial por ser condenado por el Cardenal. Escrito seis meses después del Cromwell (v.), el drama es uno de los más completos ejemplares del teatro romántico; no falta casi ninguno de los motivos con­siderados indispensables: pasiones arrolla­doras, contraste de sentimientos, héroe mis­terioso, disfraces. Especialmente es repre­sentada una de las ideas más queridas por la joven escuela romántica, la regenera­ción y la rehabilitación de la cortesana a través de un purísimo amor. Este intenso clima de romanticismo le permite a Víctor Hugo, en el momento culminante de su lu­cha renovadora, expresar todo el calor de su poesía en el entusiasmo de lo que pa­recía el mensaje de una nueva ética.

G. Alloisio

*    Marion Delorme ha inspirado diversos melodramas: uno de Giovanni Bottesini (1821-1889), representado en 1862; otro de Cario Pedrotti (1817-1893), ejecutado en Trieste en 1865; el tercero, que es la úl­tima ópera de Amilcare Ponchielli (1834- 1886), representado en Milán en 1885. De este último, que es el más notable, es de señalar el «intermedio fúnebre del cuarto acto.