Mario y Sila, Christian Dietrich Grabbe

[Marius und Sulla], Dra­ma incompleto de Christian Dietrich Grabbe (1801-1836). El poeta hizo dos versiones: una en la que los dos primeros actos apa­recen completos y escritos casi en su tota­lidad en versos yámbicos, y la otra que tie­ne casi terminados los dos primeros actos, mientras los otros quedaron esbozados y con escenas cortas completas. En esta úl­tima versión se alternan la prosa y el verso. En 1823, inmediatamente después de ter­minada la primera versión, la mandó Grab­be a Ludwig Tieck, para que la juzgase; pero en el mismo año rehízo todo lo que había escrito. La obra fue publicada en 1827, junto con las demás obras juveniles del autor. El argumento de la tragedia es el fin de Mario y la aparición del astro de Sila. El poeta toma como fuente histórica las Vidas de Plutarco, a las que se atiene casi siempre escrupulosamente. En cuanto al modo de orientar la tragedia, el modelo fue Shakespeare. Él mismo dice que trata de «despertar el espíritu de la historia»; y, en realidad, en breves escenas de am­biente y de masas consigue caracterizar de­terminados momentos de la vida romana; los caracteres de los protagonistas están bien perfilados. En torno a los dos perso­najes principales se mueven una serie de figuras, compuesta por senadores, cónsules, partidarios y enemigos, respectivamente, de Mario y de Sila.

La figura que predomina en los primeros actos es la de Mario, con su cruda y violenta potencia, desde la fuga a Cartago hasta su muerte, descrita con pintoresco efecto, en el acto IV. Asistimos a su retorno al poder, que logra recon­quistar con la ayuda de sus hijos, Cinna y Sertorio; en las batallas en que derrota a sus enemigos. Luego, tras la victoria, cuan­do Mario cree haber asegurado el poder, se entera de la llegada de Sila, el cual, no obstante, está engañado por su ironía inte­rior; es un hombre carente de ilusiones, y en el fondo, convencido de la ineficacia de sus victorias; algo así como un jugador que logrados sus triunfos en el campo de ac­ción, se retira a la vida privada. Como fondo de la actividad de ambos personajes se mueve un tercer personaje, despiadado y cruel, por la caprichosa imprevisibilidad de sus mutaciones: la masa popular, que no aparece realmente en la escena, pero que se adivina y se siente como fuerza obs­cura y siempre importante. Sin embargo, a pesar de que los caracteres de los perso­najes sean claros y queden bien perfila­dos y que la construcción del drama, si no tiene la unidad del drama clásico, está desarrollada rigurosamente, no llega a con­vencer en conjunto. El exceso de «pathos» heroico, la falta de rasgos verdaderamente humanos de los protagonistas, vistos ex­clusivamente a través de la lente de au­mento de Plutarco, hacen que la tragedia resulte pesada. Dos editores de la obra de Grabbe, E. Korn, en 1890, y Paul Friedrich, en 1894, intentaron terminar el drama y adaptarlo a las exigencias de la escena, desarrollando los apuntes del autor, pero su intento no fue convincente.

C. Gundolf