Primera novela del escritor italiano Antonio Fogazzaro (1842-1911), aparecida en 1881. Toma su hombre de la protagonista, Marina de Malombra (v.). Una tarde, en el cajoncito de un «secretaire» de su cuarto, Marina encuentra un mechón de cabellos, un guante, un espejo y un breve manuscrito, con las últimas palabras de una de sus antepasadas, Cecilia, escritas en la estancia, donde un celoso marido, teniéndola prisionera, la hacía expiar una culpa de amor. «Tú, el que encuentres y leas estas palabras, reconoce en ti a mi alma desventurada». Marina se imagina, en efecto, que encarna el alma de la muerta y que ha de pasar por las fases principales de la existencia de ésta. Cree reconocer en un tío con el que vive, y del cual se considera perseguida, una reencarnación del marido de Cecilia, y tiene la sospecha de que en un joven y oscuro escritor, Conrado Silla (v.), que vive con su tío en calidad de secretario, revive el alma del antiguo amante.
Conrado, enamorado sensualmente de Marina y puesto a prueba por ésta, muere a manos de ella, enloquecida, sumiendo en el luto a su purísima novia, Edith (v.). La novela, por lo que tiene de mediúmnica, tan del gusto y del interés de su época, puede decirse que es la más exuberante de fantasía entre todas las novelas de Fogazzaro, cuyos motivos pueden definirse en el traspaso de la realidad al mundo del arte insuflado de lo novelesco. Tiene un destacado valor autobiográfico, no tanto por la exterioridad del argumento, cuanto por la interioridad de Conrado Silla, héroe dividido entre sensualidad y espiritualidad, lo mismo que lo estaba el autor. Tumulto pasional, impulso místico, atmósfera fabulosa, son sus principales caracteres. Suele hallársele un precedente en una novela de Víctor Cherbuliez, Le Comte Kostia (1883). A fines del siglo pasado, Augusto Poggi hizo de la novela un poema sinfónico. [Trad. española de Francisco Godó (Barcelona, 1911)].
P. Nardi
Como documento de la personalidad fogazzariana, éste es verdaderamente el libro fundamental. (F. Flora)

