Mālavikāgnimitra, Kālidāsa

[Mālavikā y Agnimitra]. Drama del autor indio Kālidāsa (siglo IV-V) de un carácter completamente distinto de los otros dos dramas de este gran poeta clásico de la India: el Abhijñānaśā– kuntalā (v.) y el Vikramorvaśīya (v.). Es, con toda probabilidad, el más antiguo de los tres, como se deduce, entre otros deta­lles, de un párrafo que figura en el prólo­go, donde el poeta se acusa de presentar esta composición dramática.

Dividido en cinco actos, más que un drama es una co­media de intriga en que el amor predomi­na, con características escenas de ambien­te, recogidas de la vida privada de la Cor­te. La princesa Mālavikā de Vidharba, des­tinada a ser esposa del rey Agnimitra de Vidiśā, cae en una emboscada cuando via­jaba con su séquito camino de Vidiśā. No obstante, consigue huir y prosigue su mar­cha hasta la citada ciudad, y allí, sin ser reconocida, entra al servicio de la reina Dhārinī, quien la hace instruir en el arte de la danza. El rey ve el retrato de Mālavikā y se siente invadido por intensa pa­sión hacia la joven. En un concurso de danza queda vencedora, y el amor se en­ciende en el corazón del rey. Un encuentro de Agnimitra y Mālavikā, en el palco real, es interrumpido por la aparición de Īravatī, segunda reina, la cual se insolenta con su esposo y ordena que Mālavikā sea en­carcelada. Cuando parece que han triunfa­do los acontecimientos que se oponen a aquel predestinado amor, llegan a Vidiśā prisioneros oriundos del país de Vidarbha, los cuales reconocen a la princesa Mālavikā, que era tenida por muerta, y simul­táneamente llega la noticia de que el hijo de Agnimitra y de la reina Dhárini ha conseguido una gran victoria. La propia Dhārinī, ebria de alegría, venciendo toda la resistencia de la otra reina iravatl, pre­senta al rey Agnimitra la princesa Mālavikā, para que la tome como tercera es­posa y reina.

La trama de esta comedia tuvo inmenso éxito en la India, donde fue imitada por los poetas dramáticos posterio­res. El Mālavikāgnimitra es una composi­ción dramática bien desarrollada y rica en vivas escenas, a veces muy curiosas. Por ejemplo, la del primer acto, cuando los dos maestros de danza disputan sobre su prio­ridad y el favor del soberano. La figura del rey Agnimitra está perfilada magistralmen­te con su sensualidad no exenta de delica­deza de sentimientos, figura que permane­cerá constante en las comedias indias del mismo género, en los siglos sucesivos.

M. Vallauri