Mālatīmādhava, Bhavabhūti

[Mālatīy Mādhava]. Drama indio en diez actos de Bhavabhūti, el mayor dramaturgo indio después de Kālidāsa. Bhavabhūti vivió hacia el 700, y tanto la crítica indígena como la europea están de acuerdo en reconocerle excelentes cualidades de escritor, de estilista y poe­ta. El Mālatīmādhava es un drama del gé­nero «prakarana», del que poseemos otro famoso ejemplar en el Mrcchakatika (v.) de Şūdraka.

El asunto, probablemente, es casi por completo invención del autor, el cual recogería también algunos detalles de fuen­tes novelísticas. Es un drama de amor cuya fábula consiste en una pasión contrariada que, por fin triunfa, y fue definido (Klein) como «el drama indio de Romeo y Julieta, con un desenlace feliz». Pero a diferencia de aquél, en el drama de Bhavabhūti los padres consienten en la unión de Mālatī. hija del ministro Bhūrivasu, con Mādhava. hijo del ministro Devarāta. El amor de los dos jóvenes es, sin embargo, mal visto por Nandana, favorito del rey, que pretende desposar con Mālatī. Una monja budista, llamada Kāmandakī, pone en juego su experiencia y sus mañas con el fin de unir a los dos infelices enamorados, y cuando Mālatī está a punto de ser dada como es­posa a Nandana, hace celebrar un matri­monio secreto entre Mālatī y Mādhava. mientras con los vestidos de Málati envía a Nandana un amigo de Mādhava, llamado Makaranda. Pero en la noche nupcial halla en la falsa esposa una resistencia tal que. lleno de despecho y furia, abandona la cámara. Las vicisitudes de Mālatī y Mādhava no llegan a su fin y nuevas peripe­cias, así como una nueva separación, les esperan. Mas al fin, quedan felizmente uni­dos para siempre. En ningún otro drama indio ha encontrado el sentimiento del amor una representación tan viva y verdadera y una expresión tan conmovedora.

Destaca de todo el drama una delicadísima sensi­bilidad amorosa. A la vez, concurren tam­bién fuertes contrastes escénicos, por los que el autor muestra gran complacencia. En el quinto acto, una horripilante repre­sentación de brujería y de ritos sanguina­rios y diabólicos en un cementerio, supera en vivacidad y horror la escena de Macbeth (v.) y el aquelarre del Fausto (v.). Interesantísimo es el prólogo en el que el autor expone, por boca del director de escena y de un actor, su visión del arte dramático, afirmando entre otras cosas que en un dra­ma no deben faltar las siguientes caracte­rísticas : profundo enredo con abundante variedad de pasiones, exaltación de la amis­tad, amor lleno de audacia, fábula atra­yente y elegancia de dicción. [Trad. italia­na de F. Cimmino (Milán-Roma, 1915)].

M. Vallauri