Madrigales , Luca Marenzio

Si Adrian Willaert fue considerado el padre del ma­drigal y el iniciador de la tendencia ha­cia la liberación de la exclusividad del dia­tonismo de los modos gregorianos, Luca Marenzio (1553-1599) merece ser recono­cido como maestro del madrigal.

Hacia fi­nes del siglo XVI su valor estaba plena­mente afirmado entre sus contemporáneos, los cuales le llamaban «el más dulce cisne» y «el divino compositor», por el carácter particularmente lírico e idílico de su mú­sica. Además de Motetes, de los que un libro a 12 voces basta para subrayar su virtuosismo contrapuntístico, y Villancicos a la napolitana [Villanelle alla napoletana]; la producción de Marenzio se compone so­bre todo de madrigales : nueve libros a cinco voces, impresos por Gardano en Venecia (1580-1589), seis libros a seis voces (Gardano, 1581-1595), uno a cuatro voces (1585), madrigales espirituales a cinco vo­ces, etc. La contribución aportada por Luca Marenzio a la evolución del lenguaje mu­sical con su amplio y refinado empleo del cromatismo es de indiscutible importancia. Entre sus contemporáneos ninguno alcanza la riqueza de su sentido armónico; es más, puede decirse que de la armonía intuyó y previo todos los futuros desarrollos y todas las grandes posibilidades expresivas.

Su madrigal es el de un polifonista, pero con­tiene en potencia las inminentes realiza­ciones de la música dramática y revela al mismo tiempo el presentimiento de la mú­sica acompañada. La suavidad de la melo­día y la búsqueda de un «color» armónico son características en sus varios libros de madrigales; particularmente en los madri­gales a seis voces se encuentran páginas de gran valor expresivo, en las que la inven­ción y los procedimientos técnicos apare­cen admirablemente equilibrados. Compa­rando el arte de Marenzio con el de Mon­teverdi, Pruniéres ha observado que si Ma­renzio, más reservado y sobrio, no alcanza la potencia dramática monteverdiana, en cambio Monteverdi no le supera en sensual delicadeza colorística ni quizás en el apa­sionado acento de su lirismo. Los viajes que Marenzio realizó por Europa y los contactos que tuvo con la cultura de otros países pudieron contribuir a su formación, pero no afectaron en lo más mínimo al ca­rácter profundamente italiano de su música.

L. Córtese