Madrigales, Claudio Monteverdi

El gran compositor Claudio Monteverdi (1567-1643) se dedicó ampliamente al género madrigalesco, tratándolo primero en estilo contrapuntístico libre, conforme a la tenden­cia de las postrimerías del siglo XVI, y luego desvinculándole poco a poco de las influencias de la polifonía clásica.

Los li­bros de madrigales publicados por Monte­verdi, sin contar los «espirituales» a cuatro voces aparecidos en 1583 (de los que sólo nos ha llegado la parte del bajo), son ocho: los cinco primeros a cinco voces, los restantes para varios conjuntos vocales e instrumentales. Un libro de Madrigali e Canzonette a due e tre voci se publicó póstumamente en 1651. El primer libro de Madrigales a cinco voces (Venecia, 1587) recuerda todavía el estilo vivo y gracioso de las Canzonette a tres voces (la primera colección de obras de Monteverdi que ha llegado hasta nosotros, publicada cuando apenas tenía diecisiete años), pero la ar­monía es más rica y audaz, la expresión más henchida de vitalidad juvenil. En estas dos compilaciones, como en los Madrigales espirituales de 1583, el autor se declara, en el título, discípulo de Marc’Antonio Inge­gneri.

El segundo libro (Venecia, 1590) se­ñala un progreso considerable; el estilo polifónico y el homófono, o sea, a voces simultáneas, se alternan, la expresión del texto literario es subrayada con gran cui­dado y a veces incluso con expedientes imi­tativos convencionales de la época. Aquí se encuentra uno de los más célebres ma­drigales del autor: «Ecco mormorar l’onde», donde el vivo sentimiento de la naturaleza queda a trechos enfriado precisamente por el gusto de la pintura musical exterior. Otros tienen, en cambio, carácter dramáti­co, como «Non m’è grave il morire». El tercer libro (Venecia, 1592), fue particular­mente famoso por sus audacias armónicas, más frecuentes que en los precedentes (en el madrigal «Stracciami il core» hay un famoso pasaje, en las palabras «non può morir d’Amor alma fedele», con una ca­dena de retardos dobles y triples) y por el modo nuevo y variado de disponer las voces, como en los madrigales «O Prima­vera, gioventù de Tanno» y «Perfidissimo volto», donde una voz sobresale netamente por encima de las demás.

El cuarto libro apareció en Venecia en 1603, pero los ma­drigales contenidos en él habían sido por lo menos en parte compuestos hacía tiempo, y habían provocado las pedantescas notas críticas de Giovanni Maria Artusi (v. Artusi o de las imperfecciones de la Música moderna), ya sea por sus atrevimientos ar­mónicos cada vez mayores, ya sea por el nuevo carácter que el autor empezaba a dar a la forma madrigalesca tratando a me­nudo las voces como instrumentos. En el quinto libro (Venecia, 1605) Monteverdi introduce el bajo continuo, abriendo así el camino a la progresiva disolución de la po­lifonía y al predominio de un estilo re­citativo o cantable afín al que se había ya afirmado en el melodrama. Sin embargo, el proceso, en este aspecto, está todavía en sus inicios, y las voces conservan cierta autonomía y riqueza de movimiento, aun­que de vez en cuando se observe una mar­cada tendencia al estilo recitativo acom­pañado.

Para la historia de la armonía es de particular importancia el madrigal «Cru­da Amarilli», en el cual aparecen por pri­mera vez los acordes de «séptima» y «no­vena de dominante», sin preparación, que han de ser elementos fundamentales de la tonalidad moderna. Seis madrigales de este mismo libro están escritos sobre textos sa­cados del Pastor Fido (v.) de Guarini y for­man una especie de cadena dramática en estilo madrigalesco. En conjunto, el quinto libro de Madrigales se considera como una de las más bellas compilaciones del autor. De este libro a los que le sucedieron media una notable distancia de tiempo y de es­tilo. En 1614 se publicó en Venecia II sesto libro de Madrigali a cinque voci con un dialogo a sette con il suo basso continuo per poterli concertare nel clavicémbalo et altri stromenti, en el cual se encuentra la adaptación a cinco voces del Lamento d’Ariadna (v. Ariadna) y la serie de ma­drigales titulada «Lagrime d’amante al sepolcro dell’amata», sobre texto de Scipione Agnelli, compuesta por Monteverdi en 1610 : la pieza que abre la serie, «Incenerite spoglie», es una de las obras más conmovedo­ras del autor.

Hay que señalar también el madrigal «Ohimè il bel viso», sobre texto de Petrarca, que viene a ser una polifonía de recitativos, una de las formas quizá más características del madrigal de Monteverdi. El Concerto settimo libro de Madrigali a una, due, tre, quattro, et sei voci con altri generi de canti, aparecido en Venecia, en 1619, no contiene apenas composiciones po­lifónicas, y en cambio se encuentran «ariet­te» a dos voces, una «carta amorosa» para una voz sola y bajo continuo y el «balletto» «Tirsi e Clori», compuesto en 1615, en es­tilo en su mayor parte monódico. El octavo libro tiene un título singular: Madrigali guerrieri et amorosi con alcuni opuscoli in genere rappresentativo che saranno per bre­vi episodii fra i canti senza gesto (Madri­gales guerreros y amorosos con algunas obritas de género representativo que serán a manera de episodios entre las canciones sin gesto).

Publicado en Venecia en 1638, contiene composiciones de carácter vario, algunas de las cuales son propiamente can­tatas lirico dramáticas de amplias proporcio­nes: Il ballo delle Ingrate (v. El baile de las ingratas), compuesto en 1608, y, de suma importancia en la historia de la música. Combate de Tancredo y Clorinda (v.). Otras piezas, a las que conviene mejor la denominación de madrigales, recuerdan, con todo, el tipo de los «Airs de Cour» fran­ceses; entre estos es muy bello «Dolcissi­mo usignuolo», mientras «Non avea Febo ancora» contiene el bellísimo lamento de la ninfa.

M. F. Fano