Madrigales, Gesualdo da Venosa

Composiciones musicales a varias voces so­bre textos generalmente de carácter amo­roso. Durante la vida del autor (1560-1615) se publicaron seis libros a cinco voces, que aparecieron a partir de 1594 y fueron lue­go reimpresos juntos en Génova, en 1613, a cargo del músico Simone Molinaro; cosa bastante singular en aquella época, en que no se solía publicar más que las partes sueltas. Otros madrigales a seis voces de Gesualdo fueron finalmente publicados en 1626, después de la muerte del autor. Falta todavía una edición moderna completa, pero pueden encontrarse madrigales sueltos, seleccionados, en varias publicaciones, la última de las cuales es la del Istituto Ita­liano per la Storia della Musica, donde se publican los primeros dos libros de- ma­drigales a cinco voces, a cargo de F. Vatielli.

El carácter que más impresiona en el arte de Gesualdo es una expresividad pa­tética intensa y atormentada, que se ma­nifiesta especialmente en armonías atre­vidas, llenas de disonancias y cromatismos; y era natural que esto se pusiera en rela­ción con la vida pasional y tempestuosa del artista (aristócrata napolitano cuyo ver­dadero nombre era Cario Gesualdo, prín­cipe de Venosa y conde de Coriza) el cual dio muerte por celos a su esposa. Su per­sonalidad artística es bastante singular, aunque puede tener afinidad con la de otros autores contemporáneos, en su mayo­ría de la Italia meridional, sobre todo con su maestro Pomponio Nenna, Giovanni Ma­ria Trabacci y otros, que forman, en el cuadro de la música polifónica de fines .del siglo XVI, casi un grupo aparte. Pero el arte de Gesualdo, aun en su indiscutible genialidad, tiene defectos de innegable im­portancia: pasajes de intensa emotividad y forma armoniosa alternan con otros arti­ficiosos y difíciles, como ya hizo, notar August Wilhelm Ambros.

Los Madrigales, en una o en dos partes, tienen formas bas­tante libres y variadas : como elementos constantes, aunque no propiamente esque­máticos, se pueden notar los frecuentes es­tribillos parciales, a modo de pasajes de conclusión, ya en la música ya en las pa­labras. La forma homofónica, o sea a voces simultáneas, y la libremente contrapuntística se alternan casi en cada madrigal, pa­sando de una a otra con o sin gradaciones, y la música, como en otros madrigalistas del siglo XVI (v. Madrigales de Willaert) expresa a menudo movimientos de particu­lar excitación pasional, acercándose así al estilo monódico acompañado, b sea al es­tilo recitativo que a la sazón triunfaba en los primeros dramas musicales florentinos. Entre los madrigales más bellos recordemos «O dolorosa gioia», «Io tacerò», «Volan qua­si farfalle», «Dolcissima mia vita», «Moro mentre sospiro», «Donna se m’ancidete», etc.; un poco duros y artificiosos son, en cambio, «Languisco e moro», «Mercè grido piangendo», «Già piansi nel dolor» y otros.

M. F. Fano