MADAME BOVARY (Gustave Flaubert)

Los placeres, como colegiales en el patio de una escuela, habían pisoteado hasta tal punto su corazón, que ya no brotaba en él ni una brizna de verdura,(…)y ni siquiera llegaba a dejar, como los niños, un nombre pintado en la pared.

No es una canción de Radio Futura, sí un texto de Gustave Flaubert. En 1856 publicó Madame Bovary, primero por entregas en una revista, y fue procesado por ofensas a la moral y a la religión.

No es una novela erótica, si por ella se entiende las que contienen escenas de cama, pero sí tiene toda la sensualidad de los culebrones de sobremesa, porque sí es un folletín. Un folletín romántico y apasionado que acaba en tragedia, con la muerte de su protagonista, Madame Bovary, Emma para los amigos, que somos sus lectores.

Charlie Bovary, el marido, es un señor apocado, aburrido, dócil, débil de carácter, un buenazo, un hombre corriente: es un Sancho Panza.

Frente a él despliega sus alas la quijotesca Emma. Lectora empedernida de grandes aventuras y amoríos, que se aburre mucho. Ser la señora del médico del pueblo no le llena. Conforme avanza la novela, y su vida, se eleva su belleza, su derecho a realizarse sexual y sentimentalmente, y como el caballero de la triste figura rompe con los cliches y prejuicios de la sociedad que le ha tocado vivir, en la búsqueda desesperada de una felicidad imaginaria.

En su época destacó la novela por la detallada descripción de la vida cotidiana más trivial. Esa visión pormenorizada sigue siendo válida. Pero, en la época de la imagen, descripciones paisajísticas de varias páginas resultan innecesarias.

¿Qué vigencia tiene la gran adúltera de la literatura universal? La malsonante palabra adúltera, como dice Javier Marías, tiene los días contados, fecha de caducidad.

La sociedad decimonónica, romántica, con dotes y ajuares se enfrenta a la era cibernética donde lo fragmentario pone contra la pared al matrimonio y la familia tradicional. Pero por encima surge la prosa de Flaubert, rica en imágenes, donde

la tristeza es como una casa de la que se han llevado los muebles,

el hastío, araña silenciosa, tejía su tela por todos los rincones de su corazón,

la conversación de charles era plana como la acera de una calle,

rumiaba su felicidad como quien mastica todavía, una vez acabada la comida, el sabor de las trufas que ya está digiriendo.

Viaje a la historia de la publicidad gráfica. Arte y nostalgia

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