[Maccharonee], Son composiciones en latín macarrónico, de intención burlesca, que, derivando de una tradición goliardesca medieval, encuentran en el Baldo (v.) de Folengo la mejor creación poética del género. Después de numerosas imitaciones italianas y extranjeras (particularmente durante los siglos XVII y XVIII) van poco a poco desapareciendo como forma poética y literaria.
Los primeros testimonios de un latín con formas regulares, pero de fondo y terminaciones dialectales y parodísticas, se hallan en los medievales Carmina huraña (v.), al par que en los Sermons joyeux y en las Farces de la sociedad francesa que se inclina hacia el Renacimiento; con todo, no hay que confundir el macarrónico, que tiene sus leyes y armonías propias, con las híbridas manifestaciones de un latín rudo. Es oscuro el origen de este nombre: el mismo Folengo, citando el tópico de los sabrosos macarrones del mundo de Cucaña, continúa usando el término «macaroni» para indicar a personas lerdas e ignorantes. En esta acepción, sobre todo, el vocablo se halla en autores del siglo XV: en la Tosontea de un desconocido Conrado, fen la Maccheronea del excelente Tifi Odasi, en el anónimo Vigoriza, (v.), en los Virgiliana del cremonés Fossa, así como en la Maccheronea de Alione, obras a las que va íntimamente unida en el fervor popular otra, perdida, de Bas- sano de Mantua.
Pero sobre todo Teófilo Folengo (1496-1544), con la pureza del creador había de alcanzar un grado de madurez poética, en sí y por sí, aparte de los motivos satíricos y paródicos del lenguaje y del género. Desde la mitad del siglo XVI hasta todo el siglo siguiente, la figura de Merlín Cocaio (célebre pseudónimo del propio Folengo) sedujo a los imitadores, numerosísimos y en conjunto de poco valor, si se exceptúa algún versificador más famoso que los demás, como Cesare Orsini con sus Caprichos macarrónicos [Capricci maccheronici] (v.). Entre las extranjeras tienen cierta vivacidad algunas composiciones macarrónicas francesas del siglo XVI. Remy Belleau (Dictamen metrificum de bello huguenotico) y Antoine d’Arena con una especie de epopeya burlesca, Meygra entreprisa Catholiqui Imperatoris, sobre una expedición de Carlos V a Provenza. Los testimonios de varias literaturas en torno a un género tan superficial y burlesco en sus mismos rasgos satíricos (entre los cuales se eleva solitaria y genuina la mejor poesía de Folengo) fueron revalorizadas por la crítica romántica como documentos de las costumbres y manifestaciones de la musa popular.
Tienen particular importancia cultural en relación con las obras maestras de Folengo los autores italianos del siglo XV, especialmente con obras del título característico de Maccheronee. La singularidad de la composición y del léxico distingue con tal denominación la obra de poetas cómicos y amenamente satíricos, que en su mayoría pertenecen al ambiente de Padua y otras regiones de Italia superior. La más famosa de éstas obras es la Macarronea [Macharonea] de Michele Odasi, llamado Tifi, y celebrado por el mismo Folengo como maestro suyo; esta obra apareció, según atestiguan algunas raras ediciones, hacia fines del siglo XV sin indicaciones tipográficas. Trata de las varias burlas organizadas contra un boticario lleno de vicios y de las hazañas de vividores como un Bertapaglia, un Canziano el pintor o un Paolo el goloso: entre aventuras de vario género y una burda invención (son característicos los pormenores obscenos alrededor de Frosina, la esposa del boticario) el librito presenta una endiablada variedad de figuras y actitudes.
En su pretensión de hacer interesante el relato, el estilo macarrónico resulta pesado y descompuesto y poco segura la métrica misma, entendida algo popularmente aunque no sin cierto refinamiento. Bastante importante por su fondo lingüístico dialectal es la Macarronea contra la macarronea de Basano [Macharonea contra Macharoneam Bassani] de Giovan Giorgio Alione. El más antiguo ejemplar impreso que se conoce es de 1521. Con la vivacidad que lo distingue incluso lingüísticamente (v. sus Farsas), el autor se dirige a un cierto Baldassarre Lupo de Asti, estudiante en Pavía, para combatir cuanto éste había dicho en una macarronea suya hoy perdida. Al defender la causa de los franceses, objeto de burla por parte de Bassano a causa de sus costumbres, Alione se burla a su vez de los lombardos, varones y hembras, contando ridículas anécdotas para corroborar las opiniones que expresa con tanto resentimiento.
El estilo, aunque se ve improvisado al descender al mismo terreno que el adversario, tiene algún rasgo feliz, no indigno del autor. Si se ha perdido la Macharonea contra la que Alione escribió la suya, se ha encontrado de Bassano una Macharonea Nova, de fines del siglo XV, dirigida «Al magnífico señor Gas- paro Visconti» («Ad magnificus dominus Gasparus Vescontus»), en la que se relata cómo un saboyano exige la gabela en el paso de la’Sesia junto a Vercelli, y cómo el poeta, que llega allí a caballo, le pone en fuga entre gritos pidiendo misericordia. No se trata más que de una breve y divertida narración, seca como una historieta de Sacchetti y expresada de una manera rudimentaria. La alusión al saboyano (e indirectamente a los franceses) hace pensar en que haya algún parentesco entre esta breve composición y la Macharonea perdida.
C. Cordié

