Luis XI, Casimir Delavigne

 [Louis XI]. Tragedia en cinco actos de Casimir Delavigne (1793-1843), es­trenada en 1832. Se trata de una obra de transición entre el estilo romántico y el decadente espíritu clásico; narrándonos los últimos quince días de la vida de Luis XI, el poeta trata de darnos una completa visión de la personalidad del soberano a través de los discursos de los distintos personajes, lo cual es eminentemente clásico; pero los artificios del diálogo y de la escenificación con sus efectos violentos, son románticos. Luis XI está ya decayendo, la enfermedad que le llevará a la tumba ha atacado tanto al cuerpo como al espíritu; esto nos dicen los diálogos de su médico y confidente Coictier con el memorialista Commines y con el mismo rey. El Delfín, que por el momento está bastante ocupado en un amorío con una joven camarista, no se preocupa del Estado, y sólo espera la muerte del rey para vivir a su gusto. Esta indiferencia da pre­texto a Commines para leer grandes frag­mentos de sus memorias, en las que trata de la juventud del rey, de sus primeros años de gobierno y de sus empresas.

En la escena central de la tragedia, el rey, ya en el umbral de la tumba, se confiesa a San Francisco de Paula; no reniega completa­mente de todos sus crímenes, sólo intenta justificarlos por sus motivos; a la severas palabras del aterrorizado santo, se aterroriza a su vez y pide perdón a Dios: crisis de una vejez fatigada, no arrepentimiento. El con­traste entre la energía desplegada por el torvo rey y su miseria presente constituye el fundamental motivo dramático de la obra, la cual, sin embargo, como en general todas las obras teatrales de Delavigne, carece de verdadera eficacia escénica.

G. Alloisio