Lira de los Veinte Años, Alvarez de Azevedo

[Lira dos vinte anos]. Colección del poeta brasileño Alvarez de Azevedo (1831-1852). Publicada en 1853 tras de la muerte del autor, que pertenecía a la segunda generación román­tica y murió de tuberculosis a los veinte años, reúne casi todas sus poesías líricas y está dividida en tres partes.

En la primera están las poesías de infancia, que tienen principalmente por temas el amor y la amistad, y que dejan ver el fondo del pre­sentimiento de su temprana muerte; la se­gunda está formada por las poesías de la adolescencia, a las que el sentimiento de la muerte y de la caducidad de las cosas tiñe de ironía y sarcasmo; en la tercera parte los estados de ánimo indicados alternan, hallando su unidad en un pesimismo al estilo de Leopardi. La poesía de Azevedo revela una acentuada familiaridad con la gran poesía romántica nacional y extranjera, pero las reminiscencias no sofocan por com­pleto la inspiración personal; las huellas evidentes de Gonçalves Diaz, de Byron, de Heine (al que tradujo), de Musset, de Espronceda, etc., sólo son la trama sobre la que se mueve la impetuosa originalidad del poeta.

También él, de modo análogo a los más representativos líricos del Brasil, in­forma su propia poesía con una nota de ardiente sensualidad, pero de una sensua­lidad que no es alegría de los sentidos, sino nostalgia de la vida que huye, y ora se tiñe de un deseo de purificación, como en las célebres cuartetas «Cuando de noche en el lecho perfumado» [«Quando á noite no leito perfumado»], ora empalidece en el sueño de una felicidad absoluta, como en el soneto «Pálida a la luz de la lámpara sombría» [«Pálida á luz da lámpada som­bría»], ora estalla en improvisada ironía, como en «¡Es ella! ¡Es ella!» [«É ella! É ella!»], ora se espanta ante la muerte que devasta la propia juventud soñadora, como en «Remembranza de morir» [«Lembranga de morrer»]. También la naturaleza, la luju­riante naturaleza brasileña, inspira a Aze­vedo piezas admirables, reproduciendo majestuosamente cuadros ,de la vida de las cosas: el sentido de la selva, «La canción del habitante de la selva» [«A cantiga do sertanejo»], del mar, «Ángeles del mar» [«Anjos do mar»], «Crepúsculo del mar» {«Crepúsculo do mar»], de la montaña «Crepúsculos’ en la montaña» [«Crepúsculos ñas montanhas»].

Esta última es notable por la amplitud del ritmo y por el ímpetu lírico de sus cuatro partes, la última de las cuales tiene como motivo los versos dan­tescos: «Lo bel planeta che ad amar conforta/faceva tutto rider l’oriente»; a estas sensaciones se abandona el poeta con un gozo pánico, velado continuamente por un estado de tristeza elegiaca; él ha aceptado su destino, pero no lo olvida. Una amplia variedad y el continuo alternarle de las formas métricas contribuyen a dar a la in­quieta movilidad de los estados de ánimo y de pensamiento del poeta, una expresión cuya belleza ha resistido hasta hoy.

G. C. Rossi