Linda Di Chamonix, Gaetano Donizetti

Melodrama en tres actos, de Gaetano Donizetti (1797- 1848), texto de Gaetano Rossi, estrenado en Viena el 1842.

En Chamonix (Saboya), Linda, hija de una familia pobre, suscita con su belleza el amor del joven vizconde de Sirval, quien para conquistar más fácil­mente su confianza, le oculta su verdadera condición y se finge pintor pobre. Corres­ponde ella a este amor, pero un tío de Sir­val, el marqués de Boisfleury, empedernido mujeriego, atormenta a Linda con su corte; entonces, los padres, para librarla de tal asedio, la envían a París con algunos pai­sanos que marchan allí para ganar el sustento cantando por las calles. Consigue en­contrarla de nuevo el vizconde y le procura una lujosa habitación en espera de hacerla su esposa. Mas la madre del vizconde im­pone el matrimonio con una joven noble, y él huye antes de que la boda se celebre. Linda, maldecida por su padre, que la cree culpable, se entera por su paisano Pierotto de que su amado está prometido con otra, y vuelve a Chamonix desolada y casi loca. El vizconde, enterado, se adelanta y la recibe proclamándola su esposa.

La ópera está conceptuada como una de las mejores de Donizetti, siendo una de las pocas, des­pués de Lucía de Lamermoor (v.) y de Elixir de amor (v.) en la que el que me­reció ser llamado sucesor de Bellini cobra una mayor personalidad de acentos. Ajus­tándose a la variedad de los momentos (dramático, idílico, cómico o religioso), Donizetti supo componer una música de feliz inspiración, en la que a la espontanei­dad melódica se unen una cierta madurez y conocimiento técnico. La tenue melanco­lía que procede de Bellini se encuentra especialmente en el aria de Linda («O luce di quest’anima») y en los dos dúos amoro­sos. La obra alcanza asimismo un gran efecto teatral con el uso dramático de algunos motivos fundamentales que el autor, con delicada intuición, introduce en el momento en que se representa o evoca un sentimiento o la persona a que se refiere. Uno de tales motivos es el de Pierotto, cuya canción del primer acto se cita como un raro ejemplo de lied italiano. Igual­mente es de patético efecto la escena en que Linda regresa loca a su hogar, reco­brando la razón al oír el motivo de su primer dúo con Carlos. La obertura, en la que a un delicado larghetto sigue un allegro vivace lleno de fue­go romántico, es una página musical bas­tante notable por la maestría con que es tratada la forma sinfónica.

M. Dona