Lieh Tzû, Lieh Yü-k’ou

[El libro del Maestro Lieh]. Texto taoísta escrito por Lieh Yü-k’ou, que fue una de las primeras figuras de la anti­gua escuela taoista (su vida permanace muy oscura: se supone que vivió con anterio­ridad a Chuang-Tzû). En este libro, que se divide en ocho partes, aparecen mezclados el taoismo de Chuang-Tzû (v.), la idea cósmica de los Ching (v.) y, finalmente, la «transmigración» budista, tanto que no es posible distinguir cuál sea el verdadero pensamiento de Lieh Tzû, y la obra tiene en conjunto toda la apariencia de una fal­sificación posterior, probablemente de la época’ de los Vei y Ch’in (hacia fines del siglo III d. de C.). No obstante, encierra suma importancia una de sus ocho partes, titulada Yang Chu P’ien, en la que encon­tramos la doctrina de Yang Chu (4409-360? a. de C.) destacado discípulo de Lao Tzû.

Según una sentencia de Mencio (v. Meng Tzû) la doctrina de Yang Chu logró gran popularidad en su tiempo («Las palabras de Yang y de Mo, es decir, de Yang Chu y de Mo Tzû, llenan todo el ámbito del Imperio. Y los discursos del pueblo, si no pertenecen a Yang, corresponden sin duda a Mo»). Yang Chu, basándose en una parte de la doctrina de Lao Tzû (retorno a la simpli­cidad y a la naturaleza) predica en rea­lidad un epicureismo fatalista y egoísta. Lo Yang, como Chuan Tzû y Lieh Tzû, cree que el destino del hombre, la nobleza, la riqueza y la longevidad, están completa­mente sometidos al hado. Los hombres lle­gan raramente a centenarios (apenas uno entre mil); pero aun admitiendo este espa­cio de tiempo, la infancia y la vejez ocupan casi la mitad; el sueño y las distracciones del día llenan la mitad de lo que resta, los dolores ocupan casi la mitad del resto, de donde sólo queda una decena de años para poder gozar. Por consiguiente ha de calificarse de necio todo aquel que, en vez de gozar, malbarata el tiempo precioso en cosas superfluas de las que el hombre no es árbitro: riqueza, nobleza, etc.

Es famoso en este aspecto el diálogo que sostienen Yang Chu y Ch’in Tzû: «Ch’in Tzû pre­gunta : — Si arrancándote un solo cabello pudieras gozar el mundo entero, ¿lo harías?. Yanfi Chu responde. — Un solo cabello no puede traer el goce del mundo entero. —  Supongamos que fuese posible, ¿lo harías? Yang Chu permaneció callado. En­tonces Ch’in Tzû fue a contárselo a Men Sun-Yang, el cual le dijo; — Tú no has comprendido bien lo que quiso decir mi maestro; yo te lo explicaré: Si te ofrecieran mil monedas por cambiar un trozo de tu piel, ¿lo harías? Ch’in Tzû respondió: — Sí. — En cambio, si te ofrecen un reino por uno de tus miembros, ¿lo harías? Ch’in Tzû volvió o callar. Transcurridos unos instantes, Men Sun – Yang, insistió: —Un cabello es, ciertamente, menos que la piel y la piel es menos que un miembro, pero acumulando muchos cabellos valen estos tanto como la piel y muchos trozos de piel lo que es un miembro; así pues, pese a que el cabello sea uno de los nume­rosísimos elementos del cuerpo, no debemos despreciarlo». Por este célebre diálogo, la doctrina de Yang fue acusada de egoísmo absoluto y pronto cayó en el descrédito en­tre la posteridad.

Injustamente, ya que des­de el punto de vista filológico la palabra «gozar» en el- chino antiguo puede ser sinó­nimo de «intercambiar» y, en tal caso, el significado sería muy distinto: el filósofo no quiere sacrificar ni un cabello por «inter­cambiarlo» por las riquezas del mundo en­tero, afirmando así una renuncia a los de­seos de los bienes humanos. Los cuales, según el maestro Lao Tzû, son el origen de los desórdenes personales y sociales. Con­súltense: L. Giles, Taoist teaching from the bobk of Lieh-Tse (Londres, 1912); L. Wieger, Les pères du système taoiste (Hienhien, 1913); R. Wilhelm, Lia Dsi Das wahre Buch vom quell enden Ursprung Jena, 1911).

P. Siao Sci-Yi